27.4.06

01.30 AM



Después de todo este tiempo buscando un hogar apartado de la ciudad. He encontrado una casa en las afueras, apartado del bullicio y el ajetreo constante de una ciudad que no ha sabido calmar y templar mi mente. Ahora en unos días firmaré la compra de mi nuevo hogar...

- Hoy es el gran día.- Me dirijo al banco para la lectura de escritura y firma.

- ¡Buenos días señor Palau!- Me dijo Antonio, mi gestor inmobiliario al verme. – Está todo dispuesto a las nueve de la mañana. ¿Trae todos los documentos y el cheque? El vendedor, lo he comprobado, trae todos los documentos y un certificado del ayuntamiento de Llucmajor de que la propiedad está libre de cargas.

Si, no se preocupe. Está todo. Hoy mismo he contratado una empresa de mudanza para que pueda instalarme hoy mismo después de la firma. - Dije bostezando, me hacia falta café bien cargado. – Aunque señor Antonio, tengo que admitir, que no se si encontrarán, la empresa de mudanza, la casa con ese acceso tan complicado. Yo mismo podría ser que me pierda al ir. – Dije yo preocupado al acordarme del asunto.

No se preocupe señor Palau, seguro que se acordará y se acostumbrará en unos días. Los caminos son difíciles de asimilar pero un momento en que los recorremos, ya podemos hacerlo con firmeza y convicción, que el camino se hace sólo hacia nuestro punto de destino... Dijo el agente inmobiliario en un arrebato doctrinal.

Después de charlar durante un rato sobre cosas banales. Llego la hora de la firma en el banco. Una vez dentro nos condujeron hasta la cuarta planta y nos hicieron esperar en un despacho con una gran mesa oval. La moqueta desprendía un olor particular, entre polvo y algún tipo de fragancia, que por unos momentos me hizo acordarme de la muerte de mi difunto padre. Las flores de la corona olían a esta fragancia que no puedo definir exactamente. Después de algunos minutos entraron el notario, el señor Nicolas Garau y un representante del propietario, el señor Wolfgang Arthur. Yo me quedé algo extrañado. El notario pidió los motivos de la ausencia del propietario y el representante, un señor alto, demacrado e inexpresivo presentado como Hans Edgar Stiftung, sacó un papel de su porta documentos y dijo pausadamente y con una acento alemán bastante pronunciado. – El señor Wolfgang a fallecido recientemente, este documento pertenece a la señora Wolfgang única heredera de su difunto marido que me da poderes plenos como su abogado para dar validez a cualquier compra, venta u operación que preceda en nombre de los Wolfgang. – dijo sin un solo atisbo de imperfección lingüística. El notario cogió el documento y empezó a leerlo muy detenidamente. – Bien caballeros no hay ningún inconveniente en proceder con la operación, procederé a la lectura de la escritura de la propiedad. – Dijo el notario con sumo convencimiento. Después de haberse leído toda la escritura firmamos el representante de los Wolfgang y yo. Luego firmé algunos documentos de la hipoteca. – Bien señor Palau aquí tiene las llaves de su nueva propiedad... – Dijo el representante de los Wolfgang después de haberme entregado un basto manojo de llaves.

Me dirigía en mi coche hacia Llucmajor con algunas compras que había realizado antes de ir a la casa que seguramente estaría todo dispuesto cuando yo llegase ahí. Los de la mudanza habrían descargado todo y habrían dejado la otra copia de la llave encima de la repisa de la puerta. Pero yo no dejaba de pensar en la cantidad de llaves que me había entregado el señor Stiftung, abogado de los Wolfgang. Pero pronto descubriría el porque de todas esas llaves, mi memoria recuerda algunas puertas y algunos trasteros superiores, así como del garaje y caseta de las herramientas. Me acuerdo de las estatuas de la entrada, impolutas, imperecederas... El lugar era extenso, más de 5000 metros cuadrados de bosque rodeaban toda la casa y estaba aislada de unos pocos vecinos. Había tres grandes estancias, dos dormitorios grandes, dos aseos y un gran cuarto de baño. El jardín con las estatuas griegas era aproximadamente de 100 metros de largo y una fuente en el centro que era un busto de Neptuno sacando agua por la boca. La cocina era algo pequeña y daba al uno de las estancias, en forma de barra americana, pero muy vistosa. Cuando era pequeño me encantaba pasear por caminos rodeados de árboles. Me acuerdo que mi padre siempre decía que si ponías la suficiente atención, los árboles te contaban historias sobre duendes y hadas. Yo apreciaba mucho a mi padre, pero le gustaba demasiado jugar con la imaginación de mi sensible compresión, era un niño adulto que pretendía ser el enano de la película ‘laberinto’, aquella que protagonizó David Bowie.

