9.3.09

Valle de caídos 4



Aquella mujer que tenía delante mía me estaba pidiendo un litro de mi sangre caliente. Con que se suponía que me había encontrado esta vez me pregunté. No dejaba de mirarla de arriba a abajo como intentando estudiar la personita que tenía delante mía, pura fragilidad de piel muy blanquecina y atuendo algo retro con ese sombre que habría llevado cualquier anciana en un luto, sobre de señor con encajes completamente negro. Sus ojo eran extremadamente azules y sus labios de un rojo carmesí voluptuosos. Pude ver que el pelo que se escondía detrás de ese funesto sombrero era de color castaño clarito.
- Disculpe señora. ¿Un litro de que?- Dije yo mientras me agachaba a su altura,
- Su sangre jove, caliente como si crepitara a su paso por esas venas.- Ella salivaba mientras hablaba. Me puso muy nervioso ese comportamiento.
- Y... y se puede saber para que quiere mi sangre señora.- Pregunté yo mientras me rascaba la cabeza.
- Pues para que va a ser joven, para sobrevivir alimentándome.- Dijo ella con aplastante normalidad.
- Que se supone que es usted, una especie de vampiro.- Pregunté yo ya notando que me temblaban las piernas.
- Si, soy una lamia, también me han llamado vrykolakas, nosferatu, no-muerta, etc...Pero al menos espero que en el siglo en el que estamos se os ocurra al menos complicado. Una día un chico me llamo siniestra, me gustó más que los términos anteriores desde luego, aunque mi primer marido solía llamarle Beth, nadie me llama así, ahora se quedan patidifusos y salen despavoridos cuando ven mis colmillos, me llaman demonio a veces. ¡Pero si yo nunca he hecho daño ni a una mosca! Bueno, no, mentira, alguna he aplastado de algún manotazo, pero ¿eso precisamente me convierte en demonio?.- Mientras hablaba sus colmillos crecían lentamente y su piel se volvía más blanquecina.
- Señora, no me gustaría interrumpirla pero tiene usted los colmillos que le están creciendo.- Dije yo con la mano en la boca.
- ¡Ah! ¡No te preocupes! Para ti es como tu rugir de estómago, esto indica que tengo sed por beber sangre, imagínate que estás varios días sin comer, y que ya no tienes más remedio que acudir a la caridad de la gente, por eso jovencito le he parado, necesito su sangre para poder saciar mi apetito, ¿Acaso dejaría morir de hambre a un persona con los síntomas de desnutrición?- Dijo ella mientras el color de sus ojos pasaba del azul muy claro al amarillento que pueden tener los depredadores en una selva.
- Entonces, que se supone que debo hacer, ¿dejarme morder por usted?. Yo no quiero tal cosa, a pesar de su aspecto y de que mi cuerpo está tiritando por el miedo, no parece mala persona por su raciocinio pero porque pedirlo si usted podría arrancarme la garganta de un bocado.- Pregunté esta demencia aunque estuviera muerto de miedo. Siempre he sido muy curioso aunque esto si me paro a reflexionarlo es una estupidez y lo que debería estar haciendo es salir corriendo.
- ¡No! ¡Pero que está diciendo! Tengo una aguja hipodérmica y unos tarros con un par de tubos de goma quirúrgica. Todo nuevo, de hecho lo acabo de adquirir y como mi hambre estaba ya haciendo la transformación en mi he visto que usted era un chico joven y aparentemente sano. Mi oferta es la siguiente, yo quiero pagar por esa sangre, la idea es acercarnos a mi domicilio que está a dos puertas de aquí y ahí con toda la tranquilidad hacemos la transfusión de sangre, con un litro me será suficiente se lo aseguro. Y le daré unas piezas de oro que podrá vender a cambio de mucho dinero actual, luego le prepararé la cena y si quiere puede tomarse un brandy y fumarse un cigarrillo en casa, y eso como regalo extra porque no soporto el humo del tabaco, mi segundo marido fumaba a todas horas y le puedo asegurar que hizo que aborreciera el olor del tabaco. Bueno que me dice, el tiempo apremia.- Sus uñas de las manos habían crecido considerablemente y su cara empezaba a parecer más marmórea que antes.
Pensé un rato sobre su propuesta y pensé que sería muy interesante conocer la historia de esta mujer. Nunca me había encontrado con alguien así, una vampira, un mito que era realidad ante mis ojos. Parecía una persona muy normal, su voz a veces crispaba un poco los nervios porque sonaba algo aguda y por la cantidad de frases que soltaba sin respirar no distaba mucho de las mujeres que cotilleaban en el mercado por las mañanas.
- Si, acepto. - Dije yo decidido.
- Perfecto querido, será mejor que me cubra si no quiero que me griten demonio por la calle. ¿Me permite su brazo caballero?- Dijo ella ya dispuesta a empezar el paso y cubierta con un gran pañuelo negro sobre su rostro.
- Por supuesto señora.- Dije yo. Era muy agradable encontrar a una señora simpática, educada y sobre naturalmente interesante.

