29.3.11

Un mal sueño



Un apartamento desordenado y sucio. Un silencio que recorre la habitación de parte a parte, se ve inquietado por la abrupta apertura de una ventana. La noche y el viento entran como una inyección de vida en un pozo lleno de muerte. Alguien en la cama se mueve levemente. Tira al suelo una botella de ron barato. Se empapa la cama y un hombre tose sufrimiento. Se levanta torpemente y mira por la ventana abierta. Baja la vista y ve una vieja y estrecha calle del centro. Oye el llanto de un bebé en la lejanía, rompiendo el silencio de la calle. Hay humedad en el ambiente que se mezcla con su aliento cargado de alcohol y autodestrucción.


- Sigo huyendo de un mal sueño... - Susurra a la noche. Todavía está borracho.



Un perro solitario aparece en la estrecha calle. Parece lastimado, cojea de forma evidente, de la pata derecha trasera. Él mira al perro y sisea para llamar su atención. El perro desde la calle lo mira fijamente. Casi parece una estatua vieja y fantasmagórica en la penumbra que ofrece una farola que ilumina casi de forma intermitente la calle. Él con la sonrisa de un niño pícaro se va a la cama y coge la botella medio llena de ron que estaba tirada en el cama. Luego va otra vez hacia la ventana y mira al perro que no se ha movido de su sitio. Pasaron unos minutos y le tira la botella de ron. La noche invade la calle, al apagarse la farola. Se escucha un golpe de rotura, un lamento y el silencio. Luz en la calle de nuevo, suelo de adoquines ensangrentado por la cabeza abierta de un perro tullido y solitario.


- No consigo huir de este mal sueño...- El hombre se desnuda de sus sucias y mojadas prendas interiores.



Vuelve a soplar el viento que se pega en la carne flácida del hombre. Se precipita y cae de cabeza hacia los adoquines de la calle. Un golpe seco, y nueva sangre que tiñe el suelo. El hombre agoniza de dolor, su cuello se ha partido y sus pulmones ya están llenos de sangre. No puede respirar. Todo se acaba. El alcohol, el trabajo, su matrimonio, su mujer, sus hijos, aquel perro y un mal sueño...

Itinere



La sombra vencida por las horas

ya no puede esperar

ignorada, sangrante, golpeada por manos sucias

cuida entre cartones no amar.




9.3.09

Valle de caídos 4



Aquella mujer que tenía delante mía me estaba pidiendo un litro de mi sangre caliente. Con que se suponía que me había encontrado esta vez me pregunté. No dejaba de mirarla de arriba a abajo como intentando estudiar la personita que tenía delante mía, pura fragilidad de piel muy blanquecina y atuendo algo retro con ese sombre que habría llevado cualquier anciana en un luto, sobre de señor con encajes completamente negro. Sus ojo eran extremadamente azules y sus labios de un rojo carmesí voluptuosos. Pude ver que el pelo que se escondía detrás de ese funesto sombrero era de color castaño clarito.
- Disculpe señora. ¿Un litro de que?- Dije yo mientras me agachaba a su altura,
- Su sangre jove, caliente como si crepitara a su paso por esas venas.- Ella salivaba mientras hablaba. Me puso muy nervioso ese comportamiento.
- Y... y se puede saber para que quiere mi sangre señora.- Pregunté yo mientras me rascaba la cabeza.
- Pues para que va a ser joven, para sobrevivir alimentándome.- Dijo ella con aplastante normalidad.
- Que se supone que es usted, una especie de vampiro.- Pregunté yo ya notando que me temblaban las piernas.
- Si, soy una lamia, también me han llamado vrykolakas, nosferatu, no-muerta, etc...Pero al menos espero que en el siglo en el que estamos se os ocurra al menos complicado. Una día un chico me llamo siniestra, me gustó más que los términos anteriores desde luego, aunque mi primer marido solía llamarle Beth, nadie me llama así, ahora se quedan patidifusos y salen despavoridos cuando ven mis colmillos, me llaman demonio a veces. ¡Pero si yo nunca he hecho daño ni a una mosca! Bueno, no, mentira, alguna he aplastado de algún manotazo, pero ¿eso precisamente me convierte en demonio?.- Mientras hablaba sus colmillos crecían lentamente y su piel se volvía más blanquecina.
- Señora, no me gustaría interrumpirla pero tiene usted los colmillos que le están creciendo.- Dije yo con la mano en la boca.
- ¡Ah! ¡No te preocupes! Para ti es como tu rugir de estómago, esto indica que tengo sed por beber sangre, imagínate que estás varios días sin comer, y que ya no tienes más remedio que acudir a la caridad de la gente, por eso jovencito le he parado, necesito su sangre para poder saciar mi apetito, ¿Acaso dejaría morir de hambre a un persona con los síntomas de desnutrición?- Dijo ella mientras el color de sus ojos pasaba del azul muy claro al amarillento que pueden tener los depredadores en una selva.
- Entonces, que se supone que debo hacer, ¿dejarme morder por usted?. Yo no quiero tal cosa, a pesar de su aspecto y de que mi cuerpo está tiritando por el miedo, no parece mala persona por su raciocinio pero porque pedirlo si usted podría arrancarme la garganta de un bocado.- Pregunté esta demencia aunque estuviera muerto de miedo. Siempre he sido muy curioso aunque esto si me paro a reflexionarlo es una estupidez y lo que debería estar haciendo es salir corriendo.
- ¡No! ¡Pero que está diciendo! Tengo una aguja hipodérmica y unos tarros con un par de tubos de goma quirúrgica. Todo nuevo, de hecho lo acabo de adquirir y como mi hambre estaba ya haciendo la transformación en mi he visto que usted era un chico joven y aparentemente sano. Mi oferta es la siguiente, yo quiero pagar por esa sangre, la idea es acercarnos a mi domicilio que está a dos puertas de aquí y ahí con toda la tranquilidad hacemos la transfusión de sangre, con un litro me será suficiente se lo aseguro. Y le daré unas piezas de oro que podrá vender a cambio de mucho dinero actual, luego le prepararé la cena y si quiere puede tomarse un brandy y fumarse un cigarrillo en casa, y eso como regalo extra porque no soporto el humo del tabaco, mi segundo marido fumaba a todas horas y le puedo asegurar que hizo que aborreciera el olor del tabaco. Bueno que me dice, el tiempo apremia.- Sus uñas de las manos habían crecido considerablemente y su cara empezaba a parecer más marmórea que antes.
Pensé un rato sobre su propuesta y pensé que sería muy interesante conocer la historia de esta mujer. Nunca me había encontrado con alguien así, una vampira, un mito que era realidad ante mis ojos. Parecía una persona muy normal, su voz a veces crispaba un poco los nervios porque sonaba algo aguda y por la cantidad de frases que soltaba sin respirar no distaba mucho de las mujeres que cotilleaban en el mercado por las mañanas.
- Si, acepto. - Dije yo decidido.
- Perfecto querido, será mejor que me cubra si no quiero que me griten demonio por la calle. ¿Me permite su brazo caballero?- Dijo ella ya dispuesta a empezar el paso y cubierta con un gran pañuelo negro sobre su rostro.
- Por supuesto señora.- Dije yo. Era muy agradable encontrar a una señora simpática, educada y sobre naturalmente interesante.

