27.4.06

01.30 AM



Después de todo este tiempo buscando un hogar apartado de la ciudad. He encontrado una casa en las afueras, apartado del bullicio y el ajetreo constante de una ciudad que no ha sabido calmar y templar mi mente. Ahora en unos días firmaré la compra de mi nuevo hogar...

- Hoy es el gran día.- Me dirijo al banco para la lectura de escritura y firma.

- ¡Buenos días señor Palau!- Me dijo Antonio, mi gestor inmobiliario al verme. – Está todo dispuesto a las nueve de la mañana. ¿Trae todos los documentos y el cheque? El vendedor, lo he comprobado, trae todos los documentos y un certificado del ayuntamiento de Llucmajor de que la propiedad está libre de cargas.

Si, no se preocupe. Está todo. Hoy mismo he contratado una empresa de mudanza para que pueda instalarme hoy mismo después de la firma. - Dije bostezando, me hacia falta café bien cargado. – Aunque señor Antonio, tengo que admitir, que no se si encontrarán, la empresa de mudanza, la casa con ese acceso tan complicado. Yo mismo podría ser que me pierda al ir. – Dije yo preocupado al acordarme del asunto.

No se preocupe señor Palau, seguro que se acordará y se acostumbrará en unos días. Los caminos son difíciles de asimilar pero un momento en que los recorremos, ya podemos hacerlo con firmeza y convicción, que el camino se hace sólo hacia nuestro punto de destino... Dijo el agente inmobiliario en un arrebato doctrinal.

Después de charlar durante un rato sobre cosas banales. Llego la hora de la firma en el banco. Una vez dentro nos condujeron hasta la cuarta planta y nos hicieron esperar en un despacho con una gran mesa oval. La moqueta desprendía un olor particular, entre polvo y algún tipo de fragancia, que por unos momentos me hizo acordarme de la muerte de mi difunto padre. Las flores de la corona olían a esta fragancia que no puedo definir exactamente. Después de algunos minutos entraron el notario, el señor Nicolas Garau y un representante del propietario, el señor Wolfgang Arthur. Yo me quedé algo extrañado. El notario pidió los motivos de la ausencia del propietario y el representante, un señor alto, demacrado e inexpresivo presentado como Hans Edgar Stiftung, sacó un papel de su porta documentos y dijo pausadamente y con una acento alemán bastante pronunciado. – El señor Wolfgang a fallecido recientemente, este documento pertenece a la señora Wolfgang única heredera de su difunto marido que me da poderes plenos como su abogado para dar validez a cualquier compra, venta u operación que preceda en nombre de los Wolfgang. – dijo sin un solo atisbo de imperfección lingüística. El notario cogió el documento y empezó a leerlo muy detenidamente. – Bien caballeros no hay ningún inconveniente en proceder con la operación, procederé a la lectura de la escritura de la propiedad. – Dijo el notario con sumo convencimiento. Después de haberse leído toda la escritura firmamos el representante de los Wolfgang y yo. Luego firmé algunos documentos de la hipoteca. – Bien señor Palau aquí tiene las llaves de su nueva propiedad... – Dijo el representante de los Wolfgang después de haberme entregado un basto manojo de llaves.

Me dirigía en mi coche hacia Llucmajor con algunas compras que había realizado antes de ir a la casa que seguramente estaría todo dispuesto cuando yo llegase ahí. Los de la mudanza habrían descargado todo y habrían dejado la otra copia de la llave encima de la repisa de la puerta. Pero yo no dejaba de pensar en la cantidad de llaves que me había entregado el señor Stiftung, abogado de los Wolfgang. Pero pronto descubriría el porque de todas esas llaves, mi memoria recuerda algunas puertas y algunos trasteros superiores, así como del garaje y caseta de las herramientas. Me acuerdo de las estatuas de la entrada, impolutas, imperecederas... El lugar era extenso, más de 5000 metros cuadrados de bosque rodeaban toda la casa y estaba aislada de unos pocos vecinos. Había tres grandes estancias, dos dormitorios grandes, dos aseos y un gran cuarto de baño. El jardín con las estatuas griegas era aproximadamente de 100 metros de largo y una fuente en el centro que era un busto de Neptuno sacando agua por la boca. La cocina era algo pequeña y daba al uno de las estancias, en forma de barra americana, pero muy vistosa. Cuando era pequeño me encantaba pasear por caminos rodeados de árboles. Me acuerdo que mi padre siempre decía que si ponías la suficiente atención, los árboles te contaban historias sobre duendes y hadas. Yo apreciaba mucho a mi padre, pero le gustaba demasiado jugar con la imaginación de mi sensible compresión, era un niño adulto que pretendía ser el enano de la película ‘laberinto’, aquella que protagonizó David Bowie.

La noche estaba cayendo ya en el horizonte y tenía que darme algo de prisa si no quería entrar ya a oscuras por esos caminos sin iluminar que son característicos de las viviendas rurales. Atascado en un denso tráfico me limitaba a tener paciencia y escuchar por la radio un debate que trataba sobre la consciencia del sueño.
‘los sueños son la potencia máxima de nuestra psique, para bien o para mal. Las pesadillas reflejan nuestros miedos y los sueños placenteros son nuestras perspectivas e ilusiones. Podemos tomar plena consciencia de ello y actuar como en un filme diseñado expresamente para nosotros’ – dijeron en la radio, un tal profesor Pau Bonet Mata.
‘Pero tiene que tener en cuenta que llegar a ese punto de consciencia es prácticamente imposible........’ – dijo una voz que no acabe de reconocer y corte inmediatamente para cambiar la emisora.

Los coches que tenía delante, parados, inamovibles daban un espectáculo de luces rojas en las que yo centré mi atención por un momento , olvidando por completo la realidad de que estaba atrapado en una larga cola de metal rugiente. Después de mi trance óptico pensé en que la casa tenía todo aquello que soñaba, la soledad, la majestuosidad de aquel jardín extrañamente decorado y el recorrido de un denso follaje de árboles, que despertaban en mi un raro flasback infantil.

Al llegar a Llucmajor tuve que tomar un desvío que me adentraba por el paso de una urbanización y después sólo la carretera estrecha que me atrapaba en la caída de la noche. No podía llegar ya antes de la caída del alba. El coche se movía y saltaba constantemente y yo estaba perdiendo mi orientación a medida que la oscuridad se hacía por momentos más evidente. Paro y miro un pequeño mapa que me había dibujado a través de mis visitas a la propiedad. Después de un rato consigo orientarme y llego al camino particular de la finca. Con las luces largas del coche no consigo ver el final del camino y ni tan siquiera rastro alguno de la casa… Paro otra vez el coche y mi consternación se hace evidente al salir y pegar varias patadas a la llanta del coche. – ¡Me he vuelto a perder por este sitio de mierda! ¡Joder, espero que los de la mudanza hayan hecho su trabajo…! – Dije en voz alta y muy alterada. Después de dar un par de pasos y respirar hondo cojo otra vez el mapa, por unos momentos creo oír un ruido de follaje cerca de mi coche… Me tranquilizo diciéndome a mi mismo que tan solo es la oscuridad y el silencio que hace resaltar cualquier sonido provocado por el aire. Miro otra vez el mapa y me hago un dibujo mental de por donde habría seguido mi extraviada ruta… Oigo el mismo sonido pero con más agitación… Dejo el mapa y miro a mi lado. Por momentos creo ver una silueta muy pequeña que se adentra en el follaje dando zancadas muy cortas, en esos momentos pongo en marcha el coche y sigo hacia delante. Después de unos metros veo que el camino no tiene salida y que extrañamente acaba en un torrente, pero antepuesto a él hay un trozo de pared con una puerta de madera bastante deteriorada… Me río sin parar cuando salgo de mi asombro e intento dar la vuelta al coche en ese camino tan estrecho. Sigo hacia atrás y pensando en volver a lo que yo creo que es el camino principal, quizá más hacia delante esté el camino correcto, pero en un momento por un reflejo inmediato freno el coche al ver un niño en medio del camino. La sacudida de la frenada me deja desorientado y cuando centro mi vista hacia delante no veo nada… - Estoy muy cansado o realmente la negritud absoluta hace ver visiones… - digo yo muy pausadamente. Por fin salgo de ese camino y llego al principal, sigo hacia adelante un rato y efectivamente hay otro camino particular. Giro y mis faros alumbran una casa a lo lejos, consigo identificarla por el jardín y sobretodo por la fuente de Neptuno que majestuoso su bulto descansa en su adornado lecho de piedra. Sigo hacia delante despacio siguiendo un camino muy estrecho que roza mi coche con la maleza. Llego a la casa y bajo del coche girando levemente la cabeza hacia todas las bolsas y maletas en la parte posterior del coche. Con un leve suspiro y cogiendo el manojo de llaves llego hasta la puerta principal. Estoy muy cansado maña será otro día – Dije en voz alta. Cuando crucé la puerta pude ver como habían dejado los muebles en la gran estancia principal. Espero que al menos la cama la hayan dejado en el dormitorio – dije pausadamente. Me dirigí con torpeza al dormitorio y encontré la cama con el colchón puesto encima. No pude resistirme estaba muy cansado…