Seguí a la extraña mujer por la acera y efectivamente nos paramos a dos portales de distancia. Pero no era precisamente un bloque de edificios, sino una casa. Había un jardín muy basto con un camino de baldosas amarillas que me recordó esbozando una sonrisa a "EL mago de Oz", se me colaron frases como "Estamos muy lejos de kansas Toto... ", pero realmente yo no era Dorothy y tampoco creo que la mujer que iba delante de mí, señalando unas petunias y explicándome desde la siembra, hasta como las regaba con agua pulverizada; no era ni la bruja del este o del oeste, pero si una criatura sobrenatural, una bebedora de sangre que me explicaba que a las petunias había que cantarles y hablarles porque como todo ser vivo necesita de afecto y comprensión. ¿Quizá ella se sintiera muy sola? No tendría que ser fácil ser una vampira cuyo aspecto se horrorizaba cada vez que su apetito salía a flote. La verdad es que ya me estaba acostumbrando a su aspecto sobre natural.
- Entremos, querido, el tiempo apremia.- Dijo ella mientras abría la puerta de su preciosa casa. Por fuera era completamente de madera, de color antiguo pero no decrépito, sino lo contrario, brillaba, su barniz era puro esplendor. Las ventanas inferiores y superiores eran muy atípicas, todas eran de cristal tintado. Que lastima me dio, porque entonces recordé que a los vampiros la luz del sol los mata.
Cuando entramos en la casa, coronaba el recibidor una escultura griega de Afrodita y en sus manos sostenía un ramo de petunias frescas. Pensé que algún simbolismo tenía aquella de dedicación. No había nada más en el recibidor excepto un cartel de madera que ponía lo siguiente: "Un día sin luz, es un día sin vida." ¡Que extraño! La verdad, cuando cruzamos el recibidor se abría ante nosotros una gran sala abovedada, en el techo había una gran pintura de un sol y la luna. El lado del sol brillaba con gran esplendor a igual que el de la luna, justo abajo de cada figura había inscripciones: "Carpe Noctem" junto a la luna y "carpe diem" junto al sol. La sala era amplia sin muchos muebles, y los pocos que había eran espléndidos, muy modernistas. Justo en el centro había un gran sofá que hacía un semicírculo alrededor de una mesilla que estaba lleno de flores y figuras de dioses egipcios. El sofá era de color rojo, casi anaranjado. La sala tenía una gran iluminación, tanta que parecía de día.
-sienta querido, voy a por los artilugios. En la pequeña cajita de la mesa encontrarás cigarrillos y en el mueble bar de la derecha de la sala puedes servirte lo que quieras. Yo enseguida vuelvo.- Dijo con tono muy amable.
Yo me serví un licor de mandarina que encontré en el mueble bar de una botella muy antigua, con varias incrustaciones de piedras preciosas. Además pude fijarme que en la sala había alguna que otra escultura, todas basadas en la mitología griega, Un Zeus, Eolo, Ares, etc. pero me fijé mejor y al fondo había una extraña figura de una criatura alada. En sendos ojos de la criatura habían incrustados dos rubíes y tenía forma de murciélago. Era la representación de un vampiro. En la boca abierta había sangre y acerqué mis manos para tocarla, pero cuando acaricié el colmillo de piedra del murciélago gigante, noté una punzada en mi dedo.
- ¿Qué haces? ¿No me digas que has tocado las fauces de la estatua? Eres un inconsciente... Anda acércate y déjame ver esa herida.- Dijo ella como si fuera una madre preocupada.
Me acerqué y le mostré la mano. - ¿Porqué esta figura tiene la boca ensangrentada?- Pregunté sintiéndome algo mareado.
- Hace mucho tiempo, cuando yo era sacerdotisa en el templo de Gea, en Thalos, apareció una mañana delante del templo. Algunos curiosos la miraban con recelo a distancia, le tenían miedo, por ese entonces mi fe en los dioses era ciega, y dije a todos que esa escultura era regalo de los dioses y que quizás nos la había entregado para que estuviera guardando la puerta del templo. Yo me acerqué y acaricié su cara. Y me pinché con sus fauces, como tu acabas de hacer ahora, desde entonces soy lo que soy, pero tranquilo joven, no es tarde para ti. Muchos se han pinchado y encontré una forma de curarse de la infección cuando es reciente. Pero debes de confiar en mi.- Dijo ella muy seria.
- ¿Que debo hacer?- Pregunté asustado.
- Cerrar los ojos y juntar tres veces los tacones.- Empezó a reír desmesuradamente.- Era broma, no pasa nada. La sangre es ketchup, es que a mi hija le gusta hacer este tipo de gamberradas. - Ella se cogía el estomago de la risa. Sus ojos eran mórbidos y su boca completamente carmesí.
- No ha tenido ni pizca de gracia señora. - Dije yo muy serio.
- Bueno, no te enojes, además a mi hija le hará mucha gracia que su gamberrada me haya hecho reír por una vez. Venga no se enfade, míreme, yo con esta maldición, dependo de la sangre humana para vivir, yo que no soporto las modernas películas de terror y cuando miro mi cara descubro cada vez que yo formo parte de una de ellas. -Ante su risa, vi que caía una lágrima.
- No se preocupe. Bueno vayamos a curar su estado.- Dije yo sonriendo, todavía con el susto y las gotas frías de mi frente.
Me acomodó en el sofá y sacó un gran tarro de cristal muy limpio. Luego montó dos vías con agujas hipodérmicas y me puso un pañuelo atado a mi brazo. Me clavó la aguja y vi como la sangre caía en el tarro de cristal, y ella mediante un artilugio de bombeo, succionaba mi sangre por una vía hacia su brazo. Poco a poco recobraba su forma humana, su piel era blanquecina aunque segundos más tarde era sonrosada. A cada paso humano, vi que era muy hermosa.
- Bien, ya es suficiente.- Dijo ella mientras me curaba la herida del brazo.
De pronto noté un gran dolor en el cuello y un mechón de pelo rubio que asomaba ante mis ojos. Perdía la visión, todo se volvió borroso.