La noche estaba cayendo ya en el horizonte y tenía que darme algo de prisa si no quería entrar ya a oscuras por esos caminos sin iluminar que son característicos de las viviendas rurales. Atascado en un denso tráfico me limitaba a tener paciencia y escuchar por la radio un debate que trataba sobre la consciencia del sueño.
‘los sueños son la potencia máxima de nuestra psique, para bien o para mal. Las pesadillas reflejan nuestros miedos y los sueños placenteros son nuestras perspectivas e ilusiones. Podemos tomar plena consciencia de ello y actuar como en un filme diseñado expresamente para nosotros’ – dijeron en la radio, un tal profesor Pau Bonet Mata.
‘Pero tiene que tener en cuenta que llegar a ese punto de consciencia es prácticamente imposible........’ – dijo una voz que no acabe de reconocer y corte inmediatamente para cambiar la emisora.

Los coches que tenía delante, parados, inamovibles daban un espectáculo de luces rojas en las que yo centré mi atención por un momento , olvidando por completo la realidad de que estaba atrapado en una larga cola de metal rugiente. Después de mi trance óptico pensé en que la casa tenía todo aquello que soñaba, la soledad, la majestuosidad de aquel jardín extrañamente decorado y el recorrido de un denso follaje de árboles, que despertaban en mi un raro flasback infantil.

Al llegar a Llucmajor tuve que tomar un desvío que me adentraba por el paso de una urbanización y después sólo la carretera estrecha que me atrapaba en la caída de la noche. No podía llegar ya antes de la caída del alba. El coche se movía y saltaba constantemente y yo estaba perdiendo mi orientación a medida que la oscuridad se hacía por momentos más evidente. Paro y miro un pequeño mapa que me había dibujado a través de mis visitas a la propiedad. Después de un rato consigo orientarme y llego al camino particular de la finca. Con las luces largas del coche no consigo ver el final del camino y ni tan siquiera rastro alguno de la casa… Paro otra vez el coche y mi consternación se hace evidente al salir y pegar varias patadas a la llanta del coche. – ¡Me he vuelto a perder por este sitio de mierda! ¡Joder, espero que los de la mudanza hayan hecho su trabajo…! – Dije en voz alta y muy alterada. Después de dar un par de pasos y respirar hondo cojo otra vez el mapa, por unos momentos creo oír un ruido de follaje cerca de mi coche… Me tranquilizo diciéndome a mi mismo que tan solo es la oscuridad y el silencio que hace resaltar cualquier sonido provocado por el aire. Miro otra vez el mapa y me hago un dibujo mental de por donde habría seguido mi extraviada ruta… Oigo el mismo sonido pero con más agitación… Dejo el mapa y miro a mi lado. Por momentos creo ver una silueta muy pequeña que se adentra en el follaje dando zancadas muy cortas, en esos momentos pongo en marcha el coche y sigo hacia delante. Después de unos metros veo que el camino no tiene salida y que extrañamente acaba en un torrente, pero antepuesto a él hay un trozo de pared con una puerta de madera bastante deteriorada… Me río sin parar cuando salgo de mi asombro e intento dar la vuelta al coche en ese camino tan estrecho. Sigo hacia atrás y pensando en volver a lo que yo creo que es el camino principal, quizá más hacia delante esté el camino correcto, pero en un momento por un reflejo inmediato freno el coche al ver un niño en medio del camino. La sacudida de la frenada me deja desorientado y cuando centro mi vista hacia delante no veo nada… - Estoy muy cansado o realmente la negritud absoluta hace ver visiones… - digo yo muy pausadamente. Por fin salgo de ese camino y llego al principal, sigo hacia adelante un rato y efectivamente hay otro camino particular. Giro y mis faros alumbran una casa a lo lejos, consigo identificarla por el jardín y sobretodo por la fuente de Neptuno que majestuoso su bulto descansa en su adornado lecho de piedra. Sigo hacia delante despacio siguiendo un camino muy estrecho que roza mi coche con la maleza. Llego a la casa y bajo del coche girando levemente la cabeza hacia todas las bolsas y maletas en la parte posterior del coche. Con un leve suspiro y cogiendo el manojo de llaves llego hasta la puerta principal. Estoy muy cansado maña será otro día – Dije en voz alta. Cuando crucé la puerta pude ver como habían dejado los muebles en la gran estancia principal. Espero que al menos la cama la hayan dejado en el dormitorio – dije pausadamente. Me dirigí con torpeza al dormitorio y encontré la cama con el colchón puesto encima. No pude resistirme estaba muy cansado…