Un paseo por el bosque con papa de noche, pero papa no me espera sigue hacia delante con un paso firme y casi ni puedo seguirlo mis piernas me pesan, me pesan mucho. ¡Papa! ¡Papa! ¡Espérame… casi no puedo seguirte! Papa se detiene pero cuando llego no es mi padre es una silueta negra, completamente negra. Me asusto… estoy muy asustado.. sácame de aquí, no quiero estar más aquí… tengo miedo, frío, sueño…

¡Dios mi cabeza! – dije bostezando. Que frío hace en esta habitación. Abro los ojos en despereza. ¡Pero que coño! Estoy en un banco de piedra frente a la fuente de Neptuno. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Abre andado en sueños? Sería la primera vez… - Mi cuerpo tiritaba y decía todo esto mientras intentaba que mi mente se centrara porque mi cuerpo estaba muy pesado, seguía agotado. De repente, pude ver una luz por la ventana de la casa. Rápidamente corrí la distancia entre la fuente y la casa. Entre por la puerta principal y vi a alguien sentado en uno de los sillones que estaban orientados hacia la ventana. Me acerqué para ver quien era. ¡Oiga! ¡que hace en mi casa! La figura se levantó… era completamente negra como una sombra… me quedé inmóvil incapaz de comprende aquella visión señalo una caja que había en una de las mesas y desapareció como si nunca hubiera estado ahí. Me acerqué a la caja y la abrí sin dilación. Encontré un reloj antiguo. ¡Esto no es mío! – dije en voz alta. Me fije que el reloj marcada la una y media. Constaté la hora con mi reloj de muñeca y efectivamente eran la una y media de la madrugada. En el aire, y de repente, escuche una voz que decía: Busca en los segundos muertos… Me estremecí y noté todo el vello del cuerpo que se me erizaba. Nunca había sentido nada así. Me sentí como un niño asustado en la oscuridad.
A la mañana siguiente y después de haber dormido en el sillón con una botella de bourbon en mis manos por unos momentos sentí el mismo escalofrío que sentí al ver aquella sombra. Algo muy familiar me estremeció pero después de mezclar el resto del bourbon con café todo fue colocándose en una lógica más calmada. Seguramente tuve uno de esos sueños muy que parecen muy reales, ¿creo que ayer escuche algo de eso en alguna parte? No se, será mejor que me ponga en marcha y empieza a desempaquetar cosas y a colocar muebles. Me pase casi toda la parte de la mañana limpiando para poder colocar los muebles en su sitio. Comí algo de pasta con una salsa preconizada y después durante toda la tarde estuve desempaquetando y colocando cosas en su sitio. Ya cuando cayó la noche me senté por un momento y descansé después del día que tuve. Me preparé un té y me hice algo de cena, una ensalada con un poco de pollo. Después me encendí la chimenea de mi nueva casa y me puse a leer un libro. Por un momento suspiré y disfruté de aquella paz que tanto ansiaba. Al poco de una hora sonó el teléfono de casa.
- Que raro... Me dijeron que tardarían días en instalar la línea y sólo tienen este número dos personas. La compañía y mi empresa. Quizá sea la compañía para avisarme de la puesta en alta de la línea. ¿Pero no es un poco tarde?. Miré el reloj y eran la una y media de la noche. Se ve que me había quedado absorto con el libro. Cogí el teléfono.

- ¿Dígame? - sólo oí el silencio y una voz muy tenue al fondo del sonido después acompañada de ruido de sin señal, como si fuera una radio.

- El tiempo... shhhhhh... no vuelve... shhhhh... atrás...shhhhh hijo mira afuera... shhhh jardín... – Solté el teléfono al suelo y me fui hacia la ventana.

Había cerca de la fuente aquella sombra negra de un hombre. – ¡No fue un sueño! – Me hacía señas para que le siguiera. Cogí el atizador de chimenea y salí a su encuentro. Cuando estaba fuera aquella figura seguí haciendo gestos con los brazos para que lo siguiera. De repente me quemé la mano en la cual llevaba el atizador, estaba al rojo vivo. – ¡Pero que está pasando! – La sombra empezó a caminar hacia el bosque y yo la seguí pero son acercarme demasiado. Había algo muy familiar en el movimiento suyo. Pero cada vez que intentaba pensar en ello me dolía más y más la cabeza. De repente se paró y se giró hacia mi. Me señaló el suelo y se desvaneció. Yo me acerqué hacia donde aquella cosa había señalado y vi en el suelo un pequeño reloj de bolsillo. – ¡No puede ser! – Recogí el reloj y leí la inscripción que tenía detrás – Al mejor Padre y esposo que haya podido dar tanta felicidad. Vivirás más allá del tiempo... – Lloré como hacia tiempo desde la muerte de mi padre. - ¡Quién coño hace esto! ¡No tiene gracia! – Ese reloj era el cual mi padre atesoraba y lo enterraron con él. Me arrodillé al suelo. Mi cabeza estaba confundida. Mi mano sangra por haber apretado mucho el reloj en la palma de mi mano. Apareció delante de mí la misma sombra de antes y con la voz de mi padre lloré aún más. – Debes coger la piedra así... y golpeas con el martillo justo en el centro... – La sombra se desvaneció y apareció la figura de mi padre. Al lado de él un niño... aquel mismo niño de la otra noche... pero un momento... aquel niño era yo...

- ¿Lo hago bien papa? – Dijo el niño.

- Si pero debes coger el martillo firme – Dijo mi padre mientras miraba su reloj de bolsillo.

- Mamá te escribió eso en el reloj cuando era jóvenes, cuando me preparaba para nacer como me dijisteis.- dijo el niño.
- Si hijo mío un trozo de verso que me escribió tu madre antes de que tu nacieras. Este reloj me protegerá del tiempo y siempre estaremos juntos.- dijo mi padre.

Mi padre al acabar de decir esto al niño se cogió el pecho y el niño zarandeó a su padre que yacía en el suelo. Después de eso la imagen fue dentro del hospital. Mi madre agarrándome y llorando con el reloj de mi padre en sus manos y me gritaba que el reloj se había detenido.