Seguí a la extraña mujer por la acera y efectivamente nos paramos a dos portales de distancia. Pero no era precisamente un bloque de edificios, sino una casa. Había un jardín muy basto con un camino de baldosas amarillas que me recordó esbozando una sonrisa a "EL mago de Oz", se me colaron frases como "Estamos muy lejos de kansas Toto... ", pero realmente yo no era Dorothy y tampoco creo que la mujer que iba delante de mí, señalando unas petunias y explicándome desde la siembra, hasta como las regaba con agua pulverizada; no era ni la bruja del este o del oeste, pero si una criatura sobrenatural, una bebedora de sangre que me explicaba que a las petunias había que cantarles y hablarles porque como todo ser vivo necesita de afecto y comprensión. ¿Quizá ella se sintiera muy sola? No tendría que ser fácil ser una vampira cuyo aspecto se horrorizaba cada vez que su apetito salía a flote. La verdad es que ya me estaba acostumbrando a su aspecto sobre natural.
- Entremos, querido, el tiempo apremia.- Dijo ella mientras abría la puerta de su preciosa casa. Por fuera era completamente de madera, de color antiguo pero no decrépito, sino lo contrario, brillaba, su barniz era puro esplendor. Las ventanas inferiores y superiores eran muy atípicas, todas eran de cristal tintado. Que lastima me dio, porque entonces recordé que a los vampiros la luz del sol los mata.
Cuando entramos en la casa, coronaba el recibidor una escultura griega de Afrodita y en sus manos sostenía un ramo de petunias frescas. Pensé que algún simbolismo tenía aquella de dedicación. No había nada más en el recibidor excepto un cartel de madera que ponía lo siguiente: "Un día sin luz, es un día sin vida." ¡Que extraño! La verdad, cuando cruzamos el recibidor se abría ante nosotros una gran sala abovedada, en el techo había una gran pintura de un sol y la luna. El lado del sol brillaba con gran esplendor a igual que el de la luna, justo abajo de cada figura había inscripciones: "Carpe Noctem" junto a la luna y "carpe diem" junto al sol. La sala era amplia sin muchos muebles, y los pocos que había eran espléndidos, muy modernistas. Justo en el centro había un gran sofá que hacía un semicírculo alrededor de una mesilla que estaba lleno de flores y figuras de dioses egipcios. El sofá era de color rojo, casi anaranjado. La sala tenía una gran iluminación, tanta que parecía de día.
-sienta querido, voy a por los artilugios. En la pequeña cajita de la mesa encontrarás cigarrillos y en el mueble bar de la derecha de la sala puedes servirte lo que quieras. Yo enseguida vuelvo.- Dijo con tono muy amable.
Yo me serví un licor de mandarina que encontré en el mueble bar de una botella muy antigua, con varias incrustaciones de piedras preciosas. Además pude fijarme que en la sala había alguna que otra escultura, todas basadas en la mitología griega, Un Zeus, Eolo, Ares, etc. pero me fijé mejor y al fondo había una extraña figura de una criatura alada. En sendos ojos de la criatura habían incrustados dos rubíes y tenía forma de murciélago. Era la representación de un vampiro. En la boca abierta había sangre y acerqué mis manos para tocarla, pero cuando acaricié el colmillo de piedra del murciélago gigante, noté una punzada en mi dedo.
- ¿Qué haces? ¿No me digas que has tocado las fauces de la estatua? Eres un inconsciente... Anda acércate y déjame ver esa herida.- Dijo ella como si fuera una madre preocupada.
Me acerqué y le mostré la mano. - ¿Porqué esta figura tiene la boca ensangrentada?- Pregunté sintiéndome algo mareado.
- Hace mucho tiempo, cuando yo era sacerdotisa en el templo de Gea, en Thalos, apareció una mañana delante del templo. Algunos curiosos la miraban con recelo a distancia, le tenían miedo, por ese entonces mi fe en los dioses era ciega, y dije a todos que esa escultura era regalo de los dioses y que quizás nos la había entregado para que estuviera guardando la puerta del templo. Yo me acerqué y acaricié su cara. Y me pinché con sus fauces, como tu acabas de hacer ahora, desde entonces soy lo que soy, pero tranquilo joven, no es tarde para ti. Muchos se han pinchado y encontré una forma de curarse de la infección cuando es reciente. Pero debes de confiar en mi.- Dijo ella muy seria.
- ¿Que debo hacer?- Pregunté asustado.
- Cerrar los ojos y juntar tres veces los tacones.- Empezó a reír desmesuradamente.- Era broma, no pasa nada. La sangre es ketchup, es que a mi hija le gusta hacer este tipo de gamberradas. - Ella se cogía el estomago de la risa. Sus ojos eran mórbidos y su boca completamente carmesí.
- No ha tenido ni pizca de gracia señora. - Dije yo muy serio.
- Bueno, no te enojes, además a mi hija le hará mucha gracia que su gamberrada me haya hecho reír por una vez. Venga no se enfade, míreme, yo con esta maldición, dependo de la sangre humana para vivir, yo que no soporto las modernas películas de terror y cuando miro mi cara descubro cada vez que yo formo parte de una de ellas. -Ante su risa, vi que caía una lágrima.
- No se preocupe. Bueno vayamos a curar su estado.- Dije yo sonriendo, todavía con el susto y las gotas frías de mi frente.
Me acomodó en el sofá y sacó un gran tarro de cristal muy limpio. Luego montó dos vías con agujas hipodérmicas y me puso un pañuelo atado a mi brazo. Me clavó la aguja y vi como la sangre caía en el tarro de cristal, y ella mediante un artilugio de bombeo, succionaba mi sangre por una vía hacia su brazo. Poco a poco recobraba su forma humana, su piel era blanquecina aunque segundos más tarde era sonrosada. A cada paso humano, vi que era muy hermosa.
- Bien, ya es suficiente.- Dijo ella mientras me curaba la herida del brazo.
De pronto noté un gran dolor en el cuello y un mechón de pelo rubio que asomaba ante mis ojos. Perdía la visión, todo se volvió borroso.