Un paseo por el bosque con papa de noche, pero papa no me espera sigue hacia delante con un paso firme y casi ni puedo seguirlo mis piernas me pesan, me pesan mucho. ¡Papa! ¡Papa! ¡Espérame… casi no puedo seguirte! Papa se detiene pero cuando llego no es mi padre es una silueta negra, completamente negra. Me asusto… estoy muy asustado.. sácame de aquí, no quiero estar más aquí… tengo miedo, frío, sueño…

¡Dios mi cabeza! – dije bostezando. Que frío hace en esta habitación. Abro los ojos en despereza. ¡Pero que coño! Estoy en un banco de piedra frente a la fuente de Neptuno. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Abre andado en sueños? Sería la primera vez… - Mi cuerpo tiritaba y decía todo esto mientras intentaba que mi mente se centrara porque mi cuerpo estaba muy pesado, seguía agotado. De repente, pude ver una luz por la ventana de la casa. Rápidamente corrí la distancia entre la fuente y la casa. Entre por la puerta principal y vi a alguien sentado en uno de los sillones que estaban orientados hacia la ventana. Me acerqué para ver quien era. ¡Oiga! ¡que hace en mi casa! La figura se levantó… era completamente negra como una sombra… me quedé inmóvil incapaz de comprende aquella visión señalo una caja que había en una de las mesas y desapareció como si nunca hubiera estado ahí. Me acerqué a la caja y la abrí sin dilación. Encontré un reloj antiguo. ¡Esto no es mío! – dije en voz alta. Me fije que el reloj marcada la una y media. Constaté la hora con mi reloj de muñeca y efectivamente eran la una y media de la madrugada. En el aire, y de repente, escuche una voz que decía: Busca en los segundos muertos… Me estremecí y noté todo el vello del cuerpo que se me erizaba. Nunca había sentido nada así. Me sentí como un niño asustado en la oscuridad.
A la mañana siguiente y después de haber dormido en el sillón con una botella de bourbon en mis manos por unos momentos sentí el mismo escalofrío que sentí al ver aquella sombra. Algo muy familiar me estremeció pero después de mezclar el resto del bourbon con café todo fue colocándose en una lógica más calmada. Seguramente tuve uno de esos sueños muy que parecen muy reales, ¿creo que ayer escuche algo de eso en alguna parte? No se, será mejor que me ponga en marcha y empieza a desempaquetar cosas y a colocar muebles. Me pase casi toda la parte de la mañana limpiando para poder colocar los muebles en su sitio. Comí algo de pasta con una salsa preconizada y después durante toda la tarde estuve desempaquetando y colocando cosas en su sitio. Ya cuando cayó la noche me senté por un momento y descansé después del día que tuve. Me preparé un té y me hice algo de cena, una ensalada con un poco de pollo. Después me encendí la chimenea de mi nueva casa y me puse a leer un libro. Por un momento suspiré y disfruté de aquella paz que tanto ansiaba. Al poco de una hora sonó el teléfono de casa.
- Que raro... Me dijeron que tardarían días en instalar la línea y sólo tienen este número dos personas. La compañía y mi empresa. Quizá sea la compañía para avisarme de la puesta en alta de la línea. ¿Pero no es un poco tarde?. Miré el reloj y eran la una y media de la noche. Se ve que me había quedado absorto con el libro. Cogí el teléfono.

- ¿Dígame? - sólo oí el silencio y una voz muy tenue al fondo del sonido después acompañada de ruido de sin señal, como si fuera una radio.

- El tiempo... shhhhhh... no vuelve... shhhhh... atrás...shhhhh hijo mira afuera... shhhh jardín... – Solté el teléfono al suelo y me fui hacia la ventana.

Había cerca de la fuente aquella sombra negra de un hombre. – ¡No fue un sueño! – Me hacía señas para que le siguiera. Cogí el atizador de chimenea y salí a su encuentro. Cuando estaba fuera aquella figura seguí haciendo gestos con los brazos para que lo siguiera. De repente me quemé la mano en la cual llevaba el atizador, estaba al rojo vivo. – ¡Pero que está pasando! – La sombra empezó a caminar hacia el bosque y yo la seguí pero son acercarme demasiado. Había algo muy familiar en el movimiento suyo. Pero cada vez que intentaba pensar en ello me dolía más y más la cabeza. De repente se paró y se giró hacia mi. Me señaló el suelo y se desvaneció. Yo me acerqué hacia donde aquella cosa había señalado y vi en el suelo un pequeño reloj de bolsillo. – ¡No puede ser! – Recogí el reloj y leí la inscripción que tenía detrás – Al mejor Padre y esposo que haya podido dar tanta felicidad. Vivirás más allá del tiempo... – Lloré como hacia tiempo desde la muerte de mi padre. - ¡Quién coño hace esto! ¡No tiene gracia! – Ese reloj era el cual mi padre atesoraba y lo enterraron con él. Me arrodillé al suelo. Mi cabeza estaba confundida. Mi mano sangra por haber apretado mucho el reloj en la palma de mi mano. Apareció delante de mí la misma sombra de antes y con la voz de mi padre lloré aún más. – Debes coger la piedra así... y golpeas con el martillo justo en el centro... – La sombra se desvaneció y apareció la figura de mi padre. Al lado de él un niño... aquel mismo niño de la otra noche... pero un momento... aquel niño era yo...