Yo estaba en el suelo de ese bosque llorando y con nauseas y por un momento miré el reloj que tenía en las manos. Estaba detenido a la una y media... y parado para siempre...


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12.4.06

Mare Noctem



- El cielo se oscurece como los sentimientos de una persona en cualquier solitaria barra de bar. Los camareros limpian y ordenan la barra y una chiquita entra a última hora para poder utilizar el servicio del lugar.
- ¿Va a querer algo más señor? Vamos a cerrar dentro de unos instantes - se dirigía hacia un camarero muy educadamente.
- No, al menos, hoy ya no. Cóbrese y quédese con la vuelta.- dije yo cabeza abajo.

Salí del lugar tan rápido como pude ya que mi cabeza se percato ser cómplice de algunas miradas del bar. No se a donde ir. Todas las calles de noche guardan un semblante imperecedero que mire allá donde mire siempre veo lo mismo pero con diferente forma... Siempre lo mismo y su cara también me aguarda ahí donde vaya. Llorar esta noche sería un gran alivio pero ya las lágrimas no saldrán más porque muerta mi cordura sólo soy un trozo de carne errante que huye de su cara...

Camino por diferentes lugares de esta ciudad, incluidos están algunos pasillos de mi mente que no deja el tormento de mi tragedia... Si pudiera descansar...

Hace un año que la conocí. Yo un pobre infeliz que trabajaba en un hostal donde la gente iba y venía, pero ella deslumbró con su mirada el lugar deslumbro mi alma y quise por un momento acercarme tanto como pude para llegar a olerla.

¡Buenos días chico! Tienes alguna habitación para una semana - Dijo ella muy jovial. Su cuerpo era esbelto y ella no era muy alta. Pelo negro y ojos oscuros con un enigma que tenía que ser mío.

Si, tenemos habitaciones señorita. Una semana piensa quedarse, no es ningún problema. Deberá dejar su documentación y dejar un pequeño deposito al firmar este documento - Dije yo sin poder de dejar de deslumbrarme con sus ojos.

Muy bien. Pues si me permite su equipaje la subiré a su habitación, perdón, digo subiré su equipaje... - Dije a trabalenguas por la torpeza de lo que dije aunque lo pensara.

Ella río y se acercó más a mi. - Crees que podrías llevarme tu sólo hasta ahí arriba.- Volvió a reir - Sería muy interesante, ¿como te llamas? - Dijo con una sonrisa y una cara de pícara que hacía que todavía la deseara más.

Me.. me llamo Mario... - Era evidente que ella había causado una gran impresión en mi, porque yo no dejaba de acariciarla en mi mente.

- Muy bien Mario. Yo me llamo Leire y si no estás muy ocupado me encantaría tomar una copa contigo esta noche. Ya que he venido a esta isla por trabajo y no conozco a nadie. ¿Te gusta el plan?- Dijo ella mientras se mordía levemente el labio inferior.

- Pues me gustaría mucho.- El color rojizo de sus mejillas me ardia en mis propias, me ardía la cara y me faltaba la respiración.

En esa noche tomamos muchas copas en uno de los bares más escondidos de la ciudad.

- No hay nada más fuerte que pueda hacer mella en mi...- Dijo mientras se ponía de pie y se movía al ritmo de la música. Parecía una serpiente que me tenía hipnotizado. Yo le pedí al camarero una botella de absinthe y solté una gran propina para aderezarla con ajenjo. - Busquemos juntos al hada verde le dije yo mientras cogía su mano... ella me sonrío, bebimos reimos y en su cama me hizo suyo durante toda la noche...

Durante aquella semana fui muy feliz. Empezamos a charlar de nuestras inquietudes y de derribar mi coraza ante ella, extendiéndole una alfombra de seda negra para hacerle la idea de entrar más apetecible y entró en mi para destruir todo aquello que formaba parte de mi fuerza, mi ilusión y mi creencia en el amor que había despertado con ella.

Después de aquella semana se quedó la siguiente y la siguiente porque según me dijo su empresa deseaba destinarla aquí para abrir una oficinas en la isla. Ella trabajaba para un bufete de abogados pero era un especie de secretaria. Le dije de vivir juntos,. Ella aceptó. Para mi desgracia.
Toda aquella pasión se disipaba a pasos agigantados durante los meses qe pasaron. Yo le pedía si todavía ella me quería y ella me contestaba que a veces creía que ella no podía amar a nadie y mi deseo se volvía tormento, ignorancia y locura. Un día llegue a casa después de trabajar, como siempre muy tarde por la noche y me alegraba porque Leire y yo volvíamos a estar mejor. Salí algo más temprano y tenía reserva en un caro restaurante de la ciudad. Cuando cruzaba la puerta de mi casa con un ramo de rosas en la mano encontré a Leire follando con otro en la sala de estar con una correa en el cuello y un hombre que no conocía que la estiraba de la correa por detrás como si fuera una perra. - ¡Pero que coño está pasando aqui! - Dije yo chillando de rabia. Para no cometer una locura apreté en mis manos el ramo de rosas y poco a poco noté brotando mi sangre por mis manos... Salí de ahí.

Todavía no he vuelto a mi casa y ahora vago todavía por las calles escapando de su rostro pero me persigue. Estoy enamorado de ella pero no para volver a ver esos ojos de burla cuando los vi ahí en el salón.
Antes de que pudiera llegar al bar más cercano me llamó a mi móvil.
Descolgué apretando el aparato. - ¡Como cojones has podido hacerme esto! ¡ Yo te quería! ¡Estaba enamorado de ti! - Dije a voces. - ¡Pshh! Escucha bien Mario. Ya te dije un día que no te enamoraras de mi. No soy nada de lo que tu querías. Durante todo este tiempo que hemos estado juntos te he engañado con varios hombres. Hombres de la peor calaña que pueda existir porque tu Mario me aborreces me haces ver lo que soy y eso no me gusta. Pero cuando estoy dejándome poseer una y otra vez por algunos de estos hombres que conozco en los peores lugares de tu ciudad me hace sentir que no soy tan mala como me siento contigo pero ahora otra vez me haces sentir así... Adiós Mario...

Después de esa llamada busque en los brazos de mis antiguos demonios una respuesta a todo un transcurso de mi vida que no entendía. Nunca antes me había enamorado como esta vez y en otras ocasiones mi apego no era tan grande pero acaban por hacerme siempre daño... Leire tenía razón soy demasiado bueno... Soy un lastre para cualquier mujer...

Mis pasos me llevaron como un lobo herido languideciendo y buscando un lugar tranquilo donde quizá no muriera pero pudiera llorar en paz. Estaba creo que en el puerto y baje por una escalerilla de piedra hasta un pequeña caleta de arena. El mar se movía muy alborotado yo me senté apoyado en las rocas y dejé que el alcohol me poseyera del todo... estaba cansado.. estaba bajo en influjo de algo que poco a poco me iva envenenando el corazón, un veneno con nombre de mujer, un veneno con el brillo de esos ojos, un veneno al recuerdo amargo del sabor de unos labios... ¡Leire arde en el infierno! Pero bésame una vez más...aunque sea en un tiempo de sueño...