Desperté en una cama aterciopelada. El tacto de mis manos me transmitía comodidad pero en cambio sentía frío y un terrible dolor punzante en el cuello. Mi vista era borrosa pero pude distinguir una silueta delante de mí.
- Vaya, ya ha despertado. ¿Cómo se encuentra? - Dijo la mujer vampira.
- Me siento muy mal y tengo frío. - Dije yo confundido.
- Ha perdido mucha sangre jovencito. Le curé la herida del cuello y lleva durmiendo dos días. Creía que no sobreviviría, se ve que usted jovencito es muy fuerte. - Dijo la mujer vampira mientras cogía mi mano.
- ¿Pero que sucedió? - Mi vista empezó a aclararse y le vi que vestía un elegante traje rojo y llevaba un sombrero de plumas a juego totalmente pasado de época. Al fondo de la habitación había una gran jaula con una niña que tenía un semblante más parecido a una bestia que miraba a la mujer con mucho odio.
- Mi hija le atacó y se bebió parte de su sangre. Todavía no controla parte de sus instintos, pero ha estado con usted todo este tiempo esperando a que se despertara para pedirle perdón. -Dijo la mujer mientras miraba a su hija enjaulada.- Cariño, ya se despertó el señor. ¿No tienes nada que decirle?.- Dijo la mujer muy dulcemente.
- ¡Sí! ¡Que tengo más hambre de su sangre y que me saques de aquí! ¡Necesito sangre fresca! - Dijo la niña con una voz antinatural que me puso los pelos de punta.
- Cariño, no era eso de lo que hablamos, pídele al señor disculpas y te daré de comer. Te soltaré cuando el hambre haya desaparecido y que te des una baño también hace tres días que no te has aseado. ¿Entendido?- La mujer sonrió tierna hacia a mí y me guiño un ojo. Extrañamente parecía mucho más joven y bella.
- Lo siento señor por hacerle daño. No volveré hacerlo. Discúlpeme señor. - Dijo la niña nada convincente con aquella voz infernal.
- Muy bien cariño. Ahora vuelvo y te daré de comer. - Dijo la vampira mientras se acercó a su hija enjaulada y le extendió la mano como gesto de caricia. La niña se empotró contra la jaula y gruñía como las bestias. - ¡Sangre! -Dijo la niña. La mujer se enojó y golpeó la jaula doblando del golpe uno de sus barrotes, la niña calló de pronto y se sentó en el suelo.
Cuando la mujer salió de la habitación, aquellos ojos antinaturales no dejaban de mirarme desde sus barrotes. Noté que eran furiosos y malignos. A poco tiempo, volvió la mujer con una gran botella de cristal opaco y se la dejó a la niña delante de su jaula de tal manera que pudiera alcanzarla. La niña se abalanzó sobre la botella y bebió como si fuera un explorador que yacía una semana pedido en el desierto. Le colgaba de la comisura de la boca un hilillo rojo de sangre, eso era el contenido de la botella, sangre. A los poco minutos de consumir toda la botella de al menos tres litros de capacidad, la niña sufrió una transformación, su piel mamorea se volvió sonrosada y su mirada tierna e infantil, una pequeña niña muy pura con aquellos cabellos dorados que hacían de su rostro un ángel, como los que pintaba Miguel Angel.
- Ya me siento mejor mama, me puedes dejar salir ya, juro no portarme mal y la próxima vez comer cuando me digas. - La niña se mordía un dedo y se balanceaba como cualquier niña que se hubiera portado mal delante de su madre.
- Tienes muchos deberes por hacer señorita, ahora mismo te quiero en tu cuarto poniendo al día tus asignaturas. - La mujer abrió la jaula con un antiguo juego de llaves que llevaba en su cinturón y la niña corrió fuera de la habitación.
- Ya sabe como son los niños. ¿Verdad? No se enfade por todo este incidente, ahora le toca a usted descansar y recobrar fuerzas, y se podrá ir libre de aquí, sin antes prometerme que olvidará todo este incidente, le compensaré por ello.- Dijo la mujer vampira congiéndome la mano con las suyas de manera muy tierna.
- ¿Y su padre? ¿La niña tiene padre? - Pregunté curioso.
- Se fue hace mucho, nos abandonó a nuestra suerte. El también era un inmortal, lo conocí hace muchos siglos, era un caballero de la orden del temple que escondía un gran tesoro de la iglesia. Luego cuando se disolvió la orden él y yo vivimos durante mucho tiempo juntos, varias vidas de humanos, pero cuando se enteró de que estaba embarazada de él se fue y no supe nada más de él. La verdad es que él se pierde muchas cosas que me ha dado mi hija, no es fácil controlar a una niña pequeña y al mismo tiempo los impulsos vampíricos, que son a temprana edad muy fuertes, ni tampoco arropada por un hogar sólido, pero bueno las cosas han ido bien después de todo. En fin, tiene ropa limpia en el armario, si quiere baje y le tendré comida lista un buen fuego. Mis manos ahora rozaban las suyas.
- Es usted muy amable para ser vampira. - Dije yo sonriendo.
- Y usted muy atrevido para ser humano. - Dijo ella mientras me miraba fijamente sonriendo.
Se acercó mi mano a su boca y la besó con mucha ternura, luego se abalanzó sobre mí e hicimos el amor en aquella cama aterciopelada, una inmortal y una vampira.
Ella salió de la habitación y yo me vestí para bajar a comer. La mesa estaba puesta y había muchas cosas, carne de todo tipo, ensaladas, salsas, fruta, vino, era una mesa digna de un comensal distinguido. Me senté y ella apareció para sentarse a mi lado.
- Has encontrado ropa que te sirva. - Dijo ella mientras me miraba.
- Sí, un pantalón y una camisa. - Dije mientras empecé a comer.- ¿Tu no comes? - Pregunte yo.
- No puedo ingerir alimentos como tu, mi organismo es algo diferente aunque muy similar. Somos diferentes en muchas cosas.- Dijo ella mientras se servía una copa de vino.
- Pero beber. ¿Eso puedes hacerlo?- Dije interesado.
- Si puedo hacerlo. Y me moriría si no pudiera disfrutar del vino. - Dijo ella sonriendo.
- ¿Qué hace una mujer inmortal con una hija inmortal para divertirse hoy en día? - Pregunté descaradamente.
- Ahora nada, sólo vivo o no-vivo para educar a mi hija y hacerla una gran mujer, al fin y al cabo, compartimos muchos sentimientos humanos. Quiero que llegue alto y que su condición no la encierre en paredes. - Dijo ella cogiendo la copa de vino.
- Si hubiera algo entre nosotros sería imposible ¿Verdad?- Pregunte yo mientras me servía vino en una copa.
- Si, sería imposible, pero ha sido emocionante volver a sentir la pasión que había olvidado. - Dijo ella mientras me cogió de las manos.
- Bueno, pues será mejor que me marche, me siento mucho mejor. - Dije yo mientras me limpiaba la boca con una servilleta.
- Antes de que te vayas, toma esto. - Se sacó del bolsillo una pequeña bolsita de cuero. La cogí y miré dentro, habían varios rubíes y zafiros.
- Pero y esto. ¿Porqué? - Dije yo mientras soltaba la bolsita.
- Será mejor que la cojas si no quieres ver a una vampira enfadada.- Dijo ella mientras sus ojos brillaban con ese esplendor antinatural.
- De acuerdo. Si no tengo elección me lo llevaré, pero no necesitabas hacerlo. Gracias de todas maneras.- Dije mientras me guardé la bolsita en el pantalón.
Me levanté de la mesa, ella también se levantó y la estreché entre mis brazos sin dejar de besarla.
- Adiós. Y otra vez vigila que no te pase lo que le ha pasado a tu hija. - Dije mientras sonreía.
- Yo controlo el hambre. - Dijo mientras también sonreía.
- ¿Y el amor también lo controlas? - Pregunté con descaro.
- Si, eso también lo controlo, se aprende a hacerlo. - Dijo ella mientras me daba un beso en la mejilla.
Salí de aquella casa y volví a la extraña avenida, con un aspecto más solitario.