- ¿Lo hago bien papa? – Dijo el niño.

- Si pero debes coger el martillo firme – Dijo mi padre mientras miraba su reloj de bolsillo.

- Mamá te escribió eso en el reloj cuando era jóvenes, cuando me preparaba para nacer como me dijisteis.- dijo el niño.
- Si hijo mío un trozo de verso que me escribió tu madre antes de que tu nacieras. Este reloj me protegerá del tiempo y siempre estaremos juntos.- dijo mi padre.

Mi padre al acabar de decir esto al niño se cogió el pecho y el niño zarandeó a su padre que yacía en el suelo. Después de eso la imagen fue dentro del hospital. Mi madre agarrándome y llorando con el reloj de mi padre en sus manos y me gritaba que el reloj se había detenido.

Yo estaba en el suelo de ese bosque llorando y con nauseas y por un momento miré el reloj que tenía en las manos. Estaba detenido a la una y media... y parado para siempre...


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12.4.06

Mare Noctem



- El cielo se oscurece como los sentimientos de una persona en cualquier solitaria barra de bar. Los camareros limpian y ordenan la barra y una chiquita entra a última hora para poder utilizar el servicio del lugar.
- ¿Va a querer algo más señor? Vamos a cerrar dentro de unos instantes - se dirigía hacia un camarero muy educadamente.
- No, al menos, hoy ya no. Cóbrese y quédese con la vuelta.- dije yo cabeza abajo.

Salí del lugar tan rápido como pude ya que mi cabeza se percato ser cómplice de algunas miradas del bar. No se a donde ir. Todas las calles de noche guardan un semblante imperecedero que mire allá donde mire siempre veo lo mismo pero con diferente forma... Siempre lo mismo y su cara también me aguarda ahí donde vaya. Llorar esta noche sería un gran alivio pero ya las lágrimas no saldrán más porque muerta mi cordura sólo soy un trozo de carne errante que huye de su cara...

Camino por diferentes lugares de esta ciudad, incluidos están algunos pasillos de mi mente que no deja el tormento de mi tragedia... Si pudiera descansar...

Hace un año que la conocí. Yo un pobre infeliz que trabajaba en un hostal donde la gente iba y venía, pero ella deslumbró con su mirada el lugar deslumbro mi alma y quise por un momento acercarme tanto como pude para llegar a olerla.

¡Buenos días chico! Tienes alguna habitación para una semana - Dijo ella muy jovial. Su cuerpo era esbelto y ella no era muy alta. Pelo negro y ojos oscuros con un enigma que tenía que ser mío.

Si, tenemos habitaciones señorita. Una semana piensa quedarse, no es ningún problema. Deberá dejar su documentación y dejar un pequeño deposito al firmar este documento - Dije yo sin poder de dejar de deslumbrarme con sus ojos.

Muy bien. Pues si me permite su equipaje la subiré a su habitación, perdón, digo subiré su equipaje... - Dije a trabalenguas por la torpeza de lo que dije aunque lo pensara.

Ella río y se acercó más a mi. - Crees que podrías llevarme tu sólo hasta ahí arriba.- Volvió a reir - Sería muy interesante, ¿como te llamas? - Dijo con una sonrisa y una cara de pícara que hacía que todavía la deseara más.

Me.. me llamo Mario... - Era evidente que ella había causado una gran impresión en mi, porque yo no dejaba de acariciarla en mi mente.

- Muy bien Mario. Yo me llamo Leire y si no estás muy ocupado me encantaría tomar una copa contigo esta noche. Ya que he venido a esta isla por trabajo y no conozco a nadie. ¿Te gusta el plan?- Dijo ella mientras se mordía levemente el labio inferior.

- Pues me gustaría mucho.- El color rojizo de sus mejillas me ardia en mis propias, me ardía la cara y me faltaba la respiración.

En esa noche tomamos muchas copas en uno de los bares más escondidos de la ciudad.

- No hay nada más fuerte que pueda hacer mella en mi...- Dijo mientras se ponía de pie y se movía al ritmo de la música. Parecía una serpiente que me tenía hipnotizado. Yo le pedí al camarero una botella de absinthe y solté una gran propina para aderezarla con ajenjo. - Busquemos juntos al hada verde le dije yo mientras cogía su mano... ella me sonrío, bebimos reimos y en su cama me hizo suyo durante toda la noche...