Desperté en una cama aterciopelada. El tacto de mis manos me transmitía comodidad pero en cambio sentía frío y un terrible dolor punzante en el cuello. Mi vista era borrosa pero pude distinguir una silueta delante de mí.
- Vaya, ya ha despertado. ¿Cómo se encuentra? - Dijo la mujer vampira.
- Me siento muy mal y tengo frío. - Dije yo confundido.
- Ha perdido mucha sangre jovencito. Le curé la herida del cuello y lleva durmiendo dos días. Creía que no sobreviviría, se ve que usted jovencito es muy fuerte. - Dijo la mujer vampira mientras cogía mi mano.
- ¿Pero que sucedió? - Mi vista empezó a aclararse y le vi que vestía un elegante traje rojo y llevaba un sombrero de plumas a juego totalmente pasado de época. Al fondo de la habitación había una gran jaula con una niña que tenía un semblante más parecido a una bestia que miraba a la mujer con mucho odio.
- Mi hija le atacó y se bebió parte de su sangre. Todavía no controla parte de sus instintos, pero ha estado con usted todo este tiempo esperando a que se despertara para pedirle perdón. -Dijo la mujer mientras miraba a su hija enjaulada.- Cariño, ya se despertó el señor. ¿No tienes nada que decirle?.- Dijo la mujer muy dulcemente.
- ¡Sí! ¡Que tengo más hambre de su sangre y que me saques de aquí! ¡Necesito sangre fresca! - Dijo la niña con una voz antinatural que me puso los pelos de punta.
- Cariño, no era eso de lo que hablamos, pídele al señor disculpas y te daré de comer. Te soltaré cuando el hambre haya desaparecido y que te des una baño también hace tres días que no te has aseado. ¿Entendido?- La mujer sonrió tierna hacia a mí y me guiño un ojo. Extrañamente parecía mucho más joven y bella.
- Lo siento señor por hacerle daño. No volveré hacerlo. Discúlpeme señor. - Dijo la niña nada convincente con aquella voz infernal.
- Muy bien cariño. Ahora vuelvo y te daré de comer. - Dijo la vampira mientras se acercó a su hija enjaulada y le extendió la mano como gesto de caricia. La niña se empotró contra la jaula y gruñía como las bestias. - ¡Sangre! -Dijo la niña. La mujer se enojó y golpeó la jaula doblando del golpe uno de sus barrotes, la niña calló de pronto y se sentó en el suelo.
Cuando la mujer salió de la habitación, aquellos ojos antinaturales no dejaban de mirarme desde sus barrotes. Noté que eran furiosos y malignos. A poco tiempo, volvió la mujer con una gran botella de cristal opaco y se la dejó a la niña delante de su jaula de tal manera que pudiera alcanzarla. La niña se abalanzó sobre la botella y bebió como si fuera un explorador que yacía una semana pedido en el desierto. Le colgaba de la comisura de la boca un hilillo rojo de sangre, eso era el contenido de la botella, sangre. A los poco minutos de consumir toda la botella de al menos tres litros de capacidad, la niña sufrió una transformación, su piel mamorea se volvió sonrosada y su mirada tierna e infantil, una pequeña niña muy pura con aquellos cabellos dorados que hacían de su rostro un ángel, como los que pintaba Miguel Angel.
- Ya me siento mejor mama, me puedes dejar salir ya, juro no portarme mal y la próxima vez comer cuando me digas. - La niña se mordía un dedo y se balanceaba como cualquier niña que se hubiera portado mal delante de su madre.
- Tienes muchos deberes por hacer señorita, ahora mismo te quiero en tu cuarto poniendo al día tus asignaturas. - La mujer abrió la jaula con un antiguo juego de llaves que llevaba en su cinturón y la niña corrió fuera de la habitación.
- Ya sabe como son los niños. ¿Verdad? No se enfade por todo este incidente, ahora le toca a usted descansar y recobrar fuerzas, y se podrá ir libre de aquí, sin antes prometerme que olvidará todo este incidente, le compensaré por ello.- Dijo la mujer vampira congiéndome la mano con las suyas de manera muy tierna.
- ¿Y su padre? ¿La niña tiene padre? - Pregunté curioso.
- Se fue hace mucho, nos abandonó a nuestra suerte. El también era un inmortal, lo conocí hace muchos siglos, era un caballero de la orden del temple que escondía un gran tesoro de la iglesia. Luego cuando se disolvió la orden él y yo vivimos durante mucho tiempo juntos, varias vidas de humanos, pero cuando se enteró de que estaba embarazada de él se fue y no supe nada más de él. La verdad es que él se pierde muchas cosas que me ha dado mi hija, no es fácil controlar a una niña pequeña y al mismo tiempo los impulsos vampíricos, que son a temprana edad muy fuertes, ni tampoco arropada por un hogar sólido, pero bueno las cosas han ido bien después de todo. En fin, tiene ropa limpia en el armario, si quiere baje y le tendré comida lista un buen fuego. Mis manos ahora rozaban las suyas.
- Es usted muy amable para ser vampira. - Dije yo sonriendo.
- Y usted muy atrevido para ser humano. - Dijo ella mientras me miraba fijamente sonriendo.
Se acercó mi mano a su boca y la besó con mucha ternura, luego se abalanzó sobre mí e hicimos el amor en aquella cama aterciopelada, una inmortal y una vampira.
Ella salió de la habitación y yo me vestí para bajar a comer. La mesa estaba puesta y había muchas cosas, carne de todo tipo, ensaladas, salsas, fruta, vino, era una mesa digna de un comensal distinguido. Me senté y ella apareció para sentarse a mi lado.
- Has encontrado ropa que te sirva. - Dijo ella mientras me miraba.
- Sí, un pantalón y una camisa. - Dije mientras empecé a comer.- ¿Tu no comes? - Pregunte yo.
- No puedo ingerir alimentos como tu, mi organismo es algo diferente aunque muy similar. Somos diferentes en muchas cosas.- Dijo ella mientras se servía una copa de vino.
- Pero beber. ¿Eso puedes hacerlo?- Dije interesado.
- Si puedo hacerlo. Y me moriría si no pudiera disfrutar del vino. - Dijo ella sonriendo.
- ¿Qué hace una mujer inmortal con una hija inmortal para divertirse hoy en día? - Pregunté descaradamente.
- Ahora nada, sólo vivo o no-vivo para educar a mi hija y hacerla una gran mujer, al fin y al cabo, compartimos muchos sentimientos humanos. Quiero que llegue alto y que su condición no la encierre en paredes. - Dijo ella cogiendo la copa de vino.
- Si hubiera algo entre nosotros sería imposible ¿Verdad?- Pregunte yo mientras me servía vino en una copa.
- Si, sería imposible, pero ha sido emocionante volver a sentir la pasión que había olvidado. - Dijo ella mientras me cogió de las manos.
- Bueno, pues será mejor que me marche, me siento mucho mejor. - Dije yo mientras me limpiaba la boca con una servilleta.
- Antes de que te vayas, toma esto. - Se sacó del bolsillo una pequeña bolsita de cuero. La cogí y miré dentro, habían varios rubíes y zafiros.
- Pero y esto. ¿Porqué? - Dije yo mientras soltaba la bolsita.
- Será mejor que la cojas si no quieres ver a una vampira enfadada.- Dijo ella mientras sus ojos brillaban con ese esplendor antinatural.
- De acuerdo. Si no tengo elección me lo llevaré, pero no necesitabas hacerlo. Gracias de todas maneras.- Dije mientras me guardé la bolsita en el pantalón.
Me levanté de la mesa, ella también se levantó y la estreché entre mis brazos sin dejar de besarla.
- Adiós. Y otra vez vigila que no te pase lo que le ha pasado a tu hija. - Dije mientras sonreía.
- Yo controlo el hambre. - Dijo mientras también sonreía.
- ¿Y el amor también lo controlas? - Pregunté con descaro.
- Si, eso también lo controlo, se aprende a hacerlo. - Dijo ella mientras me daba un beso en la mejilla.
Salí de aquella casa y volví a la extraña avenida, con un aspecto más solitario.