¡Despierta Mario! - Una voz de mujer que no reconocía.
¡Despierta dormilón! - Una voz de mujer que no podía reconocer porque no podía abrir los ojos. Parecía que me había despertado de estar largo tiempo durmiendo. Mi cuerpo estaba dolorido y mi boca tenía un sabor extraño y seco. Algo o alguien me reincorporó y humedeció mis labios con algo dulce. El tacto que sentí eran unos finos brazo aunque la suavidad de ellos me hizo un estar momentáneamente muy a gusto. - ¿Quien eres? ¿Dónde estoy? - Dije con la voz muy ronca y seca.
- ¿Y tu sabes porque estas aquí? Un nombre resuena en mi cabeza. Una maldad resuena en la tuya y un amor que en rabia se ha convertido, y un no volver jamás que sello tu llave hacia este sitio.- Me dijo la voz femenina que oía porque yo todavía no podía abrir los ojos.
- ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Y pregunté cuál era tu nombre? ¿No puedo verte? - Dije mientras batía las manos al encuentro del origen de esa voz.
- Tu nombre se fue revelado cuando llegaste y pronto podrás abrir los ojos. Mi nombre es luna. - Dijo Luna mientras me tocaba la mejilla.
- ¡Fuera! ¡Aparta! ¡No entiendo nada! ¡Serás alguna delincuente que se aprovecha de mi exceso con el alcohol. - Dije yo apartando su brazo y empujando a Luna mientras me ponía de pie.
Ella río con soltura. - ¡No me pareces tan débil después de todo!
Podía oír el Mar que se agitaba y el viento que rozaba mis mejillas llevaba consigo ese perfume marino con el toque de sal. Seguía en esa pequeña cala pero... ¿quien era esta chica? De repente escuché de todas partes unos sollozos de angustia y un fuerte olor a mar salada.
- ¿Que pasa? ¿Que sucede? - Dije alterado.
- Son las lágrimas del mundo humano que caen en la noche perpetua de Mare noctem. Este lugar es el final de aquellos sufrimientos que no dañan el cuerpo pero dejan una herida en el alma difícil de borrar... Aunque me sorprende verte aquí. ¡Hace tiempo que estoy sola! - Dijo luna mientras saltaba y hacia un baile algo gracioso.
- No entiendo nada. Y no puedes venirme con tal desfachatez para dar una explicación a una cosa que acaba de suceder que no es posible entender dentro de la lógica. ¿Quieres que te diga la verdad? Creo que estás flipada y que este hecho ha promovido tu fantasía sin sentido... - Dije mientras me ponía las manos en la cara y me frotaba los ojos.
- Si no me crees Mario. Tu eres el que realmente intenta dar como explicación una racionalidad inexistente. Mira por un momento a tu alrededor y despierta... - Dijo Luna mientras me tiraba agua en la cara sin ver de donde la sacaba, simplemente acarició el aire, Yo me aclaré los ojos y mire a ambos lados de mi sitio. Estaba en una playa y todavía era de noche. No había luz alguna ni siquiera la de la luna pero si que se podía ver de forma nítida todo aquello que me rodeaba, un mar infinito, a los lados una playa infinita y detrás de mí... ¡Un cristal! ¡Un cristal con forma en relieve! ¿Pero como era posible? No se podía determinar la envergadura pero realmente parecía que tampoco tenía un final. - ¿Dónde estoy?- Dije en voz alta.
- Bien, ya te lo dije. Estas en Mare Noctem. Un lugar donde vienen a parar las lágrimas imperecederas. Donde de una forma sempiterna se almacenan los sentimientos tristes para que no vuelvan a rebotar en tu mundo aunque algunas veces algunas se me escaparon... - Dijo Luna mientras mantenía un risa infantil.
- No lo entiendo. ¿Se supone que eres una diosa o una carcelera de algo que no acabo de entender? - Dije mientras mi vista noo podía apartarse de aquel cristal. Tenía formas en relieve de espirales que a veces emitían unas luces en forma de estela pero sin resplandor alguna, ¿algo eléctrico quizás?
- Bien mi pregunta no es como has conseguido llegar. Ningún humano antes había estado en este mundo. Pero tampoco era algo imposible... - Dijo Luna mientras se ponía la mano en la barbilla. Por unos momentos me fije en aquella chica. Era de baja estatura pelo lila y los labios pintados del mismo color. Era muy esbelta y de unas formas esculpidas por manos de algún artista pero lo que más me llamó la atención fueron sus ojos, o eran extremadamente claros o eran blancos con alguna tonalidad. Sus ropas era ceñidas, un jersey negro y unos pantalones también del mismo color pero estos eran anchos. Había algo raro en ella, no se que era pero me pareció que emitía algún tipo de luz pero no conseguía matizarlo bien durante mi detenimiento en ello - ¿Que miras? - Dijo Luna con la cara seria.
- Pues la verdad me preguntaba que eras tu realmente. - Dije mirándola fijamente a los ojos.
- Creía que mirar así tan fijamente era de mala educación en tu mundo. - Dijo Luna con ironía.
- ¿Que sabes de mi mundo? - Dije curioso.
- Pues todo lo relevante a mi trabajo. Todo a través de vuestras vivencias. Vuestra vida está muy relacionada con el dolor y una forma de seguir vuestra existencia es después de algo muy desgraciado ver por unos desde fuera de vuestro cuerpo. Os veis, os escucháis, os doléis y entonces intentáis aprender u os volvéis con la misma rabia hacia el mundo como hizo en su momento vuestra desgracia. Dependéis de este sitio y de mi. De lo contrario no podrías mantener ese dolor en el olvido. - Dijo ella sentada en la arena.
- No te acabo de entender Luna pero si realmente es verdad lo que cuentas de este sitio. ¿Cómo puedo llegar a salir de aquí? - Dije mientras la cogía de los hombros.
- ¡Nunca me toques sin mi permiso! Y lo que te a llevado aquí es la misma llave que tendrá que volverte a tu mundo.- Dijo muy alterada mientras de un brinco saltó hacia atrás. Estaba muy nerviosa a raiz de que la agarré de los hombros.
- Lo último que recuerdo es que estaba borracho y que desperté aquí... - Dije yo agitando las manos.
- Eres más estúpido que el motivo que te ha llevado aquí. Tu desamor fue el culpable aunque todavía no entiendo porque tanto dolor por esto... - mientras decía esto su cuerpo de difuminaba y apareció otra vez distinto... ¡Leire! Rompí a llorar. Ella me miraba y se reía como una posesa.
- Eres realmente patético. Lo que nunca te dije es que disfruté con cada hombre que me follé en tu casa. Me penetraban una y otra vez y mientras lo hacían ¿sabes lo que me gustaba más? Imaginarme la cara de estúpido que pondrías... -Dijo mientras reía de forma endiablada y se frotaba todo el cuerpo de forma lasciva y grosera. Caí al suelo y rompí a llorar como un niño y luego grité como una bestia, con la rabia de una maldad que había sido revelada ante mis ojos... - ¡Basta no puedo más! - dije mientras estaba arrodillado con las manos en la cara. Algo me tocó la espalda y la empujé muy fuerte... -¡Déjame!- Grité casi dejando me la voz...
- Sigo sin entender porque sufriste tanto por alguien así. Cálmate, era necesario que vieras la esencia real de esa mujer. - Dijo la voz de Luna mientras vi que mis lágrima hacían una línea de agua que se dirigía al mar.
- Yo tengo que ausentarme por unas horas luego volveré...- Dijo luna mientras desaparecía en el aire.
- ¡Un momento! ¡No me dejes aquí!- Dije gritando al aire. Caí otra vez y volví a llorar.

