
Aquella mujer que tenía delante mía me estaba pidiendo un litro de mi sangre caliente. Con que se suponía que me había encontrado esta vez me pregunté. No dejaba de mirarla de arriba a abajo como intentando estudiar la personita que tenía delante mía, pura fragilidad de piel muy blanquecina y atuendo algo retro con ese sombre que habría llevado cualquier anciana en un luto, sobre de señor con encajes completamente negro. Sus ojo eran extremadamente azules y sus labios de un rojo carmesí voluptuosos. Pude ver que el pelo que se escondía detrás de ese funesto sombrero era de color castaño clarito.
- Disculpe señora. ¿Un litro de que?- Dije yo mientras me agachaba a su altura,
- Su sangre jove, caliente como si crepitara a su paso por esas venas.- Ella salivaba mientras hablaba. Me puso muy nervioso ese comportamiento.
- Y... y se puede saber para que quiere mi sangre señora.- Pregunté yo mientras me rascaba la cabeza.
- Pues para que va a ser joven, para sobrevivir alimentándome.- Dijo ella con aplastante normalidad.
- Que se supone que es usted, una especie de vampiro.- Pregunté yo ya notando que me temblaban las piernas.
- Si, soy una lamia, también me han llamado vrykolakas, nosferatu, no-muerta, etc...Pero al menos espero que en el siglo en el que estamos se os ocurra al menos complicado. Una día un chico me llamo siniestra, me gustó más que los términos anteriores desde luego, aunque mi primer marido solía llamarle Beth, nadie me llama así, ahora se quedan patidifusos y salen despavoridos cuando ven mis colmillos, me llaman demonio a veces. ¡Pero si yo nunca he hecho daño ni a una mosca! Bueno, no, mentira, alguna he aplastado de algún manotazo, pero ¿eso precisamente me convierte en demonio?.- Mientras hablaba sus colmillos crecían lentamente y su piel se volvía más blanquecina.
- Señora, no me gustaría interrumpirla pero tiene usted los colmillos que le están creciendo.- Dije yo con la mano en la boca.
- ¡Ah! ¡No te preocupes! Para ti es como tu rugir de estómago, esto indica que tengo sed por beber sangre, imagínate que estás varios días sin comer, y que ya no tienes más remedio que acudir a la caridad de la gente, por eso jovencito le he parado, necesito su sangre para poder saciar mi apetito, ¿Acaso dejaría morir de hambre a un persona con los síntomas de desnutrición?- Dijo ella mientras el color de sus ojos pasaba del azul muy claro al amarillento que pueden tener los depredadores en una selva.
- Entonces, que se supone que debo hacer, ¿dejarme morder por usted?. Yo no quiero tal cosa, a pesar de su aspecto y de que mi cuerpo está tiritando por el miedo, no parece mala persona por su raciocinio pero porque pedirlo si usted podría arrancarme la garganta de un bocado.- Pregunté esta demencia aunque estuviera muerto de miedo. Siempre he sido muy curioso aunque esto si me paro a reflexionarlo es una estupidez y lo que debería estar haciendo es salir corriendo.
- ¡No! ¡Pero que está diciendo! Tengo una aguja hipodérmica y unos tarros con un par de tubos de goma quirúrgica. Todo nuevo, de hecho lo acabo de adquirir y como mi hambre estaba ya haciendo la transformación en mi he visto que usted era un chico joven y aparentemente sano. Mi oferta es la siguiente, yo quiero pagar por esa sangre, la idea es acercarnos a mi domicilio que está a dos puertas de aquí y ahí con toda la tranquilidad hacemos la transfusión de sangre, con un litro me será suficiente se lo aseguro. Y le daré unas piezas de oro que podrá vender a cambio de mucho dinero actual, luego le prepararé la cena y si quiere puede tomarse un brandy y fumarse un cigarrillo en casa, y eso como regalo extra porque no soporto el humo del tabaco, mi segundo marido fumaba a todas horas y le puedo asegurar que hizo que aborreciera el olor del tabaco. Bueno que me dice, el tiempo apremia.- Sus uñas de las manos habían crecido considerablemente y su cara empezaba a parecer más marmórea que antes.
Pensé un rato sobre su propuesta y pensé que sería muy interesante conocer la historia de esta mujer. Nunca me había encontrado con alguien así, una vampira, un mito que era realidad ante mis ojos. Parecía una persona muy normal, su voz a veces crispaba un poco los nervios porque sonaba algo aguda y por la cantidad de frases que soltaba sin respirar no distaba mucho de las mujeres que cotilleaban en el mercado por las mañanas.
- Si, acepto. - Dije yo decidido.
- Perfecto querido, será mejor que me cubra si no quiero que me griten demonio por la calle. ¿Me permite su brazo caballero?- Dijo ella ya dispuesta a empezar el paso y cubierta con un gran pañuelo negro sobre su rostro.
