
En el suelo, abatido y con una sensación de vacío, aquella mujer que tenía delante mía sonreía con aquella extraña bola azul en sus manos.
- ¿Qué me has hecho? Le grité sin fuerzas.
- ¿No te ha gustado aquello que has sentido? ¿No era plena tu vida? Cuanto amor llevas dentro, no te haces una idea. - Cerró los ojos y estiró su cuerpo mientras aquella bola brillaba con más intensidad.
- ¿Qué te has quedado de mi? - Pregunté con aquella sensación de vacío intensificada.
- He cobrado por el servicio pequeño. Ahora ya que has notado todo aquello que tenías que notar a ti no te va a hacer falta.
- ¿El qué? - Grité yo desde el suelo.
- ¡Tu amor! ¡Me quedé con todo tu amor! - Dijo ella mientras se reía de mi.
- Devuélvelo enseguida o...- Dije apretando los dientes. Era extraño, noté una ira que nunca había notado y luego mis lágrimas brotaron de mis ojos con intensidad.
- ¿No te gusta tu nueva condición? Nunca ya podrán herirte de amor porque ya no está contigo, sólo sentirás tristeza, odio, pero será por ti mismo, no necesitarás un culpable para ello.- Dijo mientras se metía la bola en el bolso.
Pensé en aferrarme en aquello que me había arrebatado, en aquello que ya no sentía. Fuera de mi, fuera del equilibrio, solo tristeza y odio. Pensé, cerré fuerte los ojos. Recordé aquellas manos ancianas que se aferraban a las mías y pensé en aquel sentimiento con fuerza. Noté el sabor de la sangre en mis labios que había provocado mis dientes.
- Te... te...- Farfullaba sin sentido.
- ¿Me vas a qué? Quizás matar...- Ella rio todavía con más fuerza y maldad.
- Te.....te..... te quiero.- Aquellas palabras surgieron de mi boca dulces, cálidas como jamás había podido notar antes.
El bolso de la mujer reventó y el lugar se bañó de una luz azul muy intensa. Cuando todo se desvaneció sólo queda una anciana de rodillas en el suelo farfullando.
- Quiero sentirlo, quiero sentirlo... no me lo arrebates... - Ella era la misma anciana que había visto en mi visión. ¡Era ella!
Me acerqué poco a poco, pude levantarme con la misma agilidad que tenía antes, ya no estaba decaído, no me sentía violento, sin ira, sin tristeza... Me acerqué a ella, me agaché, le cogí las manos y le dije al oído - Si, quiero.- Luego me a fui de aquel callejón.
Seguí calle abajo. Casi era de noche. La calle seguía tan sucia como antes, poca gente se divisaba ya por la acera. Caminé entre luces, humedad, asfalto y sonidos urbanos que no podía fácilmente distinguir. Una mano sentí en la espalda, una caricia lenta, un soplo en la oreja izquierda, me giré y no había nadie. Cuando volví a mirar hacia adelante vi que había una figura humana encima de una cajón. Me acerqué curioso para poder verla mejor de cerca. Era alguien que estaba haciendo de estatua humana pero nunca había visto algo tan sombrío. Llevaba un traje de licra negra alrededor de su cuerpo incluida la cabeza que le cubría en su totalidad. En la cara llevaba dibujado una rosa roja. Era una figura muy esbelta, su cuerpo era de mujer. Estaba completamente inmóvil, sin vida, era muy buena, ni siquiera noté que respirara y con toda la cabeza tapada era difícil disimular la respiración. Había una caja metálica con algunas monedas ero era diferentes todas ellas, algunas pequeñas y doradas sin cuño, algunos dólares antiguos, peniques británicos, francos, algunas monedas que tenías gravados de galerones españoles, euros, había una gran diversidad. Metí la mano en mi bolsillo para ver si tenía alguna moneda, encontré un euro y lo lancé a la caja. La figura se movió despacio, muy despacio, danzando, contoneando su cuerpo completamente, haciendo reclamo de mi con sus manos, bajaba y subía sus caderas de manera muy sensual y paró en otra posición rápidamente, se quedó inmóvil lanzándome un beso. Yo me quedé estupefacto, y segundos más tarde rompía mis manos aplaudiendo y sonriendo.
- Es increíble, realmente increíble, nunca había visto tanto en los movimientos de alguien.- Metí otra vez mi mano en el bolsillo y encontré otro euro que lancé sin dilación a la caja.
