25.2.09

Valle de caidos 3


En el suelo, abatido y con una sensación de vacío, aquella mujer que tenía delante mía sonreía con aquella extraña bola azul en sus manos.

- ¿Qué me has hecho? Le grité sin fuerzas.
- ¿No te ha gustado aquello que has sentido? ¿No era plena tu vida? Cuanto amor llevas dentro, no te haces una idea. - Cerró los ojos y estiró su cuerpo mientras aquella bola brillaba con más intensidad.
- ¿Qué te has quedado de mi? - Pregunté con aquella sensación de vacío intensificada.
- He cobrado por el servicio pequeño. Ahora ya que has notado todo aquello que tenías que notar a ti no te va a hacer falta.
- ¿El qué? - Grité yo desde el suelo.
- ¡Tu amor! ¡Me quedé con todo tu amor! - Dijo ella mientras se reía de mi.
- Devuélvelo enseguida o...- Dije apretando los dientes. Era extraño, noté una ira que nunca había notado y luego mis lágrimas brotaron de mis ojos con intensidad.
- ¿No te gusta tu nueva condición? Nunca ya podrán herirte de amor porque ya no está contigo, sólo sentirás tristeza, odio, pero será por ti mismo, no necesitarás un culpable para ello.- Dijo mientras se metía la bola en el bolso.
Pensé en aferrarme en aquello que me había arrebatado, en aquello que ya no sentía. Fuera de mi, fuera del equilibrio, solo tristeza y odio. Pensé, cerré fuerte los ojos. Recordé aquellas manos ancianas que se aferraban a las mías y pensé en aquel sentimiento con fuerza. Noté el sabor de la sangre en mis labios que había provocado mis dientes.
- Te... te...- Farfullaba sin sentido.
- ¿Me vas a qué? Quizás matar...- Ella rio todavía con más fuerza y maldad.
- Te.....te..... te quiero.- Aquellas palabras surgieron de mi boca dulces, cálidas como jamás había podido notar antes.
El bolso de la mujer reventó y el lugar se bañó de una luz azul muy intensa. Cuando todo se desvaneció sólo queda una anciana de rodillas en el suelo farfullando.
- Quiero sentirlo, quiero sentirlo... no me lo arrebates... - Ella era la misma anciana que había visto en mi visión. ¡Era ella!
Me acerqué poco a poco, pude levantarme con la misma agilidad que tenía antes, ya no estaba decaído, no me sentía violento, sin ira, sin tristeza... Me acerqué a ella, me agaché, le cogí las manos y le dije al oído - Si, quiero.- Luego me a fui de aquel callejón.

Seguí calle abajo. Casi era de noche. La calle seguía tan sucia como antes, poca gente se divisaba ya por la acera. Caminé entre luces, humedad, asfalto y sonidos urbanos que no podía fácilmente distinguir. Una mano sentí en la espalda, una caricia lenta, un soplo en la oreja izquierda, me giré y no había nadie. Cuando volví a mirar hacia adelante vi que había una figura humana encima de una cajón. Me acerqué curioso para poder verla mejor de cerca. Era alguien que estaba haciendo de estatua humana pero nunca había visto algo tan sombrío. Llevaba un traje de licra negra alrededor de su cuerpo incluida la cabeza que le cubría en su totalidad. En la cara llevaba dibujado una rosa roja. Era una figura muy esbelta, su cuerpo era de mujer. Estaba completamente inmóvil, sin vida, era muy buena, ni siquiera noté que respirara y con toda la cabeza tapada era difícil disimular la respiración. Había una caja metálica con algunas monedas ero era diferentes todas ellas, algunas pequeñas y doradas sin cuño, algunos dólares antiguos, peniques británicos, francos, algunas monedas que tenías gravados de galerones españoles, euros, había una gran diversidad. Metí la mano en mi bolsillo para ver si tenía alguna moneda, encontré un euro y lo lancé a la caja. La figura se movió despacio, muy despacio, danzando, contoneando su cuerpo completamente, haciendo reclamo de mi con sus manos, bajaba y subía sus caderas de manera muy sensual y paró en otra posición rápidamente, se quedó inmóvil lanzándome un beso. Yo me quedé estupefacto, y segundos más tarde rompía mis manos aplaudiendo y sonriendo.
- Es increíble, realmente increíble, nunca había visto tanto en los movimientos de alguien.- Metí otra vez mi mano en el bolsillo y encontré otro euro que lancé sin dilación a la caja.