25.2.09

Valle de caidos 3


En el suelo, abatido y con una sensación de vacío, aquella mujer que tenía delante mía sonreía con aquella extraña bola azul en sus manos.

- ¿Qué me has hecho? Le grité sin fuerzas.
- ¿No te ha gustado aquello que has sentido? ¿No era plena tu vida? Cuanto amor llevas dentro, no te haces una idea. - Cerró los ojos y estiró su cuerpo mientras aquella bola brillaba con más intensidad.
- ¿Qué te has quedado de mi? - Pregunté con aquella sensación de vacío intensificada.
- He cobrado por el servicio pequeño. Ahora ya que has notado todo aquello que tenías que notar a ti no te va a hacer falta.
- ¿El qué? - Grité yo desde el suelo.
- ¡Tu amor! ¡Me quedé con todo tu amor! - Dijo ella mientras se reía de mi.
- Devuélvelo enseguida o...- Dije apretando los dientes. Era extraño, noté una ira que nunca había notado y luego mis lágrimas brotaron de mis ojos con intensidad.
- ¿No te gusta tu nueva condición? Nunca ya podrán herirte de amor porque ya no está contigo, sólo sentirás tristeza, odio, pero será por ti mismo, no necesitarás un culpable para ello.- Dijo mientras se metía la bola en el bolso.
Pensé en aferrarme en aquello que me había arrebatado, en aquello que ya no sentía. Fuera de mi, fuera del equilibrio, solo tristeza y odio. Pensé, cerré fuerte los ojos. Recordé aquellas manos ancianas que se aferraban a las mías y pensé en aquel sentimiento con fuerza. Noté el sabor de la sangre en mis labios que había provocado mis dientes.
- Te... te...- Farfullaba sin sentido.
- ¿Me vas a qué? Quizás matar...- Ella rio todavía con más fuerza y maldad.
- Te.....te..... te quiero.- Aquellas palabras surgieron de mi boca dulces, cálidas como jamás había podido notar antes.
El bolso de la mujer reventó y el lugar se bañó de una luz azul muy intensa. Cuando todo se desvaneció sólo queda una anciana de rodillas en el suelo farfullando.
- Quiero sentirlo, quiero sentirlo... no me lo arrebates... - Ella era la misma anciana que había visto en mi visión. ¡Era ella!
Me acerqué poco a poco, pude levantarme con la misma agilidad que tenía antes, ya no estaba decaído, no me sentía violento, sin ira, sin tristeza... Me acerqué a ella, me agaché, le cogí las manos y le dije al oído - Si, quiero.- Luego me a fui de aquel callejón.