Durante aquella semana fui muy feliz. Empezamos a charlar de nuestras inquietudes y de derribar mi coraza ante ella, extendiéndole una alfombra de seda negra para hacerle la idea de entrar más apetecible y entró en mi para destruir todo aquello que formaba parte de mi fuerza, mi ilusión y mi creencia en el amor que había despertado con ella.

Después de aquella semana se quedó la siguiente y la siguiente porque según me dijo su empresa deseaba destinarla aquí para abrir una oficinas en la isla. Ella trabajaba para un bufete de abogados pero era un especie de secretaria. Le dije de vivir juntos,. Ella aceptó. Para mi desgracia.
Toda aquella pasión se disipaba a pasos agigantados durante los meses qe pasaron. Yo le pedía si todavía ella me quería y ella me contestaba que a veces creía que ella no podía amar a nadie y mi deseo se volvía tormento, ignorancia y locura. Un día llegue a casa después de trabajar, como siempre muy tarde por la noche y me alegraba porque Leire y yo volvíamos a estar mejor. Salí algo más temprano y tenía reserva en un caro restaurante de la ciudad. Cuando cruzaba la puerta de mi casa con un ramo de rosas en la mano encontré a Leire follando con otro en la sala de estar con una correa en el cuello y un hombre que no conocía que la estiraba de la correa por detrás como si fuera una perra. - ¡Pero que coño está pasando aqui! - Dije yo chillando de rabia. Para no cometer una locura apreté en mis manos el ramo de rosas y poco a poco noté brotando mi sangre por mis manos... Salí de ahí.

Todavía no he vuelto a mi casa y ahora vago todavía por las calles escapando de su rostro pero me persigue. Estoy enamorado de ella pero no para volver a ver esos ojos de burla cuando los vi ahí en el salón.
Antes de que pudiera llegar al bar más cercano me llamó a mi móvil.
Descolgué apretando el aparato. - ¡Como cojones has podido hacerme esto! ¡ Yo te quería! ¡Estaba enamorado de ti! - Dije a voces. - ¡Pshh! Escucha bien Mario. Ya te dije un día que no te enamoraras de mi. No soy nada de lo que tu querías. Durante todo este tiempo que hemos estado juntos te he engañado con varios hombres. Hombres de la peor calaña que pueda existir porque tu Mario me aborreces me haces ver lo que soy y eso no me gusta. Pero cuando estoy dejándome poseer una y otra vez por algunos de estos hombres que conozco en los peores lugares de tu ciudad me hace sentir que no soy tan mala como me siento contigo pero ahora otra vez me haces sentir así... Adiós Mario...

Después de esa llamada busque en los brazos de mis antiguos demonios una respuesta a todo un transcurso de mi vida que no entendía. Nunca antes me había enamorado como esta vez y en otras ocasiones mi apego no era tan grande pero acaban por hacerme siempre daño... Leire tenía razón soy demasiado bueno... Soy un lastre para cualquier mujer...

Mis pasos me llevaron como un lobo herido languideciendo y buscando un lugar tranquilo donde quizá no muriera pero pudiera llorar en paz. Estaba creo que en el puerto y baje por una escalerilla de piedra hasta un pequeña caleta de arena. El mar se movía muy alborotado yo me senté apoyado en las rocas y dejé que el alcohol me poseyera del todo... estaba cansado.. estaba bajo en influjo de algo que poco a poco me iva envenenando el corazón, un veneno con nombre de mujer, un veneno con el brillo de esos ojos, un veneno al recuerdo amargo del sabor de unos labios... ¡Leire arde en el infierno! Pero bésame una vez más...aunque sea en un tiempo de sueño...