- Por supuesto señora.- Dije yo. Era muy agradable encontrar a una señora simpática, educada y sobre naturalmente interesante.
Seguí a la extraña mujer por la acera y efectivamente nos paramos a dos portales de distancia. Pero no era precisamente un bloque de edificios, sino una casa. Había un jardín muy basto con un camino de baldosas amarillas que me recordó esbozando una sonrisa a "EL mago de Oz", se me colaron frases como "Estamos muy lejos de kansas Toto... ", pero realmente yo no era Dorothy y tampoco creo que la mujer que iba delante de mí, señalando unas petunias y explicándome desde la siembra, hasta como las regaba con agua pulverizada; no era ni la bruja del este o del oeste, pero si una criatura sobrenatural, una bebedora de sangre que me explicaba que a las petunias había que cantarles y hablarles porque como todo ser vivo necesita de afecto y comprensión. ¿Quizá ella se sintiera muy sola? No tendría que ser fácil ser una vampira cuyo aspecto se horrorizaba cada vez que su apetito salía a flote. La verdad es que ya me estaba acostumbrando a su aspecto sobre natural.
- Entremos, querido, el tiempo apremia.- Dijo ella mientras abría la puerta de su preciosa casa. Por fuera era completamente de madera, de color antiguo pero no decrépito, sino lo contrario, brillaba, su barniz era puro esplendor. Las ventanas inferiores y superiores eran muy atípicas, todas eran de cristal tintado. Que lastima me dio, porque entonces recordé que a los vampiros la luz del sol los mata.
Cuando entramos en la casa, coronaba el recibidor una escultura griega de Afrodita y en sus manos sostenía un ramo de petunias frescas. Pensé que algún simbolismo tenía aquella de dedicación. No había nada más en el recibidor excepto un cartel de madera que ponía lo siguiente: "Un día sin luz, es un día sin vida." ¡Que extraño! La verdad, cuando cruzamos el recibidor se abría ante nosotros una gran sala abovedada, en el techo había una gran pintura de un sol y la luna. El lado del sol brillaba con gran esplendor a igual que el de la luna, justo abajo de cada figura había inscripciones: "Carpe Noctem" junto a la luna y "carpe diem" junto al sol. La sala era amplia sin muchos muebles, y los pocos que había eran espléndidos, muy modernistas. Justo en el centro había un gran sofá que hacía un semicírculo alrededor de una mesilla que estaba lleno de flores y figuras de dioses egipcios. El sofá era de color rojo, casi anaranjado. La sala tenía una gran iluminación, tanta que parecía de día.
-sienta querido, voy a por los artilugios. En la pequeña cajita de la mesa encontrarás cigarrillos y en el mueble bar de la derecha de la sala puedes servirte lo que quieras. Yo enseguida vuelvo.- Dijo con tono muy amable.
Yo me serví un licor de mandarina que encontré en el mueble bar de una botella muy antigua, con varias incrustaciones de piedras preciosas. Además pude fijarme que en la sala había alguna que otra escultura, todas basadas en la mitología griega, Un Zeus, Eolo, Ares, etc. pero me fijé mejor y al fondo había una extraña figura de una criatura alada. En sendos ojos de la criatura habían incrustados dos rubíes y tenía forma de murciélago. Era la representación de un vampiro. En la boca abierta había sangre y acerqué mis manos para tocarla, pero cuando acaricié el colmillo de piedra del murciélago gigante, noté una punzada en mi dedo.
- ¿Qué haces? ¿No me digas que has tocado las fauces de la estatua? Eres un inconsciente... Anda acércate y déjame ver esa herida.- Dijo ella como si fuera una madre preocupada.
Me acerqué y le mostré la mano. - ¿Porqué esta figura tiene la boca ensangrentada?- Pregunté sintiéndome algo mareado.
- Hace mucho tiempo, cuando yo era sacerdotisa en el templo de Gea, en Thalos, apareció una mañana delante del templo. Algunos curiosos la miraban con recelo a distancia, le tenían miedo, por ese entonces mi fe en los dioses era ciega, y dije a todos que esa escultura era regalo de los dioses y que quizás nos la había entregado para que estuviera guardando la puerta del templo. Yo me acerqué y acaricié su cara. Y me pinché con sus fauces, como tu acabas de hacer ahora, desde entonces soy lo que soy, pero tranquilo joven, no es tarde para ti. Muchos se han pinchado y encontré una forma de curarse de la infección cuando es reciente. Pero debes de confiar en mi.- Dijo ella muy seria.
- ¿Que debo hacer?- Pregunté asustado.
- Cerrar los ojos y juntar tres veces los tacones.- Empezó a reír desmesuradamente.- Era broma, no pasa nada. La sangre es ketchup, es que a mi hija le gusta hacer este tipo de gamberradas. - Ella se cogía el estomago de la risa. Sus ojos eran mórbidos y su boca completamente carmesí.