25.2.09

Valle de caidos 3


En el suelo, abatido y con una sensación de vacío, aquella mujer que tenía delante mía sonreía con aquella extraña bola azul en sus manos.

- ¿Qué me has hecho? Le grité sin fuerzas.
- ¿No te ha gustado aquello que has sentido? ¿No era plena tu vida? Cuanto amor llevas dentro, no te haces una idea. - Cerró los ojos y estiró su cuerpo mientras aquella bola brillaba con más intensidad.
- ¿Qué te has quedado de mi? - Pregunté con aquella sensación de vacío intensificada.
- He cobrado por el servicio pequeño. Ahora ya que has notado todo aquello que tenías que notar a ti no te va a hacer falta.
- ¿El qué? - Grité yo desde el suelo.
- ¡Tu amor! ¡Me quedé con todo tu amor! - Dijo ella mientras se reía de mi.
- Devuélvelo enseguida o...- Dije apretando los dientes. Era extraño, noté una ira que nunca había notado y luego mis lágrimas brotaron de mis ojos con intensidad.
- ¿No te gusta tu nueva condición? Nunca ya podrán herirte de amor porque ya no está contigo, sólo sentirás tristeza, odio, pero será por ti mismo, no necesitarás un culpable para ello.- Dijo mientras se metía la bola en el bolso.
Pensé en aferrarme en aquello que me había arrebatado, en aquello que ya no sentía. Fuera de mi, fuera del equilibrio, solo tristeza y odio. Pensé, cerré fuerte los ojos. Recordé aquellas manos ancianas que se aferraban a las mías y pensé en aquel sentimiento con fuerza. Noté el sabor de la sangre en mis labios que había provocado mis dientes.
- Te... te...- Farfullaba sin sentido.
- ¿Me vas a qué? Quizás matar...- Ella rio todavía con más fuerza y maldad.
- Te.....te..... te quiero.- Aquellas palabras surgieron de mi boca dulces, cálidas como jamás había podido notar antes.
El bolso de la mujer reventó y el lugar se bañó de una luz azul muy intensa. Cuando todo se desvaneció sólo queda una anciana de rodillas en el suelo farfullando.
- Quiero sentirlo, quiero sentirlo... no me lo arrebates... - Ella era la misma anciana que había visto en mi visión. ¡Era ella!
Me acerqué poco a poco, pude levantarme con la misma agilidad que tenía antes, ya no estaba decaído, no me sentía violento, sin ira, sin tristeza... Me acerqué a ella, me agaché, le cogí las manos y le dije al oído - Si, quiero.- Luego me a fui de aquel callejón.