Al caer la moneda, y oír el ruido de su caída, no dejé de postrar mis ojos en aquella figura. Se movió otra vez y el resto parecía difuminarse poco a poco en negro, todo desapareció, incluido ella, menos aquella rosa que danzaba en medio de la nada. Minutos más tarde el resto tomó forma, muy despacio, abrí y cerré varias veces mi ojos. Estaba en la cubierta de un barco, y aquella figura negra también, noté el frío viento salado en mi cara y la noche no había cambiado pero yo si de lugar.
- ¿Pero que coño? Dije pausadamente mientras veía que la figura había detenido su movimiento en una postura como si fuera el vigía de un mástil de barco, poniendo su mano en la frente estirada dejando su visión libre hacia el horizonte...
Aquella figura negra de mujer mantenía su burlesca pose ante mi.
- ¿Donde estoy? ¿Que eres tu? Quiero explicaciones... ¡ya!- Me estaba poniendo muy nervioso dado que ya estaba crispado por tantos acontecimientos hoy.
Ella no se movió, ni siquiera dijo nada. Me fije en la base de su pequeño cajón que ponía - "El movimiento es lenguaje, el dinero sólo algo efímero, que más le da echar unas monedas para reencontrarse con su alma".
No entendía para nada la inscripción. Miré cuantas moneda me quedaban en el bolsillo y todavía había unas cuantas, así que puesto que no tenía nada que perder, eché otra moneda al cajón metálico, de forma que su ruido llegará a toda la cubierta.
- ¡Satisfecha! - Grité a la figura inmóvil que todavía no se había movido.
Ella empezó a danzar con los brazos, juntando sus dedos gordos con los del corazón y empezando con mucha belleza una danza exótica, arábica o asiática, no sabría diferenciar. Su cintura empezó a contonearse con rapidez y su cabeza fija en mi. Si hubiera visto sus ojos hubiera dicho que su mirada se clavaba en mi. Bajaba y subía con un seducción cada vez más deseosa. Noté mi cuerpo balancearse, cada vez más rápido, a su ritmo, que aceleraba de manera casi inimaginable. Mis articulaciones empezaron a resentirse, me dolía, no podía parar.
- ¡Libérame! ¡Basta! ¡Me vas a partir la espalda!- Escuché por primera vez a aquella figura, una risa que erizó mi cabello.
- Que pasa nene. ¿Ya no te parece divertido?- Pare en seco. Me dolía todo.
- ¿Qué es este lugar? ¿Qué quieres de mi? - Pregunté mientras mis brazos y mi cuerpo se sentían muy pesados.
- Este lugar es tu infancia, tu imaginación más pura, un barco a merced del mar.¿Quizá soñabas con ser pirata? ¿Marinero al servicio de su majestad Alfonso XVII? Bueno, lo que quiero es muy simple. Quiero que mires tu cintura.- Dijo ella inmóvil en posición de la danza que había mantenido. Miré mi cintura y vi una bolsa marrón cordada a mi cinturón.
- ¿Qué es esto?- Toque la bolsa y parecía que había monedas en su interior.
- Lo que hay son monedas de oro. Precio que tiene tu alma. Quiero que las lances una por una a la caja y yo animaré tu fantasía donde serás feliz o puedes elegir estar en otro lugar que esté almacenado en tus fantasías, tu eliges. Dame lo que vale tu alma. - Dijo ella mientras seguía inmóvil.
- ¿Para que quieres que te de lo que yo valgo, mi vida a fin de cuentas? De todas maneras me la arrebatas ya que me preparas una cárcel adornada. ¿Qué eres?- Mientras intentaba acercarme a ella pero mi cuerpo cuando quería mandar sobre él para que se abalanzara contra la figura se ponía más pesado.
- Quiero las monedas de tu alma porque me servirá para comprar mi libertad. Ya no seré como una muñeca en una caja de música. Creo que cumplí mi castigo pero necesito recaudar el dinero para él. Yo era admirada por reyes, emperadores, por cualquier hombre que hubiera podido verme bailar en los salones del palacio del emperador Mejmet II. Me condenó él mismo por amar a un hombre sin posición. Un alfarero que fue para mi la única vez que alguien me hizo sonreír sin yo fingir mis encantos. Fui suya y pagué durante siglos por ello. Ahora soy una recaudadora para él, la sombra mayor de todas, él tiene control sobre las almas que perdieron sus monedas para sólo verme danzar. Soy una muñeca nada más que dejó de ser la mujer más codiciada de los hombres. Empieza a tirar monedas...- Terminó con voz de rabia.