- No ha tenido ni pizca de gracia señora. - Dije yo muy serio.
- Bueno, no te enojes, además a mi hija le hará mucha gracia que su gamberrada me haya hecho reír por una vez. Venga no se enfade, míreme, yo con esta maldición, dependo de la sangre humana para vivir, yo que no soporto las modernas películas de terror y cuando miro mi cara descubro cada vez que yo formo parte de una de ellas. -Ante su risa, vi que caía una lágrima.
- No se preocupe. Bueno vayamos a curar su estado.- Dije yo sonriendo, todavía con el susto y las gotas frías de mi frente.
Me acomodó en el sofá y sacó un gran tarro de cristal muy limpio. Luego montó dos vías con agujas hipodérmicas y me puso un pañuelo atado a mi brazo. Me clavó la aguja y vi como la sangre caía en el tarro de cristal, y ella mediante un artilugio de bombeo, succionaba mi sangre por una vía hacia su brazo. Poco a poco recobraba su forma humana, su piel era blanquecina aunque segundos más tarde era sonrosada. A cada paso humano, vi que era muy hermosa.
- Bien, ya es suficiente.- Dijo ella mientras me curaba la herida del brazo.
De pronto noté un gran dolor en el cuello y un mechón de pelo rubio que asomaba ante mis ojos. Perdía la visión, todo se volvió borroso.
Desperté en una cama aterciopelada. El tacto de mis manos me transmitía comodidad pero en cambio sentía frío y un terrible dolor punzante en el cuello. Mi vista era borrosa pero pude distinguir una silueta delante de mí.
- Vaya, ya ha despertado. ¿Cómo se encuentra? - Dijo la mujer vampira.
- Me siento muy mal y tengo frío. - Dije yo confundido.
- Ha perdido mucha sangre jovencito. Le curé la herida del cuello y lleva durmiendo dos días. Creía que no sobreviviría, se ve que usted jovencito es muy fuerte. - Dijo la mujer vampira mientras cogía mi mano.
- ¿Pero que sucedió? - Mi vista empezó a aclararse y le vi que vestía un elegante traje rojo y llevaba un sombrero de plumas a juego totalmente pasado de época. Al fondo de la habitación había una gran jaula con una niña que tenía un semblante más parecido a una bestia que miraba a la mujer con mucho odio.
- Mi hija le atacó y se bebió parte de su sangre. Todavía no controla parte de sus instintos, pero ha estado con usted todo este tiempo esperando a que se despertara para pedirle perdón. -Dijo la mujer mientras miraba a su hija enjaulada.- Cariño, ya se despertó el señor. ¿No tienes nada que decirle?.- Dijo la mujer muy dulcemente.
- ¡Sí! ¡Que tengo más hambre de su sangre y que me saques de aquí! ¡Necesito sangre fresca! - Dijo la niña con una voz antinatural que me puso los pelos de punta.
- Cariño, no era eso de lo que hablamos, pídele al señor disculpas y te daré de comer. Te soltaré cuando el hambre haya desaparecido y que te des una baño también hace tres días que no te has aseado. ¿Entendido?- La mujer sonrió tierna hacia a mí y me guiño un ojo. Extrañamente parecía mucho más joven y bella.
- Lo siento señor por hacerle daño. No volveré hacerlo. Discúlpeme señor. - Dijo la niña nada convincente con aquella voz infernal.
- Muy bien cariño. Ahora vuelvo y te daré de comer. - Dijo la vampira mientras se acercó a su hija enjaulada y le extendió la mano como gesto de caricia. La niña se empotró contra la jaula y gruñía como las bestias. - ¡Sangre! -Dijo la niña. La mujer se enojó y golpeó la jaula doblando del golpe uno de sus barrotes, la niña calló de pronto y se sentó en el suelo.
Cuando la mujer salió de la habitación, aquellos ojos antinaturales no dejaban de mirarme desde sus barrotes. Noté que eran furiosos y malignos. A poco tiempo, volvió la mujer con una gran botella de cristal opaco y se la dejó a la niña delante de su jaula de tal manera que pudiera alcanzarla. La niña se abalanzó sobre la botella y bebió como si fuera un explorador que yacía una semana pedido en el desierto. Le colgaba de la comisura de la boca un hilillo rojo de sangre, eso era el contenido de la botella, sangre. A los poco minutos de consumir toda la botella de al menos tres litros de capacidad, la niña sufrió una transformación, su piel mamorea se volvió sonrosada y su mirada tierna e infantil, una pequeña niña muy pura con aquellos cabellos dorados que hacían de su rostro un ángel, como los que pintaba Miguel Angel.