Seguí calle abajo. Casi era de noche. La calle seguía tan sucia como antes, poca gente se divisaba ya por la acera. Caminé entre luces, humedad, asfalto y sonidos urbanos que no podía fácilmente distinguir. Una mano sentí en la espalda, una caricia lenta, un soplo en la oreja izquierda, me giré y no había nadie. Cuando volví a mirar hacia adelante vi que había una figura humana encima de una cajón. Me acerqué curioso para poder verla mejor de cerca. Era alguien que estaba haciendo de estatua humana pero nunca había visto algo tan sombrío. Llevaba un traje de licra negra alrededor de su cuerpo incluida la cabeza que le cubría en su totalidad. En la cara llevaba dibujado una rosa roja. Era una figura muy esbelta, su cuerpo era de mujer. Estaba completamente inmóvil, sin vida, era muy buena, ni siquiera noté que respirara y con toda la cabeza tapada era difícil disimular la respiración. Había una caja metálica con algunas monedas ero era diferentes todas ellas, algunas pequeñas y doradas sin cuño, algunos dólares antiguos, peniques británicos, francos, algunas monedas que tenías gravados de galerones españoles, euros, había una gran diversidad. Metí la mano en mi bolsillo para ver si tenía alguna moneda, encontré un euro y lo lancé a la caja. La figura se movió despacio, muy despacio, danzando, contoneando su cuerpo completamente, haciendo reclamo de mi con sus manos, bajaba y subía sus caderas de manera muy sensual y paró en otra posición rápidamente, se quedó inmóvil lanzándome un beso. Yo me quedé estupefacto, y segundos más tarde rompía mis manos aplaudiendo y sonriendo.
- Es increíble, realmente increíble, nunca había visto tanto en los movimientos de alguien.- Metí otra vez mi mano en el bolsillo y encontré otro euro que lancé sin dilación a la caja.

Al caer la moneda, y oír el ruido de su caída, no dejé de postrar mis ojos en aquella figura. Se movió otra vez y el resto parecía difuminarse poco a poco en negro, todo desapareció, incluido ella, menos aquella rosa que danzaba en medio de la nada. Minutos más tarde el resto tomó forma, muy despacio, abrí y cerré varias veces mi ojos. Estaba en la cubierta de un barco, y aquella figura negra también, noté el frío viento salado en mi cara y la noche no había cambiado pero yo si de lugar.
- ¿Pero que coño? Dije pausadamente mientras veía que la figura había detenido su movimiento en una postura como si fuera el vigía de un mástil de barco, poniendo su mano en la frente estirada dejando su visión libre hacia el horizonte...

Aquella figura negra de mujer mantenía su burlesca pose ante mi.