- ¿Y si me niego? Pregunté.
- ¿Tienes prisa? Yo no. Puedo ver como te quedas inmóvil y mueres en cuestión de días deshidratado y desnutrido. Tu decides. - Dijo la figura.
- No tengo elección por lo que veo.- Saqué la primera moneda de la bolsa y mi cuerpo se liberó un poco de aquella extraña sensación de pesadez.
Tiré la primera moneda y la figura empezó a danzar y a gemir de placer. Tiré la segunda y sus gemidos se pronunciaron mas intensos.
- Tira más...- Dijo la figura. Yo Cogí otra moneda y pensé.
- Tira otra... no tienes elección - Dijo la figura.
En un impulso muy forzoso di una patada a la caja metálica desparramando una gran número de monedas por la cubierta.
- ¡No! ¡Que has hecho maldito! ¡Recógelas! ¡Morirás, lo prometo! - Dijo ella mientras se quedó de nuevo inmóvil.
- No lo dudo, no obstante, tu tampoco podrás recogerlas. Perdemos los dos. - Dije, mientras Cogía dos monedas y me las metí otra vez en la bolsa.
- ¿Qué quieres? Recógeme las monedas.- Dijo ella gritando.
- Quiero que me liberes y no quiero volver a verte nunca. Y si rompes nuestro acuerdo juro que las lanzaré al mar.- Dije desafiante.
- Hecho. Pero recógelas todas, te lo suplico. - Dijo ella inmóvil.
Recogí todas las monedas del suelo y las metí otra vez en la caja. Me acerqué a ella y dije:
- bien ya las tienes todas, ahora libérame.- Dicho esto aparecí otra vez en la calle solo, ella había desaparecido y en mi cintura ya no había la bolsa. Instintivamente me di unos golpecitos en el pecho y seguí mi camino. A los lejos vi una figura encima de un cajón y corrí hacia la otra acera...
Seguía, ya de noche por la calle. La suciedad parecía que disminuía a mi paso. Tocaron mi espalda, me giré y vi a una dama con sombrero y capa negra.
- Si, dígame señora.- Dije yo cortésmente.
- ¿Por cuanto me venderías un litro de tu caliente sangre?
- ¿Qué me has hecho? Le grité sin fuerzas.
- ¿No te ha gustado aquello que has sentido? ¿No era plena tu vida? Cuanto amor llevas dentro, no te haces una idea. - Cerró los ojos y estiró su cuerpo mientras aquella bola brillaba con más intensidad.
- ¿Qué te has quedado de mi? - Pregunté con aquella sensación de vacío intensificada.
- He cobrado por el servicio pequeño. Ahora ya que has notado todo aquello que tenías que notar a ti no te va a hacer falta.
- ¿El qué? - Grité yo desde el suelo.
- ¡Tu amor! ¡Me quedé con todo tu amor! - Dijo ella mientras se reía de mi.
- Devuélvelo enseguida o...- Dije apretando los dientes. Era extraño, noté una ira que nunca había notado y luego mis lágrimas brotaron de mis ojos con intensidad.
- ¿No te gusta tu nueva condición? Nunca ya podrán herirte de amor porque ya no está contigo, sólo sentirás tristeza, odio, pero será por ti mismo, no necesitarás un culpable para ello.- Dijo mientras se metía la bola en el bolso.
Pensé en aferrarme en aquello que me había arrebatado, en aquello que ya no sentía. Fuera de mi, fuera del equilibrio, solo tristeza y odio. Pensé, cerré fuerte los ojos. Recordé aquellas manos ancianas que se aferraban a las mías y pensé en aquel sentimiento con fuerza. Noté el sabor de la sangre en mis labios que había provocado mis dientes.
- Te... te...- Farfullaba sin sentido.
- ¿Me vas a qué? Quizás matar...- Ella rio todavía con más fuerza y maldad.
- Te.....te..... te quiero.- Aquellas palabras surgieron de mi boca dulces, cálidas como jamás había podido notar antes.
El bolso de la mujer reventó y el lugar se bañó de una luz azul muy intensa. Cuando todo se desvaneció sólo queda una anciana de rodillas en el suelo farfullando.
- Quiero sentirlo, quiero sentirlo... no me lo arrebates... - Ella era la misma anciana que había visto en mi visión. ¡Era ella!