Al caer la moneda, y oír el ruido de su caída, no dejé de postrar mis ojos en aquella figura. Se movió otra vez y el resto parecía difuminarse poco a poco en negro, todo desapareció, incluido ella, menos aquella rosa que danzaba en medio de la nada. Minutos más tarde el resto tomó forma, muy despacio, abrí y cerré varias veces mi ojos. Estaba en la cubierta de un barco, y aquella figura negra también, noté el frío viento salado en mi cara y la noche no había cambiado pero yo si de lugar.
- ¿Pero que coño? Dije pausadamente mientras veía que la figura había detenido su movimiento en una postura como si fuera el vigía de un mástil de barco, poniendo su mano en la frente estirada dejando su visión libre hacia el horizonte...

Aquella figura negra de mujer mantenía su burlesca pose ante mi.

- ¿Donde estoy? ¿Que eres tu? Quiero explicaciones... ¡ya!- Me estaba poniendo muy nervioso dado que ya estaba crispado por tantos acontecimientos hoy.
Ella no se movió, ni siquiera dijo nada. Me fije en la base de su pequeño cajón que ponía - "El movimiento es lenguaje, el dinero sólo algo efímero, que más le da echar unas monedas para reencontrarse con su alma".
No entendía para nada la inscripción. Miré cuantas moneda me quedaban en el bolsillo y todavía había unas cuantas, así que puesto que no tenía nada que perder, eché otra moneda al cajón metálico, de forma que su ruido llegará a toda la cubierta.
- ¡Satisfecha! - Grité a la figura inmóvil que todavía no se había movido.
Ella empezó a danzar con los brazos, juntando sus dedos gordos con los del corazón y empezando con mucha belleza una danza exótica, arábica o asiática, no sabría diferenciar. Su cintura empezó a contonearse con rapidez y su cabeza fija en mi. Si hubiera visto sus ojos hubiera dicho que su mirada se clavaba en mi. Bajaba y subía con un seducción cada vez más deseosa. Noté mi cuerpo balancearse, cada vez más rápido, a su ritmo, que aceleraba de manera casi inimaginable. Mis articulaciones empezaron a resentirse, me dolía, no podía parar.
- ¡Libérame! ¡Basta! ¡Me vas a partir la espalda!- Escuché por primera vez a aquella figura, una risa que erizó mi cabello.
- Que pasa nene. ¿Ya no te parece divertido?- Pare en seco. Me dolía todo.
- ¿Qué es este lugar? ¿Qué quieres de mi? - Pregunté mientras mis brazos y mi cuerpo se sentían muy pesados.
- Este lugar es tu infancia, tu imaginación más pura, un barco a merced del mar.¿Quizá soñabas con ser pirata? ¿Marinero al servicio de su majestad Alfonso XVII? Bueno, lo que quiero es muy simple. Quiero que mires tu cintura.- Dijo ella inmóvil en posición de la danza que había mantenido. Miré mi cintura y vi una bolsa marrón cordada a mi cinturón.
- ¿Qué es esto?- Toque la bolsa y parecía que había monedas en su interior.
- Lo que hay son monedas de oro. Precio que tiene tu alma. Quiero que las lances una por una a la caja y yo animaré tu fantasía donde serás feliz o puedes elegir estar en otro lugar que esté almacenado en tus fantasías, tu eliges. Dame lo que vale tu alma. - Dijo ella mientras seguía inmóvil.
- ¿Para que quieres que te de lo que yo valgo, mi vida a fin de cuentas? De todas maneras me la arrebatas ya que me preparas una cárcel adornada. ¿Qué eres?- Mientras intentaba acercarme a ella pero mi cuerpo cuando quería mandar sobre él para que se abalanzara contra la figura se ponía más pesado.