Seguí calle abajo. Casi era de noche. La calle seguía tan sucia como antes, poca gente se divisaba ya por la acera. Caminé entre luces, humedad, asfalto y sonidos urbanos que no podía fácilmente distinguir. Una mano sentí en la espalda, una caricia lenta, un soplo en la oreja izquierda, me giré y no había nadie. Cuando volví a mirar hacia adelante vi que había una figura humana encima de una cajón. Me acerqué curioso para poder verla mejor de cerca. Era alguien que estaba haciendo de estatua humana pero nunca había visto algo tan sombrío. Llevaba un traje de licra negra alrededor de su cuerpo incluida la cabeza que le cubría en su totalidad. En la cara llevaba dibujado una rosa roja. Era una figura muy esbelta, su cuerpo era de mujer. Estaba completamente inmóvil, sin vida, era muy buena, ni siquiera noté que respirara y con toda la cabeza tapada era difícil disimular la respiración. Había una caja metálica con algunas monedas ero era diferentes todas ellas, algunas pequeñas y doradas sin cuño, algunos dólares antiguos, peniques británicos, francos, algunas monedas que tenías gravados de galerones españoles, euros, había una gran diversidad. Metí la mano en mi bolsillo para ver si tenía alguna moneda, encontré un euro y lo lancé a la caja. La figura se movió despacio, muy despacio, danzando, contoneando su cuerpo completamente, haciendo reclamo de mi con sus manos, bajaba y subía sus caderas de manera muy sensual y paró en otra posición rápidamente, se quedó inmóvil lanzándome un beso. Yo me quedé estupefacto, y segundos más tarde rompía mis manos aplaudiendo y sonriendo.
- Es increíble, realmente increíble, nunca había visto tanto en los movimientos de alguien.- Metí otra vez mi mano en el bolsillo y encontré otro euro que lancé sin dilación a la caja.

Al caer la moneda, y oír el ruido de su caída, no dejé de postrar mis ojos en aquella figura. Se movió otra vez y el resto parecía difuminarse poco a poco en negro, todo desapareció, incluido ella, menos aquella rosa que danzaba en medio de la nada. Minutos más tarde el resto tomó forma, muy despacio, abrí y cerré varias veces mi ojos. Estaba en la cubierta de un barco, y aquella figura negra también, noté el frío viento salado en mi cara y la noche no había cambiado pero yo si de lugar.
- ¿Pero que coño? Dije pausadamente mientras veía que la figura había detenido su movimiento en una postura como si fuera el vigía de un mástil de barco, poniendo su mano en la frente estirada dejando su visión libre hacia el horizonte...

Aquella figura negra de mujer mantenía su burlesca pose ante mi.