- ¿Donde estoy? ¿Que eres tu? Quiero explicaciones... ¡ya!- Me estaba poniendo muy nervioso dado que ya estaba crispado por tantos acontecimientos hoy.
Ella no se movió, ni siquiera dijo nada. Me fije en la base de su pequeño cajón que ponía - "El movimiento es lenguaje, el dinero sólo algo efímero, que más le da echar unas monedas para reencontrarse con su alma".
No entendía para nada la inscripción. Miré cuantas moneda me quedaban en el bolsillo y todavía había unas cuantas, así que puesto que no tenía nada que perder, eché otra moneda al cajón metálico, de forma que su ruido llegará a toda la cubierta.
- ¡Satisfecha! - Grité a la figura inmóvil que todavía no se había movido.
Ella empezó a danzar con los brazos, juntando sus dedos gordos con los del corazón y empezando con mucha belleza una danza exótica, arábica o asiática, no sabría diferenciar. Su cintura empezó a contonearse con rapidez y su cabeza fija en mi. Si hubiera visto sus ojos hubiera dicho que su mirada se clavaba en mi. Bajaba y subía con un seducción cada vez más deseosa. Noté mi cuerpo balancearse, cada vez más rápido, a su ritmo, que aceleraba de manera casi inimaginable. Mis articulaciones empezaron a resentirse, me dolía, no podía parar.
- ¡Libérame! ¡Basta! ¡Me vas a partir la espalda!- Escuché por primera vez a aquella figura, una risa que erizó mi cabello.
- Que pasa nene. ¿Ya no te parece divertido?- Pare en seco. Me dolía todo.
- ¿Qué es este lugar? ¿Qué quieres de mi? - Pregunté mientras mis brazos y mi cuerpo se sentían muy pesados.
- Este lugar es tu infancia, tu imaginación más pura, un barco a merced del mar.¿Quizá soñabas con ser pirata? ¿Marinero al servicio de su majestad Alfonso XVII? Bueno, lo que quiero es muy simple. Quiero que mires tu cintura.- Dijo ella inmóvil en posición de la danza que había mantenido. Miré mi cintura y vi una bolsa marrón cordada a mi cinturón.
- ¿Qué es esto?- Toque la bolsa y parecía que había monedas en su interior.
- Lo que hay son monedas de oro. Precio que tiene tu alma. Quiero que las lances una por una a la caja y yo animaré tu fantasía donde serás feliz o puedes elegir estar en otro lugar que esté almacenado en tus fantasías, tu eliges. Dame lo que vale tu alma. - Dijo ella mientras seguía inmóvil.
- ¿Para que quieres que te de lo que yo valgo, mi vida a fin de cuentas? De todas maneras me la arrebatas ya que me preparas una cárcel adornada. ¿Qué eres?- Mientras intentaba acercarme a ella pero mi cuerpo cuando quería mandar sobre él para que se abalanzara contra la figura se ponía más pesado.
- Quiero las monedas de tu alma porque me servirá para comprar mi libertad. Ya no seré como una muñeca en una caja de música. Creo que cumplí mi castigo pero necesito recaudar el dinero para él. Yo era admirada por reyes, emperadores, por cualquier hombre que hubiera podido verme bailar en los salones del palacio del emperador Mejmet II. Me condenó él mismo por amar a un hombre sin posición. Un alfarero que fue para mi la única vez que alguien me hizo sonreír sin yo fingir mis encantos. Fui suya y pagué durante siglos por ello. Ahora soy una recaudadora para él, la sombra mayor de todas, él tiene control sobre las almas que perdieron sus monedas para sólo verme danzar. Soy una muñeca nada más que dejó de ser la mujer más codiciada de los hombres. Empieza a tirar monedas...- Terminó con voz de rabia.
- ¿Y si me niego? Pregunté.
- ¿Tienes prisa? Yo no. Puedo ver como te quedas inmóvil y mueres en cuestión de días deshidratado y desnutrido. Tu decides. - Dijo la figura.
- No tengo elección por lo que veo.- Saqué la primera moneda de la bolsa y mi cuerpo se liberó un poco de aquella extraña sensación de pesadez.
Tiré la primera moneda y la figura empezó a danzar y a gemir de placer. Tiré la segunda y sus gemidos se pronunciaron mas intensos.
- Tira más...- Dijo la figura. Yo Cogí otra moneda y pensé.
- Tira otra... no tienes elección - Dijo la figura.
En un impulso muy forzoso di una patada a la caja metálica desparramando una gran número de monedas por la cubierta.
- ¡No! ¡Que has hecho maldito! ¡Recógelas! ¡Morirás, lo prometo! - Dijo ella mientras se quedó de nuevo inmóvil.
- No lo dudo, no obstante, tu tampoco podrás recogerlas. Perdemos los dos. - Dije, mientras Cogía dos monedas y me las metí otra vez en la bolsa.
- ¿Qué quieres? Recógeme las monedas.- Dijo ella gritando.
- Quiero que me liberes y no quiero volver a verte nunca. Y si rompes nuestro acuerdo juro que las lanzaré al mar.- Dije desafiante.
- Hecho. Pero recógelas todas, te lo suplico. - Dijo ella inmóvil.
Recogí todas las monedas del suelo y las metí otra vez en la caja. Me acerqué a ella y dije:
- bien ya las tienes todas, ahora libérame.- Dicho esto aparecí otra vez en la calle solo, ella había desaparecido y en mi cintura ya no había la bolsa. Instintivamente me di unos golpecitos en el pecho y seguí mi camino. A los lejos vi una figura encima de un cajón y corrí hacia la otra acera...
Seguía, ya de noche por la calle. La suciedad parecía que disminuía a mi paso. Tocaron mi espalda, me giré y vi a una dama con sombrero y capa negra.
- Si, dígame señora.- Dije yo cortésmente.
- ¿Por cuanto me venderías un litro de tu caliente sangre?

(continuará)

23.2.09

Valle de caídos 2


Valle de caídos parte 2

La locura del la cafetería "Le petit chavalier" ya estaba durando demasiado y mi brazo estaba siendo sujetado por un loco camarero de una cafetería donde la sugerencia era la locura.
- ¡Suelte mi brazo ahora mismo! ¡Llamaré a la policía! - Dije yo intentándome liberar.
- Llamémosla pues, no tengo ningún inconveniente.- Dijo el camarero mientras cogía su móvil. - Policía, buenas tardes tengo un cliente que no quiere pagarme una consumición en una cafetería y necesito que me envíen a alguien.... cafetería "le petit chavalier".... exacto por el precio de medio billete.... no me digan que tiene cosas más importantes que hacer.... escuche señor yo estoy perfectamente cuerdo.... no hace falta que me recuerde eso.... bien pues le cobraré dos euros con cincuenta no hacía falta que me dijera eso.... no van a cerrar esta cafetería.... adiós.- El camarero estampo su móvil contra la pared haciéndose trozos. Yo me fui corriendo de ahí y escuché tras de mi a él gritar.

Calle abajo y sobresaltado llegué a una plaza donde jugaban unos niños. Eran tres pequeños que jugaban con peonzas y había un hombre sucio con un saco sentado en un banco mirándolos. Me recordó a los cuentos que me contaba mi madre sobre el hombre del saco.