- Ya me siento mejor mama, me puedes dejar salir ya, juro no portarme mal y la próxima vez comer cuando me digas. - La niña se mordía un dedo y se balanceaba como cualquier niña que se hubiera portado mal delante de su madre.
- Tienes muchos deberes por hacer señorita, ahora mismo te quiero en tu cuarto poniendo al día tus asignaturas. - La mujer abrió la jaula con un antiguo juego de llaves que llevaba en su cinturón y la niña corrió fuera de la habitación.
- Ya sabe como son los niños. ¿Verdad? No se enfade por todo este incidente, ahora le toca a usted descansar y recobrar fuerzas, y se podrá ir libre de aquí, sin antes prometerme que olvidará todo este incidente, le compensaré por ello.- Dijo la mujer vampira congiéndome la mano con las suyas de manera muy tierna.
- ¿Y su padre? ¿La niña tiene padre? - Pregunté curioso.
- Se fue hace mucho, nos abandonó a nuestra suerte. El también era un inmortal, lo conocí hace muchos siglos, era un caballero de la orden del temple que escondía un gran tesoro de la iglesia. Luego cuando se disolvió la orden él y yo vivimos durante mucho tiempo juntos, varias vidas de humanos, pero cuando se enteró de que estaba embarazada de él se fue y no supe nada más de él. La verdad es que él se pierde muchas cosas que me ha dado mi hija, no es fácil controlar a una niña pequeña y al mismo tiempo los impulsos vampíricos, que son a temprana edad muy fuertes, ni tampoco arropada por un hogar sólido, pero bueno las cosas han ido bien después de todo. En fin, tiene ropa limpia en el armario, si quiere baje y le tendré comida lista un buen fuego. Mis manos ahora rozaban las suyas.
- Es usted muy amable para ser vampira. - Dije yo sonriendo.
- Y usted muy atrevido para ser humano. - Dijo ella mientras me miraba fijamente sonriendo.
Se acercó mi mano a su boca y la besó con mucha ternura, luego se abalanzó sobre mí e hicimos el amor en aquella cama aterciopelada, una inmortal y una vampira.
Ella salió de la habitación y yo me vestí para bajar a comer. La mesa estaba puesta y había muchas cosas, carne de todo tipo, ensaladas, salsas, fruta, vino, era una mesa digna de un comensal distinguido. Me senté y ella apareció para sentarse a mi lado.
- Has encontrado ropa que te sirva. - Dijo ella mientras me miraba.
- Sí, un pantalón y una camisa. - Dije mientras empecé a comer.- ¿Tu no comes? - Pregunte yo.
- No puedo ingerir alimentos como tu, mi organismo es algo diferente aunque muy similar. Somos diferentes en muchas cosas.- Dijo ella mientras se servía una copa de vino.
- Pero beber. ¿Eso puedes hacerlo?- Dije interesado.
- Si puedo hacerlo. Y me moriría si no pudiera disfrutar del vino. - Dijo ella sonriendo.
- ¿Qué hace una mujer inmortal con una hija inmortal para divertirse hoy en día? - Pregunté descaradamente.
- Ahora nada, sólo vivo o no-vivo para educar a mi hija y hacerla una gran mujer, al fin y al cabo, compartimos muchos sentimientos humanos. Quiero que llegue alto y que su condición no la encierre en paredes. - Dijo ella cogiendo la copa de vino.
- Si hubiera algo entre nosotros sería imposible ¿Verdad?- Pregunte yo mientras me servía vino en una copa.
- Si, sería imposible, pero ha sido emocionante volver a sentir la pasión que había olvidado. - Dijo ella mientras me cogió de las manos.
- Bueno, pues será mejor que me marche, me siento mucho mejor. - Dije yo mientras me limpiaba la boca con una servilleta.
- Antes de que te vayas, toma esto. - Se sacó del bolsillo una pequeña bolsita de cuero. La cogí y miré dentro, habían varios rubíes y zafiros.
- Pero y esto. ¿Porqué? - Dije yo mientras soltaba la bolsita.
- Será mejor que la cojas si no quieres ver a una vampira enfadada.- Dijo ella mientras sus ojos brillaban con ese esplendor antinatural.
- De acuerdo. Si no tengo elección me lo llevaré, pero no necesitabas hacerlo. Gracias de todas maneras.- Dije mientras me guardé la bolsita en el pantalón.
Me levanté de la mesa, ella también se levantó y la estreché entre mis brazos sin dejar de besarla.
- Adiós. Y otra vez vigila que no te pase lo que le ha pasado a tu hija. - Dije mientras sonreía.
- Yo controlo el hambre. - Dijo mientras también sonreía.
- ¿Y el amor también lo controlas? - Pregunté con descaro.
- Si, eso también lo controlo, se aprende a hacerlo. - Dijo ella mientras me daba un beso en la mejilla.
Salí de aquella casa y volví a la extraña avenida, con un aspecto más solitario.
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