Pasó una hora mientras contemplaba el mar y oía de vez en cuando que se agitaba y de él se escuchaban llantos y lamentos. Me preguntaba como podría salir de ahí. ¿Porqué estaba en este lugar? De repente del mar salió algo. La figura de una mujer pero no era Luna. Era muy alta y tenía el pelo rubio. Estaba desnuda y era preciosa. Su pelo acariciaba unos pechos redondos sin imperfecciones y sus pezones eran rosados muy carnosos. Su cara era inexpresiva y no parecía que sus ojos se fijaran en nada en particular. Camino lentamente hacia mi. Yo sin darme cuenta avanzaba hacia ella como si de una fuerza extraña me impulsara a dar pequeños pasos hasta llegar en frente suya.
- ¿Quien eres?- Dije yo casi susurrando.
- Soy tu amor. Poséeme aquí y ahora. Ámame... - Dijo ella con una de las voces más dulces que había escuchado en mi vida.
- ¿Pero que estás diciendo? - Dije asustado aunque ella era preciosa, ahora que estaba más cerca podía contemplar aquel precioso rostro. Sus Labios eran carnosos y húmedos que invitaban a comerlos hasta que el tiempo dejara de existir.
- ¡No! ¿Estás loca? No sabes que estas diciendo... - Yo intentaba alejarme pero algo me estiraba más hacia ella. Me abrazó y me susurro al oído un te amo que hizo que me estremeciera. Cerré los ojos y notaba como sus labios se acercaban a los míos.
- ¡Nooo! ¡Fuera de mis dominios! - Era Luna que gritaba eso mientras estiraba a la mujer y la tiraba al suelo con una fuerza fuera de lo normal. La mujer se levantó y su rostro había desaparecido, no tenía rostro alguno. Se arrastró hacia atrás como un animal asustado y volvió a las aguas de las que había salido.
- ¿Quién era? - Dije muy agotado.
- Era una bestia, sólo debes saber eso. Te habría matado si no llego a estar aquí. Consume la fuerza vital de sus víctimas mediante sus ilusiones. - Dijo Luna mirando hacia aquel extraño mar.
De repente el mar se tiñó de rojo y empezaron a escucharse muchos gritos de dolor.
- ¿Que sucede ahora? - Dije alzando la voz por culpa del estruendo.
- Muchos han sucumbido a la pena de una desgracia al mismo tiempo y mi mundo se combulsionado. - Dijo Luna mientras lloraba. Le caían unas lágrimas de color rojizo muy brillante.
- ¿Estás llorando? - Pregunté yo.
- Esto no son lágrimas humanas Mario. Son las lágrimas de alguien que no llorar. Ahora Mario cuando acabe este sufrimiento deberás adentrarte en las aguas tu sólo y enfrentarte a tu desgracia. - Dijo Luna muy seria.
- ¿Eso me sacará de aquí? - Pregunté yo sorprendido.
- Debes de tener cuidado pues cruzarás unas fronteras que pueden sumergirte para siempre en tu desesperación. Toma coge esto. - Luna me estaba dando una gema de color azul con un ojo dibujado en el centro.
- Cuando llegue el momento ponte esta gema cerca de tu corazón y desea volver a tu vida. Pero no antes de haberte enfrentado a tu desgracia pero ten cuidado porque su forma puede ser algo que no desearas haber conocido... - Luna después de haber dicho esto me señalo el mar. Con la gema en la mano me adentré en las aguas y cuando me cubría la cintura me giré hacia Luna y miré por última vez su rostro. De repente algo me cogió por las piernas y cerré los ojos.

Cuando abrí los ojos estaba de pie en una gran sala oscura y una niebla ligera cubría el lugar. Algo susurraba en mis oídos un nombre que me provocaba dolor, Leire. Unos pasos pronunciados de tacón se dirigían hacia mi. Un perfume que me adormecía se respiraba en el aire, un perfume familiar.
- Hola Mario. - Dijo Leire que apareció delante de mí. Estaba con los ojos vendados con un y en sus labios había marca de pinta labios que había sido frotado. Estaba semi vestida con un traje de tela negro muy ajustado.
- ¿Que haces tu aquí? - Dije entre dientes por la rabia que me consumía.
- Bésame Mario. Ámame. Seré tuya para siempre y de nadie más. Siento lo que ha pasado. - Ella se acercaba a mi cara frotando aquellos preciosos labios en los míos. Sus manos me paseaban como serpientes por mi pecho y acabaron quitándome la cremallera de los pantalones.
- ¡Para! ¡Ya no te amo! - Dije escupiéndole en la cara. Ella con dos dedos se limpió y se los relamió.
- Yo a ti si. Y quiero que me hagas el amor ahora mismo.- Me dijo mientras se mordía los labios.
- Creía que para ti se decía follar y por nada lo haría. ¡Vete!- Le dije mientras retrocedía. Mi pecho estaba a punto de estallar y un sudor frío me hacía perder la noción sobre la realidad.
- No lo entiendes Mario. Debes tomar una decisión porque tengo algo para ti que puede hacerte decidir. - Sus manos se encogieron y se retractaron hacia su cuerpo. En su cara comenzó a ser escamosa y sus ojos se volvieron amarillos. Sus piernas se juntaron e hicieron una. ¡Una serpiente de mi tamaño! ¿Pero que estaba sucediendo?
En mis manos apareció un ramo de rosas como las que llevaba aquel día y vi mis manos que sangraban.
- Leire me enamoré de ti pero eso es algo que va a cambiar. Adiós Leire. - Mientras decía esto le lancé a la serpiente el ramo de Rosas y la serpiente se desplomó en el suelo quedando sólo el cuerpo de Leire.
- ¿La amabas mucho verdad? - Dijo el cuerpo de Leire pero no era su voz.
- Hubiera dado en su momento mi vida pero ahora sólo quiero que se marche - Dije yo.
- Para creer en lo que dices debo tener algo como testimonio. - Dijo la voz del cuerpo de Leire.
-¿Y tu que se supone que eres? - Mientras me daba unos pasos hacia atrás.
- Soy aquello que nace de tu gloria y te mata en tu desgracia - Dijo mientras se ponía de pie una mujer desnuda llevaba un símbolo dibujado en el pecho. Era una rosa cruzada por una espada.
- Quiero irme a casa y volver a empezar. Quiero luchar por recobrar mi vida. - Dije mientras me acercaba la gema al corazón.
- Dame esa gema Mario. Es mala para ti. - Dijo ella mientras me extendía su mano. Su pelo era muy largo y negro. Sus ojos eran amarillos y muy alta.
- Ven a cogerla tu misma - Me puse la gema en el pecho. - ¿No pasa nada? ¿No funciona?
- Te lo dije Mario.- Dijo ella mientras se encogía de hombros. La gema se incrustó en el pecho y sangre mucho. Caí al suelo. Y luego me volví hacia Mare Noctem para siempre.


- ¿Se encuentra bien? -Dijo un policía que bajaba la escalerilla de la cala del puerto.
- Luna me has mentido - Dijo Mario.
- Disculpe ¿Qué ha dicho? ¿Se encuentra bien? - Dijo el policía con cara de extrañado.
- ¡No Luna! ¡No perdí la gema! ¡Hice lo que me dijiste! - Dijo Mario dando manotazos y chillando.
- ¡Oiga tranquilícese! Si aquí agente 24518 he encontrado una persona en la pequeña cala de al lado del puerto de Palma y necesito una ambulancia, parece que está enajenado o drogado.

- No quiero oír más esos llantos eternamente en Mare Noctem...- Dijo Mario mientras lo metían con una camisa de fuerza en la ambulancia.

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3.2.06

Descenso - 2. Obsesión.