- Esa peonza ha salido del circulo. Has perdido. Dame la peonza. Es mi peonza. - Gritó uno de los niños.
- No te voy a dar tu peonza idiota. Has hecho trampa. - Gritó otro niño.
El tercer niño estaba mirando atentamente a los otros dos niños y en una momento en que ellos empezaron a pelearse, él cogió la dos peonzas y arrancó a correr. El hombre del saco se incorporó a toda prisa y abrió su saco interceptando con él al niño que corría. La obertura del saco se hizo inmensa y el niño desapareció en él.
- ¡Eh! ¡Que está haciendo! - Grité al hombre del saco.
El hombre se sentó con toda la tranquilidad del mundo y siguió mirando como los dos pequeños se estaban peleando. Yo corrí hacia él y me puse delante suya.
- ¿Donde está el niño? - Grité yo.
- ¿Qué niño señor? - Dijo el hombre.
- El que ha metido en su saco. - Respondí yo apretando los dientes.
El hombre carcajeo. - Pero si el saco está vacío. ¿No lo ve? - El hombre abrió el saco delante mía y en verdad estaba vacío.
- Pero si yo lo he visto con mis propios ojos. No es posible. - Dije yo.
- Mire, coja el saco para convencerse usted mismo.- Dijo el hombre dándome el saco.
Cogí el saco que era muy grande y lo palpe entero. Me agaché para extenderlo y cuando lo hice me pegaron una pata y mi cabeza entró por la abertura del saco. Miré a mi espalda y vi como la luz desaparecía. Estaba de pie a oscuras, mi mente no entendía porque estaba en un sitio donde no se veía y palpaba nada si me empujaron al interior de un saco. Miré a la izquierda y vi una tenue luz. me dirigí hacia ella en busca de orientarme con algo. El sitio estaba con una absoluta oscuridad, cuando llegué a la pequeña luz vi que era un farolillo encendido que alumbraba un caminito hacia una casa de aperos. ¿Pero que era lo que pasaba hoy? Seguí el caminito hasta llegar a la casa y escuche llantos de niños que provenían del interior.
- Hay alguien ahí... - Grité a la puerta de la casa. La puerta estaba medio podrida y era de madera como el resto de la casita. La puerta se abrió. Era un anciano con los dientes negros y mirada muy triste.
- ¿Quién eres tu? Eres un adulto.- Dijo el anciano con voz entrecortada.
- Si, yo no se donde estoy, parecerá una locura pero lo último que recuerdo es que alguien me empujo dentro de un saco.- Dije yo intentando ver el interior de la casa. Creí ver que estaba concurrida por varios ancianos y niños.
- Él nunca coge adultos. Sólo niños. ¿Has venido a rescatarnos?- Dijo el anciano con lágrima en los ojos. - Hecho mucho de menos a mi madre, estará preocupada, es hora de cenar y yo no estoy en casa.- Se cogió la cara con las dos manos.
- Pues la verdad no se donde estoy. Y tampoco se si pensar que en realidad existe el hombre del saco pero no se que explicación dar a todo esto.- Dije mientras miraba el móvil que tenía en el bolsillo. Estaba fuera de cobertura y la pantalla oscilaba como si fueran interferencias.
Cuando entré en aquella casita de madera vi que sólo era una sola estancia, repleta de personas, ancianos y niños que lloraban y sollozaban lentamente. Algunos de ellos estaban inconscientes en el suelo.
Me giré hacia el anciano que me abrió la puerta y le dije. - ¿Hay alguna salida?
- No hay salida posible, sólo esta casa, muchos de nosotros lo intentamos y no han vuelto. No vuelven, se quedan perdidos en la oscuridad. - Dijo el anciano mientras se le resbalaban lágrimas.
- Deberíamos hacer un gran fuego, así los que se han perdido podrían encontrar el camino de vuelta.- Acabado de decir esto todos se pusieron en pie y al unísono dijeron. - No tenemos nada para prender fuego.-
Yo de mi bolsillo saqué un mechero y todos sonrieron al verlo. Pronto muchos de ellos niños y ancianos arrancaron maderas y las sacaron fuera para hacer una gran pila de madera. Yo encontré un par de trapos sucios y los puse en la base de la pila. Encendí el mechero y al cabo de un rato se prendió fuego. La luz iluminó con fuerza el lugar, casi sin horizonte cuando miré al techo vi unos grandes pliegues como si de tela se trataran. - Que cielo más raro.- Entonces vimos como poco a poco la llama de la hoguera creció en un pequeño hilo de fuego hacia arriba y abrió un agujero incandescente en el cielo, pero no era el cielo sino...- ¡Estamos quemando el saco! - Todos gritaron de terror y yo cerré los ojos preguntándome que es lo que había hecho, íbamos a morir quemados. Pronto noté frescor en mi cara como si de una brisa de esperanza se tratara. Abrí los ojos lentamente y vi que estaba en el parque y en él estaba lleno de niños que jugaban, algunos a la peonza, otros al escondite, y otros se peleaban por unas canicas. ¿Un sueño muy real quizá? Seguí caminando como si no hubiera pasado nada.

