23.2.09

Valle de caídos 2


Valle de caídos parte 2

La locura del la cafetería "Le petit chavalier" ya estaba durando demasiado y mi brazo estaba siendo sujetado por un loco camarero de una cafetería donde la sugerencia era la locura.
- ¡Suelte mi brazo ahora mismo! ¡Llamaré a la policía! - Dije yo intentándome liberar.
- Llamémosla pues, no tengo ningún inconveniente.- Dijo el camarero mientras cogía su móvil. - Policía, buenas tardes tengo un cliente que no quiere pagarme una consumición en una cafetería y necesito que me envíen a alguien.... cafetería "le petit chavalier".... exacto por el precio de medio billete.... no me digan que tiene cosas más importantes que hacer.... escuche señor yo estoy perfectamente cuerdo.... no hace falta que me recuerde eso.... bien pues le cobraré dos euros con cincuenta no hacía falta que me dijera eso.... no van a cerrar esta cafetería.... adiós.- El camarero estampo su móvil contra la pared haciéndose trozos. Yo me fui corriendo de ahí y escuché tras de mi a él gritar.

Calle abajo y sobresaltado llegué a una plaza donde jugaban unos niños. Eran tres pequeños que jugaban con peonzas y había un hombre sucio con un saco sentado en un banco mirándolos. Me recordó a los cuentos que me contaba mi madre sobre el hombre del saco.

- Esa peonza ha salido del circulo. Has perdido. Dame la peonza. Es mi peonza. - Gritó uno de los niños.
- No te voy a dar tu peonza idiota. Has hecho trampa. - Gritó otro niño.
El tercer niño estaba mirando atentamente a los otros dos niños y en una momento en que ellos empezaron a pelearse, él cogió la dos peonzas y arrancó a correr. El hombre del saco se incorporó a toda prisa y abrió su saco interceptando con él al niño que corría. La obertura del saco se hizo inmensa y el niño desapareció en él.
- ¡Eh! ¡Que está haciendo! - Grité al hombre del saco.
El hombre se sentó con toda la tranquilidad del mundo y siguió mirando como los dos pequeños se estaban peleando. Yo corrí hacia él y me puse delante suya.
- ¿Donde está el niño? - Grité yo.
- ¿Qué niño señor? - Dijo el hombre.
- El que ha metido en su saco. - Respondí yo apretando los dientes.
El hombre carcajeo. - Pero si el saco está vacío. ¿No lo ve? - El hombre abrió el saco delante mía y en verdad estaba vacío.
- Pero si yo lo he visto con mis propios ojos. No es posible. - Dije yo.
- Mire, coja el saco para convencerse usted mismo.- Dijo el hombre dándome el saco.
Cogí el saco que era muy grande y lo palpe entero. Me agaché para extenderlo y cuando lo hice me pegaron una pata y mi cabeza entró por la abertura del saco. Miré a mi espalda y vi como la luz desaparecía. Estaba de pie a oscuras, mi mente no entendía porque estaba en un sitio donde no se veía y palpaba nada si me empujaron al interior de un saco. Miré a la izquierda y vi una tenue luz. me dirigí hacia ella en busca de orientarme con algo. El sitio estaba con una absoluta oscuridad, cuando llegué a la pequeña luz vi que era un farolillo encendido que alumbraba un caminito hacia una casa de aperos. ¿Pero que era lo que pasaba hoy? Seguí el caminito hasta llegar a la casa y escuche llantos de niños que provenían del interior.
- Hay alguien ahí... - Grité a la puerta de la casa. La puerta estaba medio podrida y era de madera como el resto de la casita. La puerta se abrió. Era un anciano con los dientes negros y mirada muy triste.
- ¿Quién eres tu? Eres un adulto.- Dijo el anciano con voz entrecortada.
- Si, yo no se donde estoy, parecerá una locura pero lo último que recuerdo es que alguien me empujo dentro de un saco.- Dije yo intentando ver el interior de la casa. Creí ver que estaba concurrida por varios ancianos y niños.
- Él nunca coge adultos. Sólo niños. ¿Has venido a rescatarnos?- Dijo el anciano con lágrima en los ojos. - Hecho mucho de menos a mi madre, estará preocupada, es hora de cenar y yo no estoy en casa.- Se cogió la cara con las dos manos.
- Pues la verdad no se donde estoy. Y tampoco se si pensar que en realidad existe el hombre del saco pero no se que explicación dar a todo esto.- Dije mientras miraba el móvil que tenía en el bolsillo. Estaba fuera de cobertura y la pantalla oscilaba como si fueran interferencias.
Cuando entré en aquella casita de madera vi que sólo era una sola estancia, repleta de personas, ancianos y niños que lloraban y sollozaban lentamente. Algunos de ellos estaban inconscientes en el suelo.
Me giré hacia el anciano que me abrió la puerta y le dije. - ¿Hay alguna salida?
- No hay salida posible, sólo esta casa, muchos de nosotros lo intentamos y no han vuelto. No vuelven, se quedan perdidos en la oscuridad. - Dijo el anciano mientras se le resbalaban lágrimas.
- Deberíamos hacer un gran fuego, así los que se han perdido podrían encontrar el camino de vuelta.- Acabado de decir esto todos se pusieron en pie y al unísono dijeron. - No tenemos nada para prender fuego.-
Yo de mi bolsillo saqué un mechero y todos sonrieron al verlo. Pronto muchos de ellos niños y ancianos arrancaron maderas y las sacaron fuera para hacer una gran pila de madera. Yo encontré un par de trapos sucios y los puse en la base de la pila. Encendí el mechero y al cabo de un rato se prendió fuego. La luz iluminó con fuerza el lugar, casi sin horizonte cuando miré al techo vi unos grandes pliegues como si de tela se trataran. - Que cielo más raro.- Entonces vimos como poco a poco la llama de la hoguera creció en un pequeño hilo de fuego hacia arriba y abrió un agujero incandescente en el cielo, pero no era el cielo sino...- ¡Estamos quemando el saco! - Todos gritaron de terror y yo cerré los ojos preguntándome que es lo que había hecho, íbamos a morir quemados. Pronto noté frescor en mi cara como si de una brisa de esperanza se tratara. Abrí los ojos lentamente y vi que estaba en el parque y en él estaba lleno de niños que jugaban, algunos a la peonza, otros al escondite, y otros se peleaban por unas canicas. ¿Un sueño muy real quizá? Seguí caminando como si no hubiera pasado nada.

Me metí por una calle estrecha y caminé entre montones de basura. Al final de la calle vi que estaba cortada y una chica de pie fumando en una entrada.
- ¡Oye! Tu, ven. - Me dijo la chica mientras me miraba soltando una bocanada de humo al aire. Yo me señalé a mi para cerciorarme de que me llamaba a mi.
- Si, tu ven. Acércate.- Dijo ella sonriendo.
Me acerqué hasta donde estaba ella.
- Dígame señorita. - Dije yo cortés.
- ¿Quieres pasar un rato conmigo? - Dijo ella muy dulcemente.
- No, señorita, yo simplemente pasaba por aquí. - Dije yo sonrojado.
- No te saldrá caro, te lo aseguro. Además puede ser la experiencia de tu vida. - Dijo ella.
- No me interesa comprar sexo, señorita, lo lamento.- Dije yo mirando a ambos lados.
- No vendo sexo chico, sólo amor durante un rato.- Dijo ella.
- No dudo que no ponga amor en lo que hace pero no me interesa.- Dije yo intentando irme con varios pasos hacia atrás.
- No lo entiendes chico. Te lo enseñaré.- Dijo ella mientras sacaba algo de su bolso.
Sacó una gran esfera roja que brillaba con algún tipo de luz y la extendió con ambas manos.
- Tocando esta bola, sentirás más amor del que nunca pudiste soñar. Toda una vida de amor mutuo en solo un rato. ¿Quieres probar? - Dijo ella mientras la bola brilló con más intensidad.
- La verdad es que no entiendo nada de lo que me estás diciendo.- Dije yo dando otro paso hacia atrás. Ahora estaba asustado.
- Veo que eres tímido. Lo arreglaré...- Dicho esto me lanzó la bola y yo por algún tipo de reflejo la enganché en el aire.
Estaba en un cine a oscuras mientras me besaba con pasión con ella. Me sentí bien, pletórico, la amaba, le decía te quiero una y otra vez mientras no dejaba de saborear sus labios. En un momento me vi durmiendo con ella acariciando su pelo mientras ella dormía abrazada a mi. En otro instante, me vi en una iglesia, me miré y estaba vestido con un traje muy elegante, ella estaba a mi lado vestida de novia...- Si, quiero.- Dije con total seguridad y lleno de amor. En otro instante me vi las manos arrugadas y ella preparándome té, yo le cogía las manos y la miré a los ojos, ella era anciana y sentí más amor todavía repitiendo mientras la besaba - Si quiero...-
Estaba en el suelo de aquella calle, casi sin aliento, y la bola tirada en el suelo, sin ningún tipo de luz. Yo me sentía triste y desconsolado, lloré como un niño. Ella estaba de pie delante mía con otra bola de color azul eléctrico delante mía...
- ¿Qué me has hecho?- Dije yo casi sin poder articular las palabras.
(Continuará)

1 comentario:

Angus dijo...

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