- ¿Donde estoy? ¿Que eres tu? Quiero explicaciones... ¡ya!- Me estaba poniendo muy nervioso dado que ya estaba crispado por tantos acontecimientos hoy.
Ella no se movió, ni siquiera dijo nada. Me fije en la base de su pequeño cajón que ponía - "El movimiento es lenguaje, el dinero sólo algo efímero, que más le da echar unas monedas para reencontrarse con su alma".
No entendía para nada la inscripción. Miré cuantas moneda me quedaban en el bolsillo y todavía había unas cuantas, así que puesto que no tenía nada que perder, eché otra moneda al cajón metálico, de forma que su ruido llegará a toda la cubierta.
- ¡Satisfecha! - Grité a la figura inmóvil que todavía no se había movido.
Ella empezó a danzar con los brazos, juntando sus dedos gordos con los del corazón y empezando con mucha belleza una danza exótica, arábica o asiática, no sabría diferenciar. Su cintura empezó a contonearse con rapidez y su cabeza fija en mi. Si hubiera visto sus ojos hubiera dicho que su mirada se clavaba en mi. Bajaba y subía con un seducción cada vez más deseosa. Noté mi cuerpo balancearse, cada vez más rápido, a su ritmo, que aceleraba de manera casi inimaginable. Mis articulaciones empezaron a resentirse, me dolía, no podía parar.
- ¡Libérame! ¡Basta! ¡Me vas a partir la espalda!- Escuché por primera vez a aquella figura, una risa que erizó mi cabello.
- Que pasa nene. ¿Ya no te parece divertido?- Pare en seco. Me dolía todo.
- ¿Qué es este lugar? ¿Qué quieres de mi? - Pregunté mientras mis brazos y mi cuerpo se sentían muy pesados.
- Este lugar es tu infancia, tu imaginación más pura, un barco a merced del mar.¿Quizá soñabas con ser pirata? ¿Marinero al servicio de su majestad Alfonso XVII? Bueno, lo que quiero es muy simple. Quiero que mires tu cintura.- Dijo ella inmóvil en posición de la danza que había mantenido. Miré mi cintura y vi una bolsa marrón cordada a mi cinturón.
- ¿Qué es esto?- Toque la bolsa y parecía que había monedas en su interior.
- Lo que hay son monedas de oro. Precio que tiene tu alma. Quiero que las lances una por una a la caja y yo animaré tu fantasía donde serás feliz o puedes elegir estar en otro lugar que esté almacenado en tus fantasías, tu eliges. Dame lo que vale tu alma. - Dijo ella mientras seguía inmóvil.
- ¿Para que quieres que te de lo que yo valgo, mi vida a fin de cuentas? De todas maneras me la arrebatas ya que me preparas una cárcel adornada. ¿Qué eres?- Mientras intentaba acercarme a ella pero mi cuerpo cuando quería mandar sobre él para que se abalanzara contra la figura se ponía más pesado.
- Quiero las monedas de tu alma porque me servirá para comprar mi libertad. Ya no seré como una muñeca en una caja de música. Creo que cumplí mi castigo pero necesito recaudar el dinero para él. Yo era admirada por reyes, emperadores, por cualquier hombre que hubiera podido verme bailar en los salones del palacio del emperador Mejmet II. Me condenó él mismo por amar a un hombre sin posición. Un alfarero que fue para mi la única vez que alguien me hizo sonreír sin yo fingir mis encantos. Fui suya y pagué durante siglos por ello. Ahora soy una recaudadora para él, la sombra mayor de todas, él tiene control sobre las almas que perdieron sus monedas para sólo verme danzar. Soy una muñeca nada más que dejó de ser la mujer más codiciada de los hombres. Empieza a tirar monedas...- Terminó con voz de rabia.
- ¿Y si me niego? Pregunté.
- ¿Tienes prisa? Yo no. Puedo ver como te quedas inmóvil y mueres en cuestión de días deshidratado y desnutrido. Tu decides. - Dijo la figura.
- No tengo elección por lo que veo.- Saqué la primera moneda de la bolsa y mi cuerpo se liberó un poco de aquella extraña sensación de pesadez.
Tiré la primera moneda y la figura empezó a danzar y a gemir de placer. Tiré la segunda y sus gemidos se pronunciaron mas intensos.
- Tira más...- Dijo la figura. Yo Cogí otra moneda y pensé.
- Tira otra... no tienes elección - Dijo la figura.
En un impulso muy forzoso di una patada a la caja metálica desparramando una gran número de monedas por la cubierta.
- ¡No! ¡Que has hecho maldito! ¡Recógelas! ¡Morirás, lo prometo! - Dijo ella mientras se quedó de nuevo inmóvil.
- No lo dudo, no obstante, tu tampoco podrás recogerlas. Perdemos los dos. - Dije, mientras Cogía dos monedas y me las metí otra vez en la bolsa.
- ¿Qué quieres? Recógeme las monedas.- Dijo ella gritando.
- Quiero que me liberes y no quiero volver a verte nunca. Y si rompes nuestro acuerdo juro que las lanzaré al mar.- Dije desafiante.
- Hecho. Pero recógelas todas, te lo suplico. - Dijo ella inmóvil.
Recogí todas las monedas del suelo y las metí otra vez en la caja. Me acerqué a ella y dije:
- bien ya las tienes todas, ahora libérame.- Dicho esto aparecí otra vez en la calle solo, ella había desaparecido y en mi cintura ya no había la bolsa. Instintivamente me di unos golpecitos en el pecho y seguí mi camino. A los lejos vi una figura encima de un cajón y corrí hacia la otra acera...
Seguía, ya de noche por la calle. La suciedad parecía que disminuía a mi paso. Tocaron mi espalda, me giré y vi a una dama con sombrero y capa negra.
- Si, dígame señora.- Dije yo cortésmente.
- ¿Por cuanto me venderías un litro de tu caliente sangre?

(continuará)

23.2.09

Valle de caídos 2


Valle de caídos parte 2

La locura del la cafetería "Le petit chavalier" ya estaba durando demasiado y mi brazo estaba siendo sujetado por un loco camarero de una cafetería donde la sugerencia era la locura.
- ¡Suelte mi brazo ahora mismo! ¡Llamaré a la policía! - Dije yo intentándome liberar.
- Llamémosla pues, no tengo ningún inconveniente.- Dijo el camarero mientras cogía su móvil. - Policía, buenas tardes tengo un cliente que no quiere pagarme una consumición en una cafetería y necesito que me envíen a alguien.... cafetería "le petit chavalier".... exacto por el precio de medio billete.... no me digan que tiene cosas más importantes que hacer.... escuche señor yo estoy perfectamente cuerdo.... no hace falta que me recuerde eso.... bien pues le cobraré dos euros con cincuenta no hacía falta que me dijera eso.... no van a cerrar esta cafetería.... adiós.- El camarero estampo su móvil contra la pared haciéndose trozos. Yo me fui corriendo de ahí y escuché tras de mi a él gritar.

Calle abajo y sobresaltado llegué a una plaza donde jugaban unos niños. Eran tres pequeños que jugaban con peonzas y había un hombre sucio con un saco sentado en un banco mirándolos. Me recordó a los cuentos que me contaba mi madre sobre el hombre del saco.