- Quiero las monedas de tu alma porque me servirá para comprar mi libertad. Ya no seré como una muñeca en una caja de música. Creo que cumplí mi castigo pero necesito recaudar el dinero para él. Yo era admirada por reyes, emperadores, por cualquier hombre que hubiera podido verme bailar en los salones del palacio del emperador Mejmet II. Me condenó él mismo por amar a un hombre sin posición. Un alfarero que fue para mi la única vez que alguien me hizo sonreír sin yo fingir mis encantos. Fui suya y pagué durante siglos por ello. Ahora soy una recaudadora para él, la sombra mayor de todas, él tiene control sobre las almas que perdieron sus monedas para sólo verme danzar. Soy una muñeca nada más que dejó de ser la mujer más codiciada de los hombres. Empieza a tirar monedas...- Terminó con voz de rabia.
- ¿Y si me niego? Pregunté.
- ¿Tienes prisa? Yo no. Puedo ver como te quedas inmóvil y mueres en cuestión de días deshidratado y desnutrido. Tu decides. - Dijo la figura.
- No tengo elección por lo que veo.- Saqué la primera moneda de la bolsa y mi cuerpo se liberó un poco de aquella extraña sensación de pesadez.
Tiré la primera moneda y la figura empezó a danzar y a gemir de placer. Tiré la segunda y sus gemidos se pronunciaron mas intensos.
- Tira más...- Dijo la figura. Yo Cogí otra moneda y pensé.
- Tira otra... no tienes elección - Dijo la figura.
En un impulso muy forzoso di una patada a la caja metálica desparramando una gran número de monedas por la cubierta.
- ¡No! ¡Que has hecho maldito! ¡Recógelas! ¡Morirás, lo prometo! - Dijo ella mientras se quedó de nuevo inmóvil.
- No lo dudo, no obstante, tu tampoco podrás recogerlas. Perdemos los dos. - Dije, mientras Cogía dos monedas y me las metí otra vez en la bolsa.
- ¿Qué quieres? Recógeme las monedas.- Dijo ella gritando.
- Quiero que me liberes y no quiero volver a verte nunca. Y si rompes nuestro acuerdo juro que las lanzaré al mar.- Dije desafiante.
- Hecho. Pero recógelas todas, te lo suplico. - Dijo ella inmóvil.
Recogí todas las monedas del suelo y las metí otra vez en la caja. Me acerqué a ella y dije:
- bien ya las tienes todas, ahora libérame.- Dicho esto aparecí otra vez en la calle solo, ella había desaparecido y en mi cintura ya no había la bolsa. Instintivamente me di unos golpecitos en el pecho y seguí mi camino. A los lejos vi una figura encima de un cajón y corrí hacia la otra acera...
Seguía, ya de noche por la calle. La suciedad parecía que disminuía a mi paso. Tocaron mi espalda, me giré y vi a una dama con sombrero y capa negra.
- Si, dígame señora.- Dije yo cortésmente.
- ¿Por cuanto me venderías un litro de tu caliente sangre?

(continuará)

23.2.09

Valle de caídos 2


Valle de caídos parte 2

La locura del la cafetería "Le petit chavalier" ya estaba durando demasiado y mi brazo estaba siendo sujetado por un loco camarero de una cafetería donde la sugerencia era la locura.
- ¡Suelte mi brazo ahora mismo! ¡Llamaré a la policía! - Dije yo intentándome liberar.
- Llamémosla pues, no tengo ningún inconveniente.- Dijo el camarero mientras cogía su móvil. - Policía, buenas tardes tengo un cliente que no quiere pagarme una consumición en una cafetería y necesito que me envíen a alguien.... cafetería "le petit chavalier".... exacto por el precio de medio billete.... no me digan que tiene cosas más importantes que hacer.... escuche señor yo estoy perfectamente cuerdo.... no hace falta que me recuerde eso.... bien pues le cobraré dos euros con cincuenta no hacía falta que me dijera eso.... no van a cerrar esta cafetería.... adiós.- El camarero estampo su móvil contra la pared haciéndose trozos. Yo me fui corriendo de ahí y escuché tras de mi a él gritar.

Calle abajo y sobresaltado llegué a una plaza donde jugaban unos niños. Eran tres pequeños que jugaban con peonzas y había un hombre sucio con un saco sentado en un banco mirándolos. Me recordó a los cuentos que me contaba mi madre sobre el hombre del saco.

- Esa peonza ha salido del circulo. Has perdido. Dame la peonza. Es mi peonza. - Gritó uno de los niños.
- No te voy a dar tu peonza idiota. Has hecho trampa. - Gritó otro niño.
El tercer niño estaba mirando atentamente a los otros dos niños y en una momento en que ellos empezaron a pelearse, él cogió la dos peonzas y arrancó a correr. El hombre del saco se incorporó a toda prisa y abrió su saco interceptando con él al niño que corría. La obertura del saco se hizo inmensa y el niño desapareció en él.
- ¡Eh! ¡Que está haciendo! - Grité al hombre del saco.
El hombre se sentó con toda la tranquilidad del mundo y siguió mirando como los dos pequeños se estaban peleando. Yo corrí hacia él y me puse delante suya.
- ¿Donde está el niño? - Grité yo.
- ¿Qué niño señor? - Dijo el hombre.
- El que ha metido en su saco. - Respondí yo apretando los dientes.
El hombre carcajeo. - Pero si el saco está vacío. ¿No lo ve? - El hombre abrió el saco delante mía y en verdad estaba vacío.
- Pero si yo lo he visto con mis propios ojos. No es posible. - Dije yo.
- Mire, coja el saco para convencerse usted mismo.- Dijo el hombre dándome el saco.
Cogí el saco que era muy grande y lo palpe entero. Me agaché para extenderlo y cuando lo hice me pegaron una pata y mi cabeza entró por la abertura del saco. Miré a mi espalda y vi como la luz desaparecía. Estaba de pie a oscuras, mi mente no entendía porque estaba en un sitio donde no se veía y palpaba nada si me empujaron al interior de un saco. Miré a la izquierda y vi una tenue luz. me dirigí hacia ella en busca de orientarme con algo. El sitio estaba con una absoluta oscuridad, cuando llegué a la pequeña luz vi que era un farolillo encendido que alumbraba un caminito hacia una casa de aperos. ¿Pero que era lo que pasaba hoy? Seguí el caminito hasta llegar a la casa y escuche llantos de niños que provenían del interior.
- Hay alguien ahí... - Grité a la puerta de la casa. La puerta estaba medio podrida y era de madera como el resto de la casita. La puerta se abrió. Era un anciano con los dientes negros y mirada muy triste.
- ¿Quién eres tu? Eres un adulto.- Dijo el anciano con voz entrecortada.
- Si, yo no se donde estoy, parecerá una locura pero lo último que recuerdo es que alguien me empujo dentro de un saco.- Dije yo intentando ver el interior de la casa. Creí ver que estaba concurrida por varios ancianos y niños.
- Él nunca coge adultos. Sólo niños. ¿Has venido a rescatarnos?- Dijo el anciano con lágrima en los ojos. - Hecho mucho de menos a mi madre, estará preocupada, es hora de cenar y yo no estoy en casa.- Se cogió la cara con las dos manos.
- Pues la verdad no se donde estoy. Y tampoco se si pensar que en realidad existe el hombre del saco pero no se que explicación dar a todo esto.- Dije mientras miraba el móvil que tenía en el bolsillo. Estaba fuera de cobertura y la pantalla oscilaba como si fueran interferencias.
Cuando entré en aquella casita de madera vi que sólo era una sola estancia, repleta de personas, ancianos y niños que lloraban y sollozaban lentamente. Algunos de ellos estaban inconscientes en el suelo.
Me giré hacia el anciano que me abrió la puerta y le dije. - ¿Hay alguna salida?
- No hay salida posible, sólo esta casa, muchos de nosotros lo intentamos y no han vuelto. No vuelven, se quedan perdidos en la oscuridad. - Dijo el anciano mientras se le resbalaban lágrimas.
- Deberíamos hacer un gran fuego, así los que se han perdido podrían encontrar el camino de vuelta.- Acabado de decir esto todos se pusieron en pie y al unísono dijeron. - No tenemos nada para prender fuego.-
Yo de mi bolsillo saqué un mechero y todos sonrieron al verlo. Pronto muchos de ellos niños y ancianos arrancaron maderas y las sacaron fuera para hacer una gran pila de madera. Yo encontré un par de trapos sucios y los puse en la base de la pila. Encendí el mechero y al cabo de un rato se prendió fuego. La luz iluminó con fuerza el lugar, casi sin horizonte cuando miré al techo vi unos grandes pliegues como si de tela se trataran. - Que cielo más raro.- Entonces vimos como poco a poco la llama de la hoguera creció en un pequeño hilo de fuego hacia arriba y abrió un agujero incandescente en el cielo, pero no era el cielo sino...- ¡Estamos quemando el saco! - Todos gritaron de terror y yo cerré los ojos preguntándome que es lo que había hecho, íbamos a morir quemados. Pronto noté frescor en mi cara como si de una brisa de esperanza se tratara. Abrí los ojos lentamente y vi que estaba en el parque y en él estaba lleno de niños que jugaban, algunos a la peonza, otros al escondite, y otros se peleaban por unas canicas. ¿Un sueño muy real quizá? Seguí caminando como si no hubiera pasado nada.