- No quiero volver a secar mis lágrimas esta noche. Estoy cansada y con hambre, llevo caminando más de cuatro horas y seguro que me estarán buscando, pero no me importa. Me refugié en este cementerio dentro de un mausoleo, a nadie se le ocurriría en una noche como esta buscar aquí... Por momentos siento como debe saborearse la libertad, el poder de elegir cada movimiento que realice mi cuerpo sin tener que soportar el yugo del miedo nunca más... Esta lluvia no es más que la sinfonía que el mundo me dedica como recompensa a mi libertad, pero siempre es mejor que el dolor de golpes, crueles, sin sentido, no me arrepiento. La carencia de toda apelación a la felicidad que se me ha sido negada por algún motivo que no sé. Tenía 21 años cuando me casé, feliz y enamorada, con Jorge. Un chico que me daba todo aquello que se necesita cuando conoces por primera vez el amor; dulzura, cariño, comprensión, diversión... Pero el temible día que firme mi encarcelamiento ante un altar, lo desconocía por completo. Jorge era una persona reservada en muchos aspectos de su personalidad, ahora entiendo mejor que debí indagar más sobre más cosas de él. Nos compramos una casa en una urbanización a las afueras de la ciudad, recién casados todo era nuevo y dulce. El compartir una cama, un café por las mañanas, el aseo, ver la televisión juntos... Pero al paso de los meses como pareja yo me relajé, tenía ganas de ver a mi familia, amigos, salir de vez en cuando, pero Jorge cada vez que le proponía hacer alguna de estas cosas se negaba y mucho peor cuando decía de hacerlas sin él, se enfurecía.
- ¡Seguro que quieres perderme de vista para irte con el primero que te plazca! Me decía él chillando, con ojos coléricos. Por supuesto al principio intentaba entenderlo más, me quedaba en casa con él, sin salir a ningún sitio, haciendo de buen ama de casa pero sentía que mi libertad en su compañía era totalmente privada de mí. Cuando él estaba trabajando, yo hacía la casa y no tenía coche para bajar a la ciudad. Llamaba a mis amigos pero no podían desplazarse porque también trabajaban y cuando me pedían de quedar en la ciudad, simplemente se oponía mi marido. Yo no podía ya soportar esa situación, así que reivindiqué mi derecho de libertad frente a Jorge, una mañana de domingo durante el desayuno le dije que no podía seguir sin ver a más gente que no fuera él, que el amor que sentía por él no estaba en peligro por el simple hecho de que yo quisiera hacer cosas, como trabajar o estar tomando café tranquilamente con mi familia o amigos... Él estaba todo el rato en silencio, su cara era una estatua que no expresaba ni un solo sentimiento, pero con una mirada muy fría me dijo: - El estar con todo el mundo menos conmigo te parece lo más grande, ¡puta asquerosa desagradecida! Yo te doy todo lo que necesitas. ¡Acaso de que te hayas cansado de recibirlo de mí! ¡Creo que ya sé lo que hacer para que te des cuenta de lo mucho que te quiero! - su voz era pausada y algo cínica, se giró lentamente hasta darme la espalda por completo, yo estaba helada, nunca había visto tanta coordinación en las palabras, tal templanza, templanza que parecía ese soplo de viento que sucede cuando revienta una tormenta, así fue, en otro giro pero muy rápido noté un golpe muy fuerte en la cara, luego la oscuridad...
Me desperté en el trastero de la casa, desnuda y ensangrentada por varios cortes en mi cuerpo, ¿pero que había hecho Jorge? Una pequeña luz en un portalámparas era mi sosiego y el frío se me metía en el cuerpo ¿o era el miedo? Pasaron las horas con interminables sollozos y gritos pero nadie acudía en mi ayuda, ni siquiera aquel monstruo que dios sabe que locuras había cometido mientras yo yacía inconsciente. Al cabo de casi un tiempo inmensurable ya para mí, se abrió la puerta lentamente. Un frío más grande recorrió todo mi cuerpo, era Jorge con una sonrisa casi endiablada, me miró de arriba a abajo de una manera muy fría y me dijo: - ¡Has aprendido ya la lección! ¡Conmigo no puedes jugar! - Pero por dios Jorge esto no está bien, necesitas ayuda, no se como expresar lo que me has hecho. ¡Eres otro! ¡No te reconozco! Dije yo entre lágrimas y lamentos. - Veo que todavía no acabaste por ver todo lo que siento por ti, será mejor que te deje sola para que pienses en ello, pero antes de eso... ¡Tienes que recordar! - dijo serio y cínico mientras me golpeaba la cabeza. - ¡Entiendes, eh! Recuerda... - no cesaba de golpearme - Pero que quieres que recuerde por el amor de dios, suéltame y hablemos Jorge, mírame y deja de pegarme. Cada golpe me apartaba más de la realidad, incluso llegó un momento que no me importaron los golpes, sólo aquellos ojos que me miraban con furia.
Me quedé en la oscuridad de aquel cuarto. No podía ver. Perdí el conocimiento varias veces, supongo por lo hambrienta que me sentía. Reía y lloraba al mismo tiempo. La locura de lo que estaba viviendo se apoderaba de mi. El amor no podía haber provocado todo aquello... La obsesión, que se había apoderado de él había convertido un hombre en un monstruo. Mis manos estaban cubiertas de sangre y sudor. Después de perder un rato más el conocimiento note que las cuerdas estaban flojas. Me deshice de las cuerdas y me quite la de los pies. Me levanté y abrí la puerta. Todo estaba a oscuras con un silencio aterrador. Vi una luz al fondo del pasillo que provenía del comedor... Me acerque con cuidado... En el comedor estaba la mesa puesta y la luz era la de unas velas de color rojo, me las regaló Jorge antes de casarnos, decía que el día que las encendiéramos sería para una despedida... Estaba helada, vi que en una de las sillas había un camisón de color blanco. Me lo puse temblando. No escuchaba nada, ningún sonido... Cogí uno de los cuchillos de la mesa y me lo guardé debajo de la manga... Oí un ruido en la puerta de la cocina... Me acerqué furiosa con el cuchillo en las manos, lo alcé, y cuando se abrió la puerta acuchillé a alguien, una y otra vez, apreté mis ojos y cerré más el mango del cuchillo en mi mano. Cuando abrí los ojos vi a Jorge cubierto de sangre con una carta en las manos... Cogí la carta y salí de la casa corriendo, más y más hasta que llegué aquí... Todavía la carta está en mis manos arrugada y mojada con algo de sangre en una de las caras...abro la carta y empiezo a leer:

Hola cariño,

Tengo algo que confesarte. Se que estás triste, angustiada, asustada y que debes odiarme. Pero cuando nos conocimos yo tenía un largo y oscuro pasado que nunca te conté por miedo a perderte. A los siete años me diagnosticaron esquizofrenia paranoide y creo que he tenido una crisis contigo amor mío. Sé que estás hambrienta y dolorida. Te desaté las cuerdas y preparé algo de comida. Habrás visto las velas rojas, recuerdas cuando te las regalé. Pues sabrás que este es el final. Quédate con la casa. Yo me marcho para no volver nunca y espero que seas muy feliz. Una cosa apaga las velas con los dedos, no con un soplo, recuerda que sino se desvanece el alma.

No puedo pedir perdón por lo que he hecho pero lo siento.

Jorge.

Sé feliz.