- Esa peonza ha salido del circulo. Has perdido. Dame la peonza. Es mi peonza. - Gritó uno de los niños.
- No te voy a dar tu peonza idiota. Has hecho trampa. - Gritó otro niño.
El tercer niño estaba mirando atentamente a los otros dos niños y en una momento en que ellos empezaron a pelearse, él cogió la dos peonzas y arrancó a correr. El hombre del saco se incorporó a toda prisa y abrió su saco interceptando con él al niño que corría. La obertura del saco se hizo inmensa y el niño desapareció en él.
- ¡Eh! ¡Que está haciendo! - Grité al hombre del saco.
El hombre se sentó con toda la tranquilidad del mundo y siguió mirando como los dos pequeños se estaban peleando. Yo corrí hacia él y me puse delante suya.
- ¿Donde está el niño? - Grité yo.
- ¿Qué niño señor? - Dijo el hombre.
- El que ha metido en su saco. - Respondí yo apretando los dientes.
El hombre carcajeo. - Pero si el saco está vacío. ¿No lo ve? - El hombre abrió el saco delante mía y en verdad estaba vacío.
- Pero si yo lo he visto con mis propios ojos. No es posible. - Dije yo.
- Mire, coja el saco para convencerse usted mismo.- Dijo el hombre dándome el saco.
Cogí el saco que era muy grande y lo palpe entero. Me agaché para extenderlo y cuando lo hice me pegaron una pata y mi cabeza entró por la abertura del saco. Miré a mi espalda y vi como la luz desaparecía. Estaba de pie a oscuras, mi mente no entendía porque estaba en un sitio donde no se veía y palpaba nada si me empujaron al interior de un saco. Miré a la izquierda y vi una tenue luz. me dirigí hacia ella en busca de orientarme con algo. El sitio estaba con una absoluta oscuridad, cuando llegué a la pequeña luz vi que era un farolillo encendido que alumbraba un caminito hacia una casa de aperos. ¿Pero que era lo que pasaba hoy? Seguí el caminito hasta llegar a la casa y escuche llantos de niños que provenían del interior.
- Hay alguien ahí... - Grité a la puerta de la casa. La puerta estaba medio podrida y era de madera como el resto de la casita. La puerta se abrió. Era un anciano con los dientes negros y mirada muy triste.
- ¿Quién eres tu? Eres un adulto.- Dijo el anciano con voz entrecortada.
- Si, yo no se donde estoy, parecerá una locura pero lo último que recuerdo es que alguien me empujo dentro de un saco.- Dije yo intentando ver el interior de la casa. Creí ver que estaba concurrida por varios ancianos y niños.
- Él nunca coge adultos. Sólo niños. ¿Has venido a rescatarnos?- Dijo el anciano con lágrima en los ojos. - Hecho mucho de menos a mi madre, estará preocupada, es hora de cenar y yo no estoy en casa.- Se cogió la cara con las dos manos.
- Pues la verdad no se donde estoy. Y tampoco se si pensar que en realidad existe el hombre del saco pero no se que explicación dar a todo esto.- Dije mientras miraba el móvil que tenía en el bolsillo. Estaba fuera de cobertura y la pantalla oscilaba como si fueran interferencias.
Cuando entré en aquella casita de madera vi que sólo era una sola estancia, repleta de personas, ancianos y niños que lloraban y sollozaban lentamente. Algunos de ellos estaban inconscientes en el suelo.
Me giré hacia el anciano que me abrió la puerta y le dije. - ¿Hay alguna salida?
- No hay salida posible, sólo esta casa, muchos de nosotros lo intentamos y no han vuelto. No vuelven, se quedan perdidos en la oscuridad. - Dijo el anciano mientras se le resbalaban lágrimas.
- Deberíamos hacer un gran fuego, así los que se han perdido podrían encontrar el camino de vuelta.- Acabado de decir esto todos se pusieron en pie y al unísono dijeron. - No tenemos nada para prender fuego.-
Yo de mi bolsillo saqué un mechero y todos sonrieron al verlo. Pronto muchos de ellos niños y ancianos arrancaron maderas y las sacaron fuera para hacer una gran pila de madera. Yo encontré un par de trapos sucios y los puse en la base de la pila. Encendí el mechero y al cabo de un rato se prendió fuego. La luz iluminó con fuerza el lugar, casi sin horizonte cuando miré al techo vi unos grandes pliegues como si de tela se trataran. - Que cielo más raro.- Entonces vimos como poco a poco la llama de la hoguera creció en un pequeño hilo de fuego hacia arriba y abrió un agujero incandescente en el cielo, pero no era el cielo sino...- ¡Estamos quemando el saco! - Todos gritaron de terror y yo cerré los ojos preguntándome que es lo que había hecho, íbamos a morir quemados. Pronto noté frescor en mi cara como si de una brisa de esperanza se tratara. Abrí los ojos lentamente y vi que estaba en el parque y en él estaba lleno de niños que jugaban, algunos a la peonza, otros al escondite, y otros se peleaban por unas canicas. ¿Un sueño muy real quizá? Seguí caminando como si no hubiera pasado nada.

Me metí por una calle estrecha y caminé entre montones de basura. Al final de la calle vi que estaba cortada y una chica de pie fumando en una entrada.
- ¡Oye! Tu, ven. - Me dijo la chica mientras me miraba soltando una bocanada de humo al aire. Yo me señalé a mi para cerciorarme de que me llamaba a mi.
- Si, tu ven. Acércate.- Dijo ella sonriendo.
Me acerqué hasta donde estaba ella.
- Dígame señorita. - Dije yo cortés.
- ¿Quieres pasar un rato conmigo? - Dijo ella muy dulcemente.
- No, señorita, yo simplemente pasaba por aquí. - Dije yo sonrojado.
- No te saldrá caro, te lo aseguro. Además puede ser la experiencia de tu vida. - Dijo ella.
- No me interesa comprar sexo, señorita, lo lamento.- Dije yo mirando a ambos lados.
- No vendo sexo chico, sólo amor durante un rato.- Dijo ella.
- No dudo que no ponga amor en lo que hace pero no me interesa.- Dije yo intentando irme con varios pasos hacia atrás.
- No lo entiendes chico. Te lo enseñaré.- Dijo ella mientras sacaba algo de su bolso.
Sacó una gran esfera roja que brillaba con algún tipo de luz y la extendió con ambas manos.
- Tocando esta bola, sentirás más amor del que nunca pudiste soñar. Toda una vida de amor mutuo en solo un rato. ¿Quieres probar? - Dijo ella mientras la bola brilló con más intensidad.
- La verdad es que no entiendo nada de lo que me estás diciendo.- Dije yo dando otro paso hacia atrás. Ahora estaba asustado.
- Veo que eres tímido. Lo arreglaré...- Dicho esto me lanzó la bola y yo por algún tipo de reflejo la enganché en el aire.
Estaba en un cine a oscuras mientras me besaba con pasión con ella. Me sentí bien, pletórico, la amaba, le decía te quiero una y otra vez mientras no dejaba de saborear sus labios. En un momento me vi durmiendo con ella acariciando su pelo mientras ella dormía abrazada a mi. En otro instante, me vi en una iglesia, me miré y estaba vestido con un traje muy elegante, ella estaba a mi lado vestida de novia...- Si, quiero.- Dije con total seguridad y lleno de amor. En otro instante me vi las manos arrugadas y ella preparándome té, yo le cogía las manos y la miré a los ojos, ella era anciana y sentí más amor todavía repitiendo mientras la besaba - Si quiero...-
Estaba en el suelo de aquella calle, casi sin aliento, y la bola tirada en el suelo, sin ningún tipo de luz. Yo me sentía triste y desconsolado, lloré como un niño. Ella estaba de pie delante mía con otra bola de color azul eléctrico delante mía...
- ¿Qué me has hecho?- Dije yo casi sin poder articular las palabras.
(Continuará)