Me metí por una calle estrecha y caminé entre montones de basura. Al final de la calle vi que estaba cortada y una chica de pie fumando en una entrada.
- ¡Oye! Tu, ven. - Me dijo la chica mientras me miraba soltando una bocanada de humo al aire. Yo me señalé a mi para cerciorarme de que me llamaba a mi.
- Si, tu ven. Acércate.- Dijo ella sonriendo.
Me acerqué hasta donde estaba ella.
- Dígame señorita. - Dije yo cortés.
- ¿Quieres pasar un rato conmigo? - Dijo ella muy dulcemente.
- No, señorita, yo simplemente pasaba por aquí. - Dije yo sonrojado.
- No te saldrá caro, te lo aseguro. Además puede ser la experiencia de tu vida. - Dijo ella.
- No me interesa comprar sexo, señorita, lo lamento.- Dije yo mirando a ambos lados.
- No vendo sexo chico, sólo amor durante un rato.- Dijo ella.
- No dudo que no ponga amor en lo que hace pero no me interesa.- Dije yo intentando irme con varios pasos hacia atrás.
- No lo entiendes chico. Te lo enseñaré.- Dijo ella mientras sacaba algo de su bolso.
Sacó una gran esfera roja que brillaba con algún tipo de luz y la extendió con ambas manos.
- Tocando esta bola, sentirás más amor del que nunca pudiste soñar. Toda una vida de amor mutuo en solo un rato. ¿Quieres probar? - Dijo ella mientras la bola brilló con más intensidad.
- La verdad es que no entiendo nada de lo que me estás diciendo.- Dije yo dando otro paso hacia atrás. Ahora estaba asustado.
- Veo que eres tímido. Lo arreglaré...- Dicho esto me lanzó la bola y yo por algún tipo de reflejo la enganché en el aire.
Estaba en un cine a oscuras mientras me besaba con pasión con ella. Me sentí bien, pletórico, la amaba, le decía te quiero una y otra vez mientras no dejaba de saborear sus labios. En un momento me vi durmiendo con ella acariciando su pelo mientras ella dormía abrazada a mi. En otro instante, me vi en una iglesia, me miré y estaba vestido con un traje muy elegante, ella estaba a mi lado vestida de novia...- Si, quiero.- Dije con total seguridad y lleno de amor. En otro instante me vi las manos arrugadas y ella preparándome té, yo le cogía las manos y la miré a los ojos, ella era anciana y sentí más amor todavía repitiendo mientras la besaba - Si quiero...-
Estaba en el suelo de aquella calle, casi sin aliento, y la bola tirada en el suelo, sin ningún tipo de luz. Yo me sentía triste y desconsolado, lloré como un niño. Ella estaba de pie delante mía con otra bola de color azul eléctrico delante mía...
- ¿Qué me has hecho?- Dije yo casi sin poder articular las palabras.
(Continuará)

18.2.09

Valle de caidos parte I


Anduve por la avenida, tranquilo, casi pendiente de mis zapatos. La acera me contaba su plena historia. Botellas de alcohol, pañuelos, paquetes vacíos de cigarrillos y un gris que ni se inmutaba por todo aquello. Me acerqué a un escaparate de una tienda cerrada, era de zapatos, había todo tipo de ellos. Al lado mío había un hombre de mediana estatura con una americana a cuadros que miraba unos zapatos de mujer muy concentrada y con aspecto serio.

- Mi mujer tenía unos zapatos como esos. Se los ponía a menudo para dar largos paseos cogida de mi brazo. Todavía veo su sonrisa y su pelo que apartaba yo de su cara con lentitud. - Dijo el hombre mientras cogía aire profundamente.
- Lo siento. Debió ser duro perder a su mujer. - Dije yo girando con timidez la cabeza hacia él.
- No la perdí, sólo quedamos para más tarde, estoy esperando a que abran esta tienda para comprarle unos zapatos como esos. - Dijo él mientras le brotaban alguna que otra lágrima de los ojos.
- Lo siento. Creí que falleció. - Dije yo mientras ya perdí la vista del escaparate.
- ¡No está muerta! ¡Sólo quedamos para más tarde! - El hombre me cogió con las dos manos de la camiseta mientras me zarandeaba. Yo conseguí liberarme de su ataque y corrí calle abajo. Aún podía oír sus gritos.
- ¡No está muerta! ¡No está muerta! - Se quebraron los gritos cuando quebró un cristal.

Me paré en una cafetería que se llamaba "Le petit chavalier", pedí un té y el periódico. El camarero me sirvió y me trajo un periódico que estaba partido justo por la mitad, horizontalmente.
- ¿Esto es una broma? - Pregunté sorprendido mientras miré al camarero.
- Es su periódico señor. ¿Algún problema?- Contestó el camarero con toda normalidad.
- Si, que no puedo leer la mitad de un periódico, es absurdo y demencial.- Contesté yo a desdén.
- Es que así señor, sólo lo adquirimos a la mitad de su precio e intentamos dar a nuestros clientes el mismo trato. - Dijo el camarero haciendo media sonrisa.
Miré el té y descubrí que había sólo media taza con medio café dentro.
- Lo siento, no pensé que este bar fuera una atracción turística. - Contesté mientras me levantaba. - ¿Qué le debo por el té?
- Medio billete de cinco euros. - Contestó el camarero con su media sonrisa.
- Querrá decir dos euros con cincuenta. ¿Verdad?- Pregunté con las cejas arqueadas.
- No señor, ese es exactamente el precio, medio billete de cinco euros, ni un pedacito más, ni uno menos.- Contestó el camarero a media sonrisa que ya estaba poniéndome muy nervioso.
Cogí de la cartera y dejé dos euros con cincuenta en la mesa. Cuando iba a salir de ahí, el camarero me cogió con el brazo y me exigió otra vez el medio billete.
- ¡Esto es de locos! - Vociferé yo.
- Es un precio que tiene que pagar simplemente señor, y justo la mitad.- Contestó él con mi brazo en sus manos apretado con fuerza.
(Continuará)