¡Despierta Mario! - Una voz de mujer que no reconocía.
¡Despierta dormilón! - Una voz de mujer que no podía reconocer porque no podía abrir los ojos. Parecía que me había despertado de estar largo tiempo durmiendo. Mi cuerpo estaba dolorido y mi boca tenía un sabor extraño y seco. Algo o alguien me reincorporó y humedeció mis labios con algo dulce. El tacto que sentí eran unos finos brazo aunque la suavidad de ellos me hizo un estar momentáneamente muy a gusto. - ¿Quien eres? ¿Dónde estoy? - Dije con la voz muy ronca y seca.
- ¿Y tu sabes porque estas aquí? Un nombre resuena en mi cabeza. Una maldad resuena en la tuya y un amor que en rabia se ha convertido, y un no volver jamás que sello tu llave hacia este sitio.- Me dijo la voz femenina que oía porque yo todavía no podía abrir los ojos.
- ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Y pregunté cuál era tu nombre? ¿No puedo verte? - Dije mientras batía las manos al encuentro del origen de esa voz.
- Tu nombre se fue revelado cuando llegaste y pronto podrás abrir los ojos. Mi nombre es luna. - Dijo Luna mientras me tocaba la mejilla.
- ¡Fuera! ¡Aparta! ¡No entiendo nada! ¡Serás alguna delincuente que se aprovecha de mi exceso con el alcohol. - Dije yo apartando su brazo y empujando a Luna mientras me ponía de pie.
Ella río con soltura. - ¡No me pareces tan débil después de todo!
Podía oír el Mar que se agitaba y el viento que rozaba mis mejillas llevaba consigo ese perfume marino con el toque de sal. Seguía en esa pequeña cala pero... ¿quien era esta chica? De repente escuché de todas partes unos sollozos de angustia y un fuerte olor a mar salada.
- ¿Que pasa? ¿Que sucede? - Dije alterado.
- Son las lágrimas del mundo humano que caen en la noche perpetua de Mare noctem. Este lugar es el final de aquellos sufrimientos que no dañan el cuerpo pero dejan una herida en el alma difícil de borrar... Aunque me sorprende verte aquí. ¡Hace tiempo que estoy sola! - Dijo luna mientras saltaba y hacia un baile algo gracioso.
- No entiendo nada. Y no puedes venirme con tal desfachatez para dar una explicación a una cosa que acaba de suceder que no es posible entender dentro de la lógica. ¿Quieres que te diga la verdad? Creo que estás flipada y que este hecho ha promovido tu fantasía sin sentido... - Dije mientras me ponía las manos en la cara y me frotaba los ojos.
- Si no me crees Mario. Tu eres el que realmente intenta dar como explicación una racionalidad inexistente. Mira por un momento a tu alrededor y despierta... - Dijo Luna mientras me tiraba agua en la cara sin ver de donde la sacaba, simplemente acarició el aire, Yo me aclaré los ojos y mire a ambos lados de mi sitio. Estaba en una playa y todavía era de noche. No había luz alguna ni siquiera la de la luna pero si que se podía ver de forma nítida todo aquello que me rodeaba, un mar infinito, a los lados una playa infinita y detrás de mí... ¡Un cristal! ¡Un cristal con forma en relieve! ¿Pero como era posible? No se podía determinar la envergadura pero realmente parecía que tampoco tenía un final. - ¿Dónde estoy?- Dije en voz alta.
- Bien, ya te lo dije. Estas en Mare Noctem. Un lugar donde vienen a parar las lágrimas imperecederas. Donde de una forma sempiterna se almacenan los sentimientos tristes para que no vuelvan a rebotar en tu mundo aunque algunas veces algunas se me escaparon... - Dijo Luna mientras mantenía un risa infantil.
- No lo entiendo. ¿Se supone que eres una diosa o una carcelera de algo que no acabo de entender? - Dije mientras mi vista noo podía apartarse de aquel cristal. Tenía formas en relieve de espirales que a veces emitían unas luces en forma de estela pero sin resplandor alguna, ¿algo eléctrico quizás?
- Bien mi pregunta no es como has conseguido llegar. Ningún humano antes había estado en este mundo. Pero tampoco era algo imposible... - Dijo Luna mientras se ponía la mano en la barbilla. Por unos momentos me fije en aquella chica. Era de baja estatura pelo lila y los labios pintados del mismo color. Era muy esbelta y de unas formas esculpidas por manos de algún artista pero lo que más me llamó la atención fueron sus ojos, o eran extremadamente claros o eran blancos con alguna tonalidad. Sus ropas era ceñidas, un jersey negro y unos pantalones también del mismo color pero estos eran anchos. Había algo raro en ella, no se que era pero me pareció que emitía algún tipo de luz pero no conseguía matizarlo bien durante mi detenimiento en ello - ¿Que miras? - Dijo Luna con la cara seria.
- Pues la verdad me preguntaba que eras tu realmente. - Dije mirándola fijamente a los ojos.
- Creía que mirar así tan fijamente era de mala educación en tu mundo. - Dijo Luna con ironía.
- ¿Que sabes de mi mundo? - Dije curioso.
- Pues todo lo relevante a mi trabajo. Todo a través de vuestras vivencias. Vuestra vida está muy relacionada con el dolor y una forma de seguir vuestra existencia es después de algo muy desgraciado ver por unos desde fuera de vuestro cuerpo. Os veis, os escucháis, os doléis y entonces intentáis aprender u os volvéis con la misma rabia hacia el mundo como hizo en su momento vuestra desgracia. Dependéis de este sitio y de mi. De lo contrario no podrías mantener ese dolor en el olvido. - Dijo ella sentada en la arena.
- No te acabo de entender Luna pero si realmente es verdad lo que cuentas de este sitio. ¿Cómo puedo llegar a salir de aquí? - Dije mientras la cogía de los hombros.
- ¡Nunca me toques sin mi permiso! Y lo que te a llevado aquí es la misma llave que tendrá que volverte a tu mundo.- Dijo muy alterada mientras de un brinco saltó hacia atrás. Estaba muy nerviosa a raiz de que la agarré de los hombros.
- Lo último que recuerdo es que estaba borracho y que desperté aquí... - Dije yo agitando las manos.
- Eres más estúpido que el motivo que te ha llevado aquí. Tu desamor fue el culpable aunque todavía no entiendo porque tanto dolor por esto... - mientras decía esto su cuerpo de difuminaba y apareció otra vez distinto... ¡Leire! Rompí a llorar. Ella me miraba y se reía como una posesa.
- Eres realmente patético. Lo que nunca te dije es que disfruté con cada hombre que me follé en tu casa. Me penetraban una y otra vez y mientras lo hacían ¿sabes lo que me gustaba más? Imaginarme la cara de estúpido que pondrías... -Dijo mientras reía de forma endiablada y se frotaba todo el cuerpo de forma lasciva y grosera. Caí al suelo y rompí a llorar como un niño y luego grité como una bestia, con la rabia de una maldad que había sido revelada ante mis ojos... - ¡Basta no puedo más! - dije mientras estaba arrodillado con las manos en la cara. Algo me tocó la espalda y la empujé muy fuerte... -¡Déjame!- Grité casi dejando me la voz...
- Sigo sin entender porque sufriste tanto por alguien así. Cálmate, era necesario que vieras la esencia real de esa mujer. - Dijo la voz de Luna mientras vi que mis lágrima hacían una línea de agua que se dirigía al mar.
- Yo tengo que ausentarme por unas horas luego volveré...- Dijo luna mientras desaparecía en el aire.
- ¡Un momento! ¡No me dejes aquí!- Dije gritando al aire. Caí otra vez y volví a llorar.