Me acerqué poco a poco, pude levantarme con la misma agilidad que tenía antes, ya no estaba decaído, no me sentía violento, sin ira, sin tristeza... Me acerqué a ella, me agaché, le cogí las manos y le dije al oído - Si, quiero.- Luego me a fui de aquel callejón.
Seguí calle abajo. Casi era de noche. La calle seguía tan sucia como antes, poca gente se divisaba ya por la acera. Caminé entre luces, humedad, asfalto y sonidos urbanos que no podía fácilmente distinguir. Una mano sentí en la espalda, una caricia lenta, un soplo en la oreja izquierda, me giré y no había nadie. Cuando volví a mirar hacia adelante vi que había una figura humana encima de una cajón. Me acerqué curioso para poder verla mejor de cerca. Era alguien que estaba haciendo de estatua humana pero nunca había visto algo tan sombrío. Llevaba un traje de licra negra alrededor de su cuerpo incluida la cabeza que le cubría en su totalidad. En la cara llevaba dibujado una rosa roja. Era una figura muy esbelta, su cuerpo era de mujer. Estaba completamente inmóvil, sin vida, era muy buena, ni siquiera noté que respirara y con toda la cabeza tapada era difícil disimular la respiración. Había una caja metálica con algunas monedas ero era diferentes todas ellas, algunas pequeñas y doradas sin cuño, algunos dólares antiguos, peniques británicos, francos, algunas monedas que tenías gravados de galerones españoles, euros, había una gran diversidad. Metí la mano en mi bolsillo para ver si tenía alguna moneda, encontré un euro y lo lancé a la caja. La figura se movió despacio, muy despacio, danzando, contoneando su cuerpo completamente, haciendo reclamo de mi con sus manos, bajaba y subía sus caderas de manera muy sensual y paró en otra posición rápidamente, se quedó inmóvil lanzándome un beso. Yo me quedé estupefacto, y segundos más tarde rompía mis manos aplaudiendo y sonriendo.
- Es increíble, realmente increíble, nunca había visto tanto en los movimientos de alguien.- Metí otra vez mi mano en el bolsillo y encontré otro euro que lancé sin dilación a la caja.
Al caer la moneda, y oír el ruido de su caída, no dejé de postrar mis ojos en aquella figura. Se movió otra vez y el resto parecía difuminarse poco a poco en negro, todo desapareció, incluido ella, menos aquella rosa que danzaba en medio de la nada. Minutos más tarde el resto tomó forma, muy despacio, abrí y cerré varias veces mi ojos. Estaba en la cubierta de un barco, y aquella figura negra también, noté el frío viento salado en mi cara y la noche no había cambiado pero yo si de lugar.
- ¿Pero que coño? Dije pausadamente mientras veía que la figura había detenido su movimiento en una postura como si fuera el vigía de un mástil de barco, poniendo su mano en la frente estirada dejando su visión libre hacia el horizonte...
Aquella figura negra de mujer mantenía su burlesca pose ante mi.
- ¿Donde estoy? ¿Que eres tu? Quiero explicaciones... ¡ya!- Me estaba poniendo muy nervioso dado que ya estaba crispado por tantos acontecimientos hoy.
Ella no se movió, ni siquiera dijo nada. Me fije en la base de su pequeño cajón que ponía - "El movimiento es lenguaje, el dinero sólo algo efímero, que más le da echar unas monedas para reencontrarse con su alma".
No entendía para nada la inscripción. Miré cuantas moneda me quedaban en el bolsillo y todavía había unas cuantas, así que puesto que no tenía nada que perder, eché otra moneda al cajón metálico, de forma que su ruido llegará a toda la cubierta.
- ¡Satisfecha! - Grité a la figura inmóvil que todavía no se había movido.
Ella empezó a danzar con los brazos, juntando sus dedos gordos con los del corazón y empezando con mucha belleza una danza exótica, arábica o asiática, no sabría diferenciar. Su cintura empezó a contonearse con rapidez y su cabeza fija en mi. Si hubiera visto sus ojos hubiera dicho que su mirada se clavaba en mi. Bajaba y subía con un seducción cada vez más deseosa. Noté mi cuerpo balancearse, cada vez más rápido, a su ritmo, que aceleraba de manera casi inimaginable. Mis articulaciones empezaron a resentirse, me dolía, no podía parar.
- ¡Libérame! ¡Basta! ¡Me vas a partir la espalda!- Escuché por primera vez a aquella figura, una risa que erizó mi cabello.