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Tiempo de desierto


El paso del tiempo y sus dificultades, nos han desorientado, marcado y cambiado. La autosuperación y utilizar todas las herramientas a mano (buenas o malas) para conseguir nuestro propósito, a veces, nos hace olvidar los valores importantes y el '¿Porqué?' de todo lo que realizamos. La consecuencia tiene que tener un pilar firme para poder hacer frente cualquier reacción. Cada paso, bueno o malo, significa un triumfo y unas enseñanzas. Por eso escribí este cuento:



- El calor está acabando con mi aliento, cada vez es más denso y caliente, no sé si puedo continuar por las arenas. Las dunas parecen grandes Alpes imposibles de escalar, sus caras me parecen desfiladeros que desde mi posición contemplo con cierto dolor por el intenso sol que me abrasa los ojos. ¡Un paso tras de otro! ¡Uno más! ¡Quiero tenderme sobre la arena... no! ¡No puedo descansar ahora! ¡Está cerca! ¡Muy cerca! Mis labios cortados derraman sangre que cae pero no permanece en la arena, ¿a donde irá? Tengo que continuar... Consigo salvar una de las últimas dunas que obstaculizaban mi camino para mirar un horizonte que me parece infinito... caminando por una arena que me cobra a cada paso un poco más de mi cuerpo, un descenso a la nada o quizás pueda descubrir donde fue a parar mi sangre... la sed enturbia mi pensamiento y empiezo a decir cosas sin sentido: ¡todos han muerto ya y nadie puede hacer vivir a mí! ¡Doy dos bofetadas a mi cara! ¡Sigue adelante falta poco lo presiento! ¡El infierno tiene que ser un lugar muy parecido a este! ¿Parece que hay una bajada? No sé si mis piernas aguantarán... me acerco arenoso y sin aliente a pie de la bajada, levanto mi cabeza cada vez más... ¡Lo sabía! ¡Sabía que estaba cerca! Vi el punto rojo de llegada ahí en la arena, mis fuerzas dan su ultima ráfaga para correr hacia mi final de agonía...

- ¡Enhorabuena has llegado hasta el final de este tiempo! - dijo alguna voz desde todas partes.

- Pasarás unos momentos buenos aunque cortos, porque nuestro tiempo de arena no fue completado sin un planteamiento final, todavía no podrás conseguir un nombre hasta que acabes por encontrar el planteamiento como finalidad de este tiempo de arena, error en preocuparse por la visión, error en sólo preocuparse por seguir sin tener un origen de partida, pautas que no dan lugar al planteamiento, perderás tu memoria y dentro de dos días empezarás de nuevo tu tiempo de arena...


- El calor está acabando con mi aliento, denso y caliente, el viento sopla con guarnición de arena que reseca todavía más mi cara, no recuerdo de donde vengo pero si a donde voy hacia adelante, sin mirar atrás en mi tiempo que por alguna razón no recuerdo, sólo importa el camino de seguir caminando hacia ese sol implacable que agoniza con látigo de calor mi pecho y mi boca, sufrimiento que realiza un extraño preludio hacia acontecimientos que ignoro. Las arenas bailan con mis pasos y me tiran al suelo como un niño travieso, pero he de mirar hacia adelante mi tiempo, no puedo contemplar mi caída, porque el tiempo no permite un instante ya que no deja moverse en constante carrera para robar aquellos segundos que se escapan a mi compresión. Una duna detrás de otra, me enseñan a superar siempre la siguiente de una manera más fácil, algunas veces rodeándolas, algunas buscando el trozo más bajo para pasar... Puedo sentir mi respiración mientras camino, el tacto de mis manos con el viento, la sangre de mis labios que relamo hacia mi garganta sin dársela al desierto. Erguido hacia algún lugar mejor o peor que este, cruzo otra duna sin maravillarme por su grandeza, la recorro de arriba abajo para encontrar un punto donde pueda pasar sin dificultad, cada vez que recorro las sombras de una duna me parece glorioso como el sol empaña de luz lo que no se esconde a su dominio. Al cruzar la duna, vi un gran punto rojo, algo me decía que llegaba al final de algo, camine hacia ahí y me senté en el centro pensando en el origen que no recuerdo, en el transcurso de mi viaje hacia este punto, orgulloso de haber llegado y haber salvado grandes obstáculos sin tener que perder todas mis fuerzas...


- Enhorabuena viajante, has completado tu tiempo de arena, y has conseguido llegar en tus pensamientos hacia un planteamiento final, ahora di tu planteamiento de tu tiempo de arena y posee un nombre- Dijo una vez que provenía de todas partes.

- El camino aunque difícil y perdiendo el origen del mismo, nos enseña durante su transcurso si meditamos en los detalles que forman el conjunto, y que ello nos ayuda a superar pruebas que nos parecen a simple vista insuperables o costosas, el final no importa si no el camino que has seguido hacia él. - Dije yo en voz alta.


- Ahora elige un nombre y permanece donde tu quieras... - Dijo la voz.

- No quiero ningún nombre, sólo permanecer en la mente de los humanos y superar otros tiempos de desierto...


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1.2.06

Un día cualquiera




A lo que me refiero es que en un día cualquiera pongamos por ejemplo: - Me levanto, instintivo movimiento hacia el despertador, me hago una idea de la hora que es, aunque odie hacerlo. Luego me dirijo hacia el baño, y empezamos la operación matutina de higiene. Desayuno cigarrillos y café con leche. Miro mi correo en Internet para ver lo que la gente se acuerda de mí. Me visto. Paseo por la casa para buscar llaves, móvil, etc. Dios no encuentro el móvil (como si la vida se me fuera en ello), cojo el teléfono fijo para llamarme a mi mismo dentro de mi propia casa (cosas más ridículas hemos hecho, como llamar a un amigo a su teléfono fijo y preguntarle: ¿estás en casa?). Me suena delante de mis narices, lo cojo pensando de que nadie a visto mi falta de reflejos matutinos. Salgo a la calle. Busco mi coche entre un sol cegador y una memoria que necesita más cafeína o una ampliación de caché (lo se, a veces los informáticos pensamos de esta manera tonta). Encuentro mi coche después de haber reflexionado durante dos minutos de donde podría estar. Me dirijo al trabajo. Trabajo durante ocho horas, hablando por un teléfono y tecleando frenéticamente un ordenador procesando datos. Acaba mi jornada laboral. Me voy a comer. Más tarde tomo un café en compañía de alguien. Voy a casa si no se precia nada más. Ceno. Desvarío con mi música en casa (gracias emule por las cosas que nos has dado). Me ducho. Me acuesto. Y sueño... Que podemos sacarle de jugo a un día cualquiera, pues aquellos detalles que no relatamos de forma escueta.... Unas risas. Un abrazo de un ser querido. El amor de alguien que te complementa. Una buena noticia. Una mala noticia. Una pelea. Sexo. Entender reacciones propias. Entender las reacciones de los demás. Una película que te raptó de la realidad. Contemplar el mar. El cielo. Natura. Urbanismo. Imágenes cosmopolitas. Un pensamiento. Una ilusión. Una historia imaginaria. Unas miradas. Aprender de tu entorno. Escuchar y que te escuchen tus lágrimas en forma de tristeza o alegría. Proyectos futuros. Y un mundo lleno de posibilidades...¿Cuál sería tu día cualquiera?

31.1.06

¿Donde está mi mente?




Creo recordar que tiempo atrás carecía de tantas tensiones y que mi mente fluía de una manera vigorosa y que los problemas no duraban más de cinco minutos o les quitaba tanto peso al asunto podía darse por zanjado. Esta mañana he creido no recordar ni siquiera quien era y donde estaba, ese pequeño instante entre el sueño y despertar. Esto se debe al extrés y saturación mental dijo alguna eminencia que ahora cuyo nombre inpronuciable no consigo acordarme. Este simple hecho me ha aterrorizado por eso escribí este relato corto:

- Mama, mama, ¿es de verdad que los niños pierden sus ganas de jugar cuando son mayores? - Los mayores, mi vida, tienen otras formas de jugar, juegos que los niños pequeños no pueden hacer - dijo la madre del niño con cara de cansada. - ¿Pero porque los niños cuando crecen se enfadan más? - Dijo el niño con cara de desconcierto. - Los mayores tienen muchisimas cosas que hacer y a veces nos enfadamos por tonterías, pero enseguida nos arreglamos...- dijo la madre risueña. -Pero, mama, mama, ¿porque el vecino de al lado siempre tiene la cara seria? A veces de noche lo oigo llorar, mucho, mucho...y...y...dice cosas...porque...porque me haces esto...y cosas así...- dijo el niño interesado. La madre preocupada acostó a su pequeño relizando juegos gestuales para desviar la atención de sus preguntas. -Que curioso, no sabíamos que teniamos un vecino...que raro...bueno iré a ver, y si puedo colarle que no haga escandalo por las noches, por que mi niño es muy sensible y puede no entender según que situaciones.
La madre después de esperar un rato y realizar alguna que otra tarea doméstica, cojío las llaves del recibidor de la casa y fue a la puerta siguiente de su apartamento. Tocó varias veces a la puerta. No había ninguna placa en la puerta. Tampoco se oía ningún ruido desde su interior. Tocó por última vez la puerta, esta se entre abrió. La mujer sorprendida asomó la cabeza. La ocscuridad del recibidor era intensa y el olor a casa cerrada y húmeda le pareció muy extraño. -¿Hay alguien? ¿Oiga? ¿Oiga?. Pero nadie contestó, el sonido recorrió el espacio creando un eco de vacío. La mujer pensó que el apartamento debía estar abandonado. Entró muy curiosa por lo que le había dicho su niño, por un momento pensó que debía ser la imaginación del niño, pero nunca antes había mentido. Intentó darle a la luz pero el interruptor no encendía nada. Se acordó que en su bolsillo tenía un mechero, así que intentó alumbrar con la lumbre del mechero. El apartamento estaba vacío y sucio. Un frío de horror se apoderó de ella al ver varias cucarachas que se amontonaban en un rincón. Pero curiosa se dirigió a la habitación que daba pared con pared a la de su hijo. Una vez en la habitación vió una cama toda sucia, también había un armario grande antiguo con un gran espejo en la puerta. De repento notó una gran respiración, ronca y desacompasada, muy ansiosa. La mujer se quedó inmóbil por el pánico de ese sonido. En la cama pudo darse cuenta que había una carta. La mujer en un arrebato de valentía cojío la carta y se fué de ese apartamento corriendo. Una vez en el suyo, se dirigió a la cocina y se preparo un infusión de hierba luisa y temblorosa miró la carta. No tenía nada escrito en el sobre y estaba sellado con cera roja, el papel era amarillento. Abrió el sobre y sacó un papel que tenía en su interior, que decía:

' He perdido todo. Mi identidad. Mi alegría. Mi tristeza. No tengo nada y a nadie. No se realmente quien soy. Encima de la cama de un apartamento que me parece totalmente extraño a mi. ¿Que rostro me tortura y quien es? No entiendo nada. Se que esto es un final, aunque algo en mi no quiera reconocerlo. Pobre quien quiera que seas. No temas. Duerme..sueña...sueña...sueña...alguien vendrá...'

La mujer con lágrimas en los ojos dejó el papel encima de la mesa y se dirigió hacia la habitación de su niño Abrió la puerta y vió que su niño dormía placidamente. Entonces escuchó unos llantos de deseperación, venía de la habitación de al lado. De repente sacó el papel de su bolsillo, miró apresuradamente y vió en una esquina el nombre Juan. Ella gritó el nombre. - ¡Eres Juan! ¡Eres Juan! Entonces paro el ruido y la mujer notó una pequeña brisa en el papel, lo miró de nuevo y vió que ponía:
'Gracias por recordarme quien soy...'


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26.1.06

Descenso - 1. Memento no mori


Este es el principio de una serie de relatos cortos con diferentes personajes que cuentan su propio descenso, su gran caída. Cada cierto tiempo iré publicando una historia, de lo que ya llevo escrito pero no puedo ponerlo todo de golpe...




I


- Mis articulaciones chirrían como la puerta de un caserón sucio y abandonado. Hace días que mi cuerpo no tiene el calor necesario para aparentar ser normal. Soy peor que un yonki en busca de su dosis habitual de heroína para sus castigadas venas. Lo más gracioso de todo es que yo soy el castigo de esas venas y mi cuerpo es el que tiembla como el de un yonki por la abstinencia, en mi caso es por el atiborro que sufre mi boca de tan preciado líquido.
- Bueno es una noche más en el paraíso nocturno que nunca cambia, mire donde mire todo me parece de un mismo tono, y no saco ningún provecho de las luces artificiales que los humanos en afanes de superación han conseguido crear con sus propias manos, eso si más seguras que las antiguas antorchas, pero en un vago recuerdo de mi mente o lo que quede de ella está la magnificencia y majestuosidad de un campo de trigo bañado por la luz solar. Recuerdo cuando hace mucho tiempo el sol entraba en mis ojos y lo que siempre me quejaba todas las mañanas, y ahora por burla del destino no tengo ese placer de refunfuñar. Que tan divertido era! es otra de esas palabras: divertido que han sido borradas de mi cabeza por la degradación que ha sufrido este concepto con el paso lento de los años y su carencia de significado para mi. Quien debió crear tales conceptos? Que extraña sensación produce la nostalgia de palabras inventadas, ridículo, muy ridículo, pero en fin a ponerme el chubasquero creo que va a llover a cántaros pero la llamada de la sangre me obliga a salir en una noche lluviosa, me siento como ese obrero de clase baja que tiene que ir a trabajar en la fábrica todo el día para llevarse el triunfo de un trozo de pan a la boca...ahí llega el primer trueno...la primera centelleante luz...y luego el ensordecedor estruendo de la lluvia...creo que poco servirá el chubasquero...


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25.1.06

Transmutación.







''En la verdad a veces vemos más clara la mentira''

La vida a veces da unos vuelcos gratamente o nefastamente impresionantes. Todos estamos en continuo proceso de cambio, con una alineación cada vez más andrógena. Todos reímos, lloramos, nos revolcamos en la hipocresía, ilusiones y caídas. Mi criterio frente a las oleadas de un mar de sensaciones es que nuestra mente puede llegar más allá de lo que sencillamente ven nuestros ojos no todo tiene un porque sin una consciencia liberada de ataduras de lo material.

24.1.06

Alegoría sobre el infierno


En cuando mi alma se pose en la piedra caliente de las entrañas del averno,

suscitaré con mi rabia el fuego intenso que mi intrínseca alma se merece,

entonces las risas burlonas que me azotaban en vida perecerán en dulce melodía,

encontraré los terribles placeres de mi carne deshecha que recompondrán con clavos,

y cuando esté en el infierno, soñaré con otro infierno más cruel que ese,

transformaré el renacimiento de mi luz venidera en chispeante fuego rojo,

para la llama eterna no soy más que el combustible imperecedero,

quebrantaré el sufrimiento de una fría hoja afilada que asiste en mi eléctrico gozo,

y rescataré esos golpes que llueven desde lo alto para penetrar en el submundo del sucio ego,

Correré entre pilares de fuego en un festival de intensas desgracias,

Vástago inmortal de mi penitencia sin obligación de ser paria de mi ignífugo desprecio hacia el tiempo,

en el infierno intemporal crearé un arco donde pasarán hacia un espacio reducido que degraden las horas y minutos de un paso absurdo,

querré disolverme en un caldo alimentado por llantos que intentarán la fusión con mis partículas,

desagradecidos amorales fanáticos de una expresión inútil y salada al paladar,

dejad hervir la sangre que corre por vuestras venas y dejadse llevar por el funeral marchito de vuestras felices vivencias,

se venden parcelas en el infierno y yo soy primer accionista en ellas,

espinos de púas metálicas rodearan mi cercado para dar la bienvenida a mis visitas y daré un vaso de ácido a sus acaloradas almas,

y en la tormentosa morada de mi soñado infierno sonreiré, jugaré con la muerte una partida de damas, una a una caerán sus fichas y entonces ella me venderá su alma.