Pasó una hora mientras contemplaba el mar y oía de vez en cuando que se agitaba y de él se escuchaban llantos y lamentos. Me preguntaba como podría salir de ahí. ¿Porqué estaba en este lugar? De repente del mar salió algo. La figura de una mujer pero no era Luna. Era muy alta y tenía el pelo rubio. Estaba desnuda y era preciosa. Su pelo acariciaba unos pechos redondos sin imperfecciones y sus pezones eran rosados muy carnosos. Su cara era inexpresiva y no parecía que sus ojos se fijaran en nada en particular. Camino lentamente hacia mi. Yo sin darme cuenta avanzaba hacia ella como si de una fuerza extraña me impulsara a dar pequeños pasos hasta llegar en frente suya.
- ¿Quien eres?- Dije yo casi susurrando.
- Soy tu amor. Poséeme aquí y ahora. Ámame... - Dijo ella con una de las voces más dulces que había escuchado en mi vida.
- ¿Pero que estás diciendo? - Dije asustado aunque ella era preciosa, ahora que estaba más cerca podía contemplar aquel precioso rostro. Sus Labios eran carnosos y húmedos que invitaban a comerlos hasta que el tiempo dejara de existir.
- ¡No! ¿Estás loca? No sabes que estas diciendo... - Yo intentaba alejarme pero algo me estiraba más hacia ella. Me abrazó y me susurro al oído un te amo que hizo que me estremeciera. Cerré los ojos y notaba como sus labios se acercaban a los míos.
- ¡Nooo! ¡Fuera de mis dominios! - Era Luna que gritaba eso mientras estiraba a la mujer y la tiraba al suelo con una fuerza fuera de lo normal. La mujer se levantó y su rostro había desaparecido, no tenía rostro alguno. Se arrastró hacia atrás como un animal asustado y volvió a las aguas de las que había salido.
- ¿Quién era? - Dije muy agotado.
- Era una bestia, sólo debes saber eso. Te habría matado si no llego a estar aquí. Consume la fuerza vital de sus víctimas mediante sus ilusiones. - Dijo Luna mirando hacia aquel extraño mar.
De repente el mar se tiñó de rojo y empezaron a escucharse muchos gritos de dolor.
- ¿Que sucede ahora? - Dije alzando la voz por culpa del estruendo.
- Muchos han sucumbido a la pena de una desgracia al mismo tiempo y mi mundo se combulsionado. - Dijo Luna mientras lloraba. Le caían unas lágrimas de color rojizo muy brillante.
- ¿Estás llorando? - Pregunté yo.
- Esto no son lágrimas humanas Mario. Son las lágrimas de alguien que no llorar. Ahora Mario cuando acabe este sufrimiento deberás adentrarte en las aguas tu sólo y enfrentarte a tu desgracia. - Dijo Luna muy seria.
- ¿Eso me sacará de aquí? - Pregunté yo sorprendido.
- Debes de tener cuidado pues cruzarás unas fronteras que pueden sumergirte para siempre en tu desesperación. Toma coge esto. - Luna me estaba dando una gema de color azul con un ojo dibujado en el centro.
- Cuando llegue el momento ponte esta gema cerca de tu corazón y desea volver a tu vida. Pero no antes de haberte enfrentado a tu desgracia pero ten cuidado porque su forma puede ser algo que no desearas haber conocido... - Luna después de haber dicho esto me señalo el mar. Con la gema en la mano me adentré en las aguas y cuando me cubría la cintura me giré hacia Luna y miré por última vez su rostro. De repente algo me cogió por las piernas y cerré los ojos.

Cuando abrí los ojos estaba de pie en una gran sala oscura y una niebla ligera cubría el lugar. Algo susurraba en mis oídos un nombre que me provocaba dolor, Leire. Unos pasos pronunciados de tacón se dirigían hacia mi. Un perfume que me adormecía se respiraba en el aire, un perfume familiar.
- Hola Mario. - Dijo Leire que apareció delante de mí. Estaba con los ojos vendados con un y en sus labios había marca de pinta labios que había sido frotado. Estaba semi vestida con un traje de tela negro muy ajustado.
- ¿Que haces tu aquí? - Dije entre dientes por la rabia que me consumía.
- Bésame Mario. Ámame. Seré tuya para siempre y de nadie más. Siento lo que ha pasado. - Ella se acercaba a mi cara frotando aquellos preciosos labios en los míos. Sus manos me paseaban como serpientes por mi pecho y acabaron quitándome la cremallera de los pantalones.
- ¡Para! ¡Ya no te amo! - Dije escupiéndole en la cara. Ella con dos dedos se limpió y se los relamió.
- Yo a ti si. Y quiero que me hagas el amor ahora mismo.- Me dijo mientras se mordía los labios.
- Creía que para ti se decía follar y por nada lo haría. ¡Vete!- Le dije mientras retrocedía. Mi pecho estaba a punto de estallar y un sudor frío me hacía perder la noción sobre la realidad.
- No lo entiendes Mario. Debes tomar una decisión porque tengo algo para ti que puede hacerte decidir. - Sus manos se encogieron y se retractaron hacia su cuerpo. En su cara comenzó a ser escamosa y sus ojos se volvieron amarillos. Sus piernas se juntaron e hicieron una. ¡Una serpiente de mi tamaño! ¿Pero que estaba sucediendo?
En mis manos apareció un ramo de rosas como las que llevaba aquel día y vi mis manos que sangraban.
- Leire me enamoré de ti pero eso es algo que va a cambiar. Adiós Leire. - Mientras decía esto le lancé a la serpiente el ramo de Rosas y la serpiente se desplomó en el suelo quedando sólo el cuerpo de Leire.
- ¿La amabas mucho verdad? - Dijo el cuerpo de Leire pero no era su voz.
- Hubiera dado en su momento mi vida pero ahora sólo quiero que se marche - Dije yo.
- Para creer en lo que dices debo tener algo como testimonio. - Dijo la voz del cuerpo de Leire.
-¿Y tu que se supone que eres? - Mientras me daba unos pasos hacia atrás.
- Soy aquello que nace de tu gloria y te mata en tu desgracia - Dijo mientras se ponía de pie una mujer desnuda llevaba un símbolo dibujado en el pecho. Era una rosa cruzada por una espada.
- Quiero irme a casa y volver a empezar. Quiero luchar por recobrar mi vida. - Dije mientras me acercaba la gema al corazón.
- Dame esa gema Mario. Es mala para ti. - Dijo ella mientras me extendía su mano. Su pelo era muy largo y negro. Sus ojos eran amarillos y muy alta.
- Ven a cogerla tu misma - Me puse la gema en el pecho. - ¿No pasa nada? ¿No funciona?
- Te lo dije Mario.- Dijo ella mientras se encogía de hombros. La gema se incrustó en el pecho y sangre mucho. Caí al suelo. Y luego me volví hacia Mare Noctem para siempre.


- ¿Se encuentra bien? -Dijo un policía que bajaba la escalerilla de la cala del puerto.
- Luna me has mentido - Dijo Mario.
- Disculpe ¿Qué ha dicho? ¿Se encuentra bien? - Dijo el policía con cara de extrañado.
- ¡No Luna! ¡No perdí la gema! ¡Hice lo que me dijiste! - Dijo Mario dando manotazos y chillando.
- ¡Oiga tranquilícese! Si aquí agente 24518 he encontrado una persona en la pequeña cala de al lado del puerto de Palma y necesito una ambulancia, parece que está enajenado o drogado.

- No quiero oír más esos llantos eternamente en Mare Noctem...- Dijo Mario mientras lo metían con una camisa de fuerza en la ambulancia.

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