- Que pasa nene. ¿Ya no te parece divertido?- Pare en seco. Me dolía todo.
- ¿Qué es este lugar? ¿Qué quieres de mi? - Pregunté mientras mis brazos y mi cuerpo se sentían muy pesados.
- Este lugar es tu infancia, tu imaginación más pura, un barco a merced del mar.¿Quizá soñabas con ser pirata? ¿Marinero al servicio de su majestad Alfonso XVII? Bueno, lo que quiero es muy simple. Quiero que mires tu cintura.- Dijo ella inmóvil en posición de la danza que había mantenido. Miré mi cintura y vi una bolsa marrón cordada a mi cinturón.
- ¿Qué es esto?- Toque la bolsa y parecía que había monedas en su interior.
- Lo que hay son monedas de oro. Precio que tiene tu alma. Quiero que las lances una por una a la caja y yo animaré tu fantasía donde serás feliz o puedes elegir estar en otro lugar que esté almacenado en tus fantasías, tu eliges. Dame lo que vale tu alma. - Dijo ella mientras seguía inmóvil.
- ¿Para que quieres que te de lo que yo valgo, mi vida a fin de cuentas? De todas maneras me la arrebatas ya que me preparas una cárcel adornada. ¿Qué eres?- Mientras intentaba acercarme a ella pero mi cuerpo cuando quería mandar sobre él para que se abalanzara contra la figura se ponía más pesado.
- Quiero las monedas de tu alma porque me servirá para comprar mi libertad. Ya no seré como una muñeca en una caja de música. Creo que cumplí mi castigo pero necesito recaudar el dinero para él. Yo era admirada por reyes, emperadores, por cualquier hombre que hubiera podido verme bailar en los salones del palacio del emperador Mejmet II. Me condenó él mismo por amar a un hombre sin posición. Un alfarero que fue para mi la única vez que alguien me hizo sonreír sin yo fingir mis encantos. Fui suya y pagué durante siglos por ello. Ahora soy una recaudadora para él, la sombra mayor de todas, él tiene control sobre las almas que perdieron sus monedas para sólo verme danzar. Soy una muñeca nada más que dejó de ser la mujer más codiciada de los hombres. Empieza a tirar monedas...- Terminó con voz de rabia.
- ¿Y si me niego? Pregunté.
- ¿Tienes prisa? Yo no. Puedo ver como te quedas inmóvil y mueres en cuestión de días deshidratado y desnutrido. Tu decides. - Dijo la figura.
- No tengo elección por lo que veo.- Saqué la primera moneda de la bolsa y mi cuerpo se liberó un poco de aquella extraña sensación de pesadez.
Tiré la primera moneda y la figura empezó a danzar y a gemir de placer. Tiré la segunda y sus gemidos se pronunciaron mas intensos.
- Tira más...- Dijo la figura. Yo Cogí otra moneda y pensé.
- Tira otra... no tienes elección - Dijo la figura.
En un impulso muy forzoso di una patada a la caja metálica desparramando una gran número de monedas por la cubierta.
- ¡No! ¡Que has hecho maldito! ¡Recógelas! ¡Morirás, lo prometo! - Dijo ella mientras se quedó de nuevo inmóvil.
- No lo dudo, no obstante, tu tampoco podrás recogerlas. Perdemos los dos. - Dije, mientras Cogía dos monedas y me las metí otra vez en la bolsa.
- ¿Qué quieres? Recógeme las monedas.- Dijo ella gritando.
- Quiero que me liberes y no quiero volver a verte nunca. Y si rompes nuestro acuerdo juro que las lanzaré al mar.- Dije desafiante.
- Hecho. Pero recógelas todas, te lo suplico. - Dijo ella inmóvil.
Recogí todas las monedas del suelo y las metí otra vez en la caja. Me acerqué a ella y dije:
- bien ya las tienes todas, ahora libérame.- Dicho esto aparecí otra vez en la calle solo, ella había desaparecido y en mi cintura ya no había la bolsa. Instintivamente me di unos golpecitos en el pecho y seguí mi camino. A los lejos vi una figura encima de un cajón y corrí hacia la otra acera...
Seguía, ya de noche por la calle. La suciedad parecía que disminuía a mi paso. Tocaron mi espalda, me giré y vi a una dama con sombrero y capa negra.
- Si, dígame señora.- Dije yo cortésmente.
- ¿Por cuanto me venderías un litro de tu caliente sangre?
(continuará)
