Anduve por la avenida, tranquilo, casi pendiente de mis zapatos. La acera me contaba su plena historia. Botellas de alcohol, pañuelos, paquetes vacíos de cigarrillos y un gris que ni se inmutaba por todo aquello. Me acerqué a un escaparate de una tienda cerrada, era de zapatos, había todo tipo de ellos. Al lado mío había un hombre de mediana estatura con una americana a cuadros que miraba unos zapatos de mujer muy concentrada y con aspecto serio.
- Mi mujer tenía unos zapatos como esos. Se los ponía a menudo para dar largos paseos cogida de mi brazo. Todavía veo su sonrisa y su pelo que apartaba yo de su cara con lentitud. - Dijo el hombre mientras cogía aire profundamente.
- Lo siento. Debió ser duro perder a su mujer. - Dije yo girando con timidez la cabeza hacia él.
- No la perdí, sólo quedamos para más tarde, estoy esperando a que abran esta tienda para comprarle unos zapatos como esos. - Dijo él mientras le brotaban alguna que otra lágrima de los ojos.
- Lo siento. Creí que falleció. - Dije yo mientras ya perdí la vista del escaparate.
- ¡No está muerta! ¡Sólo quedamos para más tarde! - El hombre me cogió con las dos manos de la camiseta mientras me zarandeaba. Yo conseguí liberarme de su ataque y corrí calle abajo. Aún podía oír sus gritos.
- ¡No está muerta! ¡No está muerta! - Se quebraron los gritos cuando quebró un cristal.
Me paré en una cafetería que se llamaba "Le petit chavalier", pedí un té y el periódico. El camarero me sirvió y me trajo un periódico que estaba partido justo por la mitad, horizontalmente.
- ¿Esto es una broma? - Pregunté sorprendido mientras miré al camarero.
- Es su periódico señor. ¿Algún problema?- Contestó el camarero con toda normalidad.
- Si, que no puedo leer la mitad de un periódico, es absurdo y demencial.- Contesté yo a desdén.
- Es que así señor, sólo lo adquirimos a la mitad de su precio e intentamos dar a nuestros clientes el mismo trato. - Dijo el camarero haciendo media sonrisa.
Miré el té y descubrí que había sólo media taza con medio café dentro.
- Lo siento, no pensé que este bar fuera una atracción turística. - Contesté mientras me levantaba. - ¿Qué le debo por el té?
- Medio billete de cinco euros. - Contestó el camarero con su media sonrisa.
- Querrá decir dos euros con cincuenta. ¿Verdad?- Pregunté con las cejas arqueadas.
- No señor, ese es exactamente el precio, medio billete de cinco euros, ni un pedacito más, ni uno menos.- Contestó el camarero a media sonrisa que ya estaba poniéndome muy nervioso.
Cogí de la cartera y dejé dos euros con cincuenta en la mesa. Cuando iba a salir de ahí, el camarero me cogió con el brazo y me exigió otra vez el medio billete.
- ¡Esto es de locos! - Vociferé yo.
- Es un precio que tiene que pagar simplemente señor, y justo la mitad.- Contestó él con mi brazo en sus manos apretado con fuerza.
(Continuará)
- Mi mujer tenía unos zapatos como esos. Se los ponía a menudo para dar largos paseos cogida de mi brazo. Todavía veo su sonrisa y su pelo que apartaba yo de su cara con lentitud. - Dijo el hombre mientras cogía aire profundamente.
- Lo siento. Debió ser duro perder a su mujer. - Dije yo girando con timidez la cabeza hacia él.
- No la perdí, sólo quedamos para más tarde, estoy esperando a que abran esta tienda para comprarle unos zapatos como esos. - Dijo él mientras le brotaban alguna que otra lágrima de los ojos.
- Lo siento. Creí que falleció. - Dije yo mientras ya perdí la vista del escaparate.
- ¡No está muerta! ¡Sólo quedamos para más tarde! - El hombre me cogió con las dos manos de la camiseta mientras me zarandeaba. Yo conseguí liberarme de su ataque y corrí calle abajo. Aún podía oír sus gritos.
- ¡No está muerta! ¡No está muerta! - Se quebraron los gritos cuando quebró un cristal.
Me paré en una cafetería que se llamaba "Le petit chavalier", pedí un té y el periódico. El camarero me sirvió y me trajo un periódico que estaba partido justo por la mitad, horizontalmente.
- ¿Esto es una broma? - Pregunté sorprendido mientras miré al camarero.
- Es su periódico señor. ¿Algún problema?- Contestó el camarero con toda normalidad.
- Si, que no puedo leer la mitad de un periódico, es absurdo y demencial.- Contesté yo a desdén.
- Es que así señor, sólo lo adquirimos a la mitad de su precio e intentamos dar a nuestros clientes el mismo trato. - Dijo el camarero haciendo media sonrisa.
Miré el té y descubrí que había sólo media taza con medio café dentro.
- Lo siento, no pensé que este bar fuera una atracción turística. - Contesté mientras me levantaba. - ¿Qué le debo por el té?
- Medio billete de cinco euros. - Contestó el camarero con su media sonrisa.
- Querrá decir dos euros con cincuenta. ¿Verdad?- Pregunté con las cejas arqueadas.
- No señor, ese es exactamente el precio, medio billete de cinco euros, ni un pedacito más, ni uno menos.- Contestó el camarero a media sonrisa que ya estaba poniéndome muy nervioso.
Cogí de la cartera y dejé dos euros con cincuenta en la mesa. Cuando iba a salir de ahí, el camarero me cogió con el brazo y me exigió otra vez el medio billete.
- ¡Esto es de locos! - Vociferé yo.
- Es un precio que tiene que pagar simplemente señor, y justo la mitad.- Contestó él con mi brazo en sus manos apretado con fuerza.
(Continuará)
1 comentario:
Interesante. Nada es lo que parece, todo tiene un mas allá. Curioso. Seguiré esperando tus actualizaciones.
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