18.2.09

Valle de caidos parte I


Anduve por la avenida, tranquilo, casi pendiente de mis zapatos. La acera me contaba su plena historia. Botellas de alcohol, pañuelos, paquetes vacíos de cigarrillos y un gris que ni se inmutaba por todo aquello. Me acerqué a un escaparate de una tienda cerrada, era de zapatos, había todo tipo de ellos. Al lado mío había un hombre de mediana estatura con una americana a cuadros que miraba unos zapatos de mujer muy concentrada y con aspecto serio.

- Mi mujer tenía unos zapatos como esos. Se los ponía a menudo para dar largos paseos cogida de mi brazo. Todavía veo su sonrisa y su pelo que apartaba yo de su cara con lentitud. - Dijo el hombre mientras cogía aire profundamente.
- Lo siento. Debió ser duro perder a su mujer. - Dije yo girando con timidez la cabeza hacia él.
- No la perdí, sólo quedamos para más tarde, estoy esperando a que abran esta tienda para comprarle unos zapatos como esos. - Dijo él mientras le brotaban alguna que otra lágrima de los ojos.
- Lo siento. Creí que falleció. - Dije yo mientras ya perdí la vista del escaparate.
- ¡No está muerta! ¡Sólo quedamos para más tarde! - El hombre me cogió con las dos manos de la camiseta mientras me zarandeaba. Yo conseguí liberarme de su ataque y corrí calle abajo. Aún podía oír sus gritos.
- ¡No está muerta! ¡No está muerta! - Se quebraron los gritos cuando quebró un cristal.

Me paré en una cafetería que se llamaba "Le petit chavalier", pedí un té y el periódico. El camarero me sirvió y me trajo un periódico que estaba partido justo por la mitad, horizontalmente.
- ¿Esto es una broma? - Pregunté sorprendido mientras miré al camarero.
- Es su periódico señor. ¿Algún problema?- Contestó el camarero con toda normalidad.
- Si, que no puedo leer la mitad de un periódico, es absurdo y demencial.- Contesté yo a desdén.
- Es que así señor, sólo lo adquirimos a la mitad de su precio e intentamos dar a nuestros clientes el mismo trato. - Dijo el camarero haciendo media sonrisa.
Miré el té y descubrí que había sólo media taza con medio café dentro.
- Lo siento, no pensé que este bar fuera una atracción turística. - Contesté mientras me levantaba. - ¿Qué le debo por el té?
- Medio billete de cinco euros. - Contestó el camarero con su media sonrisa.
- Querrá decir dos euros con cincuenta. ¿Verdad?- Pregunté con las cejas arqueadas.
- No señor, ese es exactamente el precio, medio billete de cinco euros, ni un pedacito más, ni uno menos.- Contestó el camarero a media sonrisa que ya estaba poniéndome muy nervioso.
Cogí de la cartera y dejé dos euros con cincuenta en la mesa. Cuando iba a salir de ahí, el camarero me cogió con el brazo y me exigió otra vez el medio billete.
- ¡Esto es de locos! - Vociferé yo.
- Es un precio que tiene que pagar simplemente señor, y justo la mitad.- Contestó él con mi brazo en sus manos apretado con fuerza.
(Continuará)

27.4.06

01.30 AM



Después de todo este tiempo buscando un hogar apartado de la ciudad. He encontrado una casa en las afueras, apartado del bullicio y el ajetreo constante de una ciudad que no ha sabido calmar y templar mi mente. Ahora en unos días firmaré la compra de mi nuevo hogar...

- Hoy es el gran día.- Me dirijo al banco para la lectura de escritura y firma.

- ¡Buenos días señor Palau!- Me dijo Antonio, mi gestor inmobiliario al verme. – Está todo dispuesto a las nueve de la mañana. ¿Trae todos los documentos y el cheque? El vendedor, lo he comprobado, trae todos los documentos y un certificado del ayuntamiento de Llucmajor de que la propiedad está libre de cargas.

Si, no se preocupe. Está todo. Hoy mismo he contratado una empresa de mudanza para que pueda instalarme hoy mismo después de la firma. - Dije bostezando, me hacia falta café bien cargado. – Aunque señor Antonio, tengo que admitir, que no se si encontrarán, la empresa de mudanza, la casa con ese acceso tan complicado. Yo mismo podría ser que me pierda al ir. – Dije yo preocupado al acordarme del asunto.

No se preocupe señor Palau, seguro que se acordará y se acostumbrará en unos días. Los caminos son difíciles de asimilar pero un momento en que los recorremos, ya podemos hacerlo con firmeza y convicción, que el camino se hace sólo hacia nuestro punto de destino... Dijo el agente inmobiliario en un arrebato doctrinal.

Después de charlar durante un rato sobre cosas banales. Llego la hora de la firma en el banco. Una vez dentro nos condujeron hasta la cuarta planta y nos hicieron esperar en un despacho con una gran mesