Después de todo este tiempo buscando un hogar apartado de la ciudad. He encontrado una casa en las afueras, apartado del bullicio y el ajetreo constante de una ciudad que no ha sabido calmar y templar mi mente. Ahora en unos días firmaré la compra de mi nuevo hogar...
- Hoy es el gran día.- Me dirijo al banco para la lectura de escritura y firma.
- ¡Buenos días señor Palau!- Me dijo Antonio, mi gestor inmobiliario al verme. – Está todo dispuesto a las nueve de la mañana. ¿Trae todos los documentos y el cheque? El vendedor, lo he comprobado, trae todos los documentos y un certificado del ayuntamiento de Llucmajor de que la propiedad está libre de cargas.
Si, no se preocupe. Está todo. Hoy mismo he contratado una empresa de mudanza para que pueda instalarme hoy mismo después de la firma. - Dije bostezando, me hacia falta café bien cargado. – Aunque señor Antonio, tengo que admitir, que no se si encontrarán, la empresa de mudanza, la casa con ese acceso tan complicado. Yo mismo podría ser que me pierda al ir. – Dije yo preocupado al acordarme del asunto.
No se preocupe señor Palau, seguro que se acordará y se acostumbrará en unos días. Los caminos son difíciles de asimilar pero un momento en que los recorremos, ya podemos hacerlo con firmeza y convicción, que el camino se hace sólo hacia nuestro punto de destino... Dijo el agente inmobiliario en un arrebato doctrinal.
Después de charlar durante un rato sobre cosas banales. Llego la hora de la firma en el banco. Una vez dentro nos condujeron hasta la cuarta planta y nos hicieron esperar en un despacho con una gran mesa oval. La moqueta desprendía un olor particular, entre polvo y algún tipo de fragancia, que por unos momentos me hizo acordarme de la muerte de mi difunto padre. Las flores de la corona olían a esta fragancia que no puedo definir exactamente. Después de algunos minutos entraron el notario, el señor Nicolas Garau y un representante del propietario, el señor Wolfgang Arthur. Yo me quedé algo extrañado. El notario pidió los motivos de la ausencia del propietario y el representante, un señor alto, demacrado e inexpresivo presentado como Hans Edgar Stiftung, sacó un papel de su porta documentos y dijo pausadamente y con una acento alemán bastante pronunciado. – El señor Wolfgang a fallecido recientemente, este documento pertenece a la señora Wolfgang única heredera de su difunto marido que me da poderes plenos como su abogado para dar validez a cualquier compra, venta u operación que preceda en nombre de los Wolfgang. – dijo sin un solo atisbo de imperfección lingüística. El notario cogió el documento y empezó a leerlo muy detenidamente. – Bien caballeros no hay ningún inconveniente en proceder con la operación, procederé a la lectura de la escritura de la propiedad. – Dijo el notario con sumo convencimiento. Después de haberse leído toda la escritura firmamos el representante de los Wolfgang y yo. Luego firmé algunos documentos de la hipoteca. – Bien señor Palau aquí tiene las llaves de su nueva propiedad... – Dijo el representante de los Wolfgang después de haberme entregado un basto manojo de llaves.
Me dirigía en mi coche hacia Llucmajor con algunas compras que había realizado antes de ir a la casa que seguramente estaría todo dispuesto cuando yo llegase ahí. Los de la mudanza habrían descargado todo y habrían dejado la otra copia de la llave encima de la repisa de la puerta. Pero yo no dejaba de pensar en la cantidad de llaves que me había entregado el señor Stiftung, abogado de los Wolfgang. Pero pronto descubriría el porque de todas esas llaves, mi memoria recuerda algunas puertas y algunos trasteros superiores, así como del garaje y caseta de las herramientas. Me acuerdo de las estatuas de la entrada, impolutas, imperecederas... El lugar era extenso, más de 5000 metros cuadrados de bosque rodeaban toda la casa y estaba aislada de unos pocos vecinos. Había tres grandes estancias, dos dormitorios grandes, dos aseos y un gran cuarto de baño. El jardín con las estatuas griegas era aproximadamente de 100 metros de largo y una fuente en el centro que era un busto de Neptuno sacando agua por la boca. La cocina era algo pequeña y daba al uno de las estancias, en forma de barra americana, pero muy vistosa. Cuando era pequeño me encantaba pasear por caminos rodeados de árboles. Me acuerdo que mi padre siempre decía que si ponías la suficiente atención, los árboles te contaban historias sobre duendes y hadas. Yo apreciaba mucho a mi padre, pero le gustaba demasiado jugar con la imaginación de mi sensible compresión, era un niño adulto que pretendía ser el enano de la película ‘laberinto’, aquella que protagonizó David Bowie.
La noche estaba cayendo ya en el horizonte y tenía que darme algo de prisa si no quería entrar ya a oscuras por esos caminos sin iluminar que son característicos de las viviendas rurales. Atascado en un denso tráfico me limitaba a tener paciencia y escuchar por la radio un debate que trataba sobre la consciencia del sueño.
‘los sueños son la potencia máxima de nuestra psique, para bien o para mal. Las pesadillas reflejan nuestros miedos y los sueños placenteros son nuestras perspectivas e ilusiones. Podemos tomar plena consciencia de ello y actuar como en un filme diseñado expresamente para nosotros’ – dijeron en la radio, un tal profesor Pau Bonet Mata.
‘Pero tiene que tener en cuenta que llegar a ese punto de consciencia es prácticamente imposible........’ – dijo una voz que no acabe de reconocer y corte inmediatamente para cambiar la emisora.
Los coches que tenía delante, parados, inamovibles daban un espectáculo de luces rojas en las que yo centré mi atención por un momento , olvidando por completo la realidad de que estaba atrapado en una larga cola de metal rugiente. Después de mi trance óptico pensé en que la casa tenía todo aquello que soñaba, la soledad, la majestuosidad de aquel jardín extrañamente decorado y el recorrido de un denso follaje de árboles, que despertaban en mi un raro flasback infantil.
Al llegar a Llucmajor tuve que tomar un desvío que me adentraba por el paso de una urbanización y después sólo la carretera estrecha que me atrapaba en la caída de la noche. No podía llegar ya antes de la caída del alba. El coche se movía y saltaba constantemente y yo estaba perdiendo mi orientación a medida que la oscuridad se hacía por momentos más evidente. Paro y miro un pequeño mapa que me había dibujado a través de mis visitas a la propiedad. Después de un rato consigo orientarme y llego al camino particular de la finca. Con las luces largas del coche no consigo ver el final del camino y ni tan siquiera rastro alguno de la casa… Paro otra vez el coche y mi consternación se hace evidente al salir y pegar varias patadas a la llanta del coche. – ¡Me he vuelto a perder por este sitio de mierda! ¡Joder, espero que los de la mudanza hayan hecho su trabajo…! – Dije en voz alta y muy alterada. Después de dar un par de pasos y respirar hondo cojo otra vez el mapa, por unos momentos creo oír un ruido de follaje cerca de mi coche… Me tranquilizo diciéndome a mi mismo que tan solo es la oscuridad y el silencio que hace resaltar cualquier sonido provocado por el aire. Miro otra vez el mapa y me hago un dibujo mental de por donde habría seguido mi extraviada ruta… Oigo el mismo sonido pero con más agitación… Dejo el mapa y miro a mi lado. Por momentos creo ver una silueta muy pequeña que se adentra en el follaje dando zancadas muy cortas, en esos momentos pongo en marcha el coche y sigo hacia delante. Después de unos metros veo que el camino no tiene salida y que extrañamente acaba en un torrente, pero antepuesto a él hay un trozo de pared con una puerta de madera bastante deteriorada… Me río sin parar cuando salgo de mi asombro e intento dar la vuelta al coche en ese camino tan estrecho. Sigo hacia atrás y pensando en volver a lo que yo creo que es el camino principal, quizá más hacia delante esté el camino correcto, pero en un momento por un reflejo inmediato freno el coche al ver un niño en medio del camino. La sacudida de la frenada me deja desorientado y cuando centro mi vista hacia delante no veo nada… - Estoy muy cansado o realmente la negritud absoluta hace ver visiones… - digo yo muy pausadamente. Por fin salgo de ese camino y llego al principal, sigo hacia adelante un rato y efectivamente hay otro camino particular. Giro y mis faros alumbran una casa a lo lejos, consigo identificarla por el jardín y sobretodo por la fuente de Neptuno que majestuoso su bulto descansa en su adornado lecho de piedra. Sigo hacia delante despacio siguiendo un camino muy estrecho que roza mi coche con la maleza. Llego a la casa y bajo del coche girando levemente la cabeza hacia todas las bolsas y maletas en la parte posterior del coche. Con un leve suspiro y cogiendo el manojo de llaves llego hasta la puerta principal. Estoy muy cansado maña será otro día – Dije en voz alta. Cuando crucé la puerta pude ver como habían dejado los muebles en la gran estancia principal. Espero que al menos la cama la hayan dejado en el dormitorio – dije pausadamente. Me dirigí con torpeza al dormitorio y encontré la cama con el colchón puesto encima. No pude resistirme estaba muy cansado…
Un paseo por el bosque con papa de noche, pero papa no me espera sigue hacia delante con un paso firme y casi ni puedo seguirlo mis piernas me pesan, me pesan mucho. ¡Papa! ¡Papa! ¡Espérame… casi no puedo seguirte! Papa se detiene pero cuando llego no es mi padre es una silueta negra, completamente negra. Me asusto… estoy muy asustado.. sácame de aquí, no quiero estar más aquí… tengo miedo, frío, sueño…
¡Dios mi cabeza! – dije bostezando. Que frío hace en esta habitación. Abro los ojos en despereza. ¡Pero que coño! Estoy en un banco de piedra frente a la fuente de Neptuno. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Abre andado en sueños? Sería la primera vez… - Mi cuerpo tiritaba y decía todo esto mientras intentaba que mi mente se centrara porque mi cuerpo estaba muy pesado, seguía agotado. De repente, pude ver una luz por la ventana de la casa. Rápidamente corrí la distancia entre la fuente y la casa. Entre por la puerta principal y vi a alguien sentado en uno de los sillones que estaban orientados hacia la ventana. Me acerqué para ver quien era. ¡Oiga! ¡que hace en mi casa! La figura se levantó… era completamente negra como una sombra… me quedé inmóvil incapaz de comprende aquella visión señalo una caja que había en una de las mesas y desapareció como si nunca hubiera estado ahí. Me acerqué a la caja y la abrí sin dilación. Encontré un reloj antiguo. ¡Esto no es mío! – dije en voz alta. Me fije que el reloj marcada la una y media. Constaté la hora con mi reloj de muñeca y efectivamente eran la una y media de la madrugada. En el aire, y de repente, escuche una voz que decía: Busca en los segundos muertos… Me estremecí y noté todo el vello del cuerpo que se me erizaba. Nunca había sentido nada así. Me sentí como un niño asustado en la oscuridad.
A la mañana siguiente y después de haber dormido en el sillón con una botella de bourbon en mis manos por unos momentos sentí el mismo escalofrío que sentí al ver aquella sombra. Algo muy familiar me estremeció pero después de mezclar el resto del bourbon con café todo fue colocándose en una lógica más calmada. Seguramente tuve uno de esos sueños muy que parecen muy reales, ¿creo que ayer escuche algo de eso en alguna parte? No se, será mejor que me ponga en marcha y empieza a desempaquetar cosas y a colocar muebles. Me pase casi toda la parte de la mañana limpiando para poder colocar los muebles en su sitio. Comí algo de pasta con una salsa preconizada y después durante toda la tarde estuve desempaquetando y colocando cosas en su sitio. Ya cuando cayó la noche me senté por un momento y descansé después del día que tuve. Me preparé un té y me hice algo de cena, una ensalada con un poco de pollo. Después me encendí la chimenea de mi nueva casa y me puse a leer un libro. Por un momento suspiré y disfruté de aquella paz que tanto ansiaba. Al poco de una hora sonó el teléfono de casa.
- Que raro... Me dijeron que tardarían días en instalar la línea y sólo tienen este número dos personas. La compañía y mi empresa. Quizá sea la compañía para avisarme de la puesta en alta de la línea. ¿Pero no es un poco tarde?. Miré el reloj y eran la una y media de la noche. Se ve que me había quedado absorto con el libro. Cogí el teléfono.
- ¿Dígame? - sólo oí el silencio y una voz muy tenue al fondo del sonido después acompañada de ruido de sin señal, como si fuera una radio.
- El tiempo... shhhhhh... no vuelve... shhhhh... atrás...shhhhh hijo mira afuera... shhhh jardín... – Solté el teléfono al suelo y me fui hacia la ventana.
Había cerca de la fuente aquella sombra negra de un hombre. – ¡No fue un sueño! – Me hacía señas para que le siguiera. Cogí el atizador de chimenea y salí a su encuentro. Cuando estaba fuera aquella figura seguí haciendo gestos con los brazos para que lo siguiera. De repente me quemé la mano en la cual llevaba el atizador, estaba al rojo vivo. – ¡Pero que está pasando! – La sombra empezó a caminar hacia el bosque y yo la seguí pero son acercarme demasiado. Había algo muy familiar en el movimiento suyo. Pero cada vez que intentaba pensar en ello me dolía más y más la cabeza. De repente se paró y se giró hacia mi. Me señaló el suelo y se desvaneció. Yo me acerqué hacia donde aquella cosa había señalado y vi en el suelo un pequeño reloj de bolsillo. – ¡No puede ser! – Recogí el reloj y leí la inscripción que tenía detrás – Al mejor Padre y esposo que haya podido dar tanta felicidad. Vivirás más allá del tiempo... – Lloré como hacia tiempo desde la muerte de mi padre. - ¡Quién coño hace esto! ¡No tiene gracia! – Ese reloj era el cual mi padre atesoraba y lo enterraron con él. Me arrodillé al suelo. Mi cabeza estaba confundida. Mi mano sangra por haber apretado mucho el reloj en la palma de mi mano. Apareció delante de mí la misma sombra de antes y con la voz de mi padre lloré aún más. – Debes coger la piedra así... y golpeas con el martillo justo en el centro... – La sombra se desvaneció y apareció la figura de mi padre. Al lado de él un niño... aquel mismo niño de la otra noche... pero un momento... aquel niño era yo...
- ¿Lo hago bien papa? – Dijo el niño.
- Si pero debes coger el martillo firme – Dijo mi padre mientras miraba su reloj de bolsillo.
- Mamá te escribió eso en el reloj cuando era jóvenes, cuando me preparaba para nacer como me dijisteis.- dijo el niño.
- Si hijo mío un trozo de verso que me escribió tu madre antes de que tu nacieras. Este reloj me protegerá del tiempo y siempre estaremos juntos.- dijo mi padre.
Mi padre al acabar de decir esto al niño se cogió el pecho y el niño zarandeó a su padre que yacía en el suelo. Después de eso la imagen fue dentro del hospital. Mi madre agarrándome y llorando con el reloj de mi padre en sus manos y me gritaba que el reloj se había detenido.
Yo estaba en el suelo de ese bosque llorando y con nauseas y por un momento miré el reloj que tenía en las manos. Estaba detenido a la una y media... y parado para siempre...
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