Me metí por una calle estrecha y caminé entre montones de basura. Al final de la calle vi que estaba cortada y una chica de pie fumando en una entrada.
- ¡Oye! Tu, ven. - Me dijo la chica mientras me miraba soltando una bocanada de humo al aire. Yo me señalé a mi para cerciorarme de que me llamaba a mi.
- Si, tu ven. Acércate.- Dijo ella sonriendo.
Me acerqué hasta donde estaba ella.
- Dígame señorita. - Dije yo cortés.
- ¿Quieres pasar un rato conmigo? - Dijo ella muy dulcemente.
- No, señorita, yo simplemente pasaba por aquí. - Dije yo sonrojado.
- No te saldrá caro, te lo aseguro. Además puede ser la experiencia de tu vida. - Dijo ella.
- No me interesa comprar sexo, señorita, lo lamento.- Dije yo mirando a ambos lados.
- No vendo sexo chico, sólo amor durante un rato.- Dijo ella.
- No dudo que no ponga amor en lo que hace pero no me interesa.- Dije yo intentando irme con varios pasos hacia atrás.
- No lo entiendes chico. Te lo enseñaré.- Dijo ella mientras sacaba algo de su bolso.
Sacó una gran esfera roja que brillaba con algún tipo de luz y la extendió con ambas manos.
- Tocando esta bola, sentirás más amor del que nunca pudiste soñar. Toda una vida de amor mutuo en solo un rato. ¿Quieres probar? - Dijo ella mientras la bola brilló con más intensidad.
- La verdad es que no entiendo nada de lo que me estás diciendo.- Dije yo dando otro paso hacia atrás. Ahora estaba asustado.
- Veo que eres tímido. Lo arreglaré...- Dicho esto me lanzó la bola y yo por algún tipo de reflejo la enganché en el aire.
Estaba en un cine a oscuras mientras me besaba con pasión con ella. Me sentí bien, pletórico, la amaba, le decía te quiero una y otra vez mientras no dejaba de saborear sus labios. En un momento me vi durmiendo con ella acariciando su pelo mientras ella dormía abrazada a mi. En otro instante, me vi en una iglesia, me miré y estaba vestido con un traje muy elegante, ella estaba a mi lado vestida de novia...- Si, quiero.- Dije con total seguridad y lleno de amor. En otro instante me vi las manos arrugadas y ella preparándome té, yo le cogía las manos y la miré a los ojos, ella era anciana y sentí más amor todavía repitiendo mientras la besaba - Si quiero...-
Estaba en el suelo de aquella calle, casi sin aliento, y la bola tirada en el suelo, sin ningún tipo de luz. Yo me sentía triste y desconsolado, lloré como un niño. Ella estaba de pie delante mía con otra bola de color azul eléctrico delante mía...
- ¿Qué me has hecho?- Dije yo casi sin poder articular las palabras.
(Continuará)

18.2.09

Valle de caidos parte I


Anduve por la avenida, tranquilo, casi pendiente de mis zapatos. La acera me contaba su plena historia. Botellas de alcohol, pañuelos, paquetes vacíos de cigarrillos y un gris que ni se inmutaba por todo aquello. Me acerqué a un escaparate de una tienda cerrada, era de zapatos, había todo tipo de ellos. Al lado mío había un hombre de mediana estatura con una americana a cuadros que miraba unos zapatos de mujer muy concentrada y con aspecto serio.

- Mi mujer tenía unos zapatos como esos. Se los ponía a menudo para dar largos paseos cogida de mi brazo. Todavía veo su sonrisa y su pelo que apartaba yo de su cara con lentitud. - Dijo el hombre mientras cogía aire profundamente.
- Lo siento. Debió ser duro perder a su mujer. - Dije yo girando con timidez la cabeza hacia él.
- No la perdí, sólo quedamos para más tarde, estoy esperando a que abran esta tienda para comprarle unos zapatos como esos. - Dijo él mientras le brotaban alguna que otra lágrima de los ojos.
- Lo siento. Creí que falleció. - Dije yo mientras ya perdí la vista del escaparate.
- ¡No está muerta! ¡Sólo quedamos para más tarde! - El hombre me cogió con las dos manos de la camiseta mientras me zarandeaba. Yo conseguí liberarme de su ataque y corrí calle abajo. Aún podía oír sus gritos.
- ¡No está muerta! ¡No está muerta! - Se quebraron los gritos cuando quebró un cristal.

Me paré en una cafetería que se llamaba "Le petit chavalier", pedí un té y el periódico. El camarero me sirvió y me trajo un periódico que estaba partido justo por la mitad, horizontalmente.
- ¿Esto es una broma? - Pregunté sorprendido mientras miré al camarero.
- Es su periódico señor. ¿Algún problema?- Contestó el camarero con toda normalidad.
- Si, que no puedo leer la mitad de un periódico, es absurdo y demencial.- Contesté yo a desdén.
- Es que así señor, sólo lo adquirimos a la mitad de su precio e intentamos dar a nuestros clientes el mismo trato. - Dijo el camarero haciendo media sonrisa.
Miré el té y descubrí que había sólo media taza con medio café dentro.
- Lo siento, no pensé que este bar fuera una atracción turística. - Contesté mientras me levantaba. - ¿Qué le debo por el té?
- Medio billete de cinco euros. - Contestó el camarero con su media sonrisa.
- Querrá decir dos euros con cincuenta. ¿Verdad?- Pregunté con las cejas arqueadas.
- No señor, ese es exactamente el precio, medio billete de cinco euros, ni un pedacito más, ni uno menos.- Contestó el camarero a media sonrisa que ya estaba poniéndome muy nervioso.
Cogí de la cartera y dejé dos euros con cincuenta en la mesa. Cuando iba a salir de ahí, el camarero me cogió con el brazo y me exigió otra vez el medio billete.
- ¡Esto es de locos! - Vociferé yo.
- Es un precio que tiene que pagar simplemente señor, y justo la mitad.- Contestó él con mi brazo en sus manos apretado con fuerza.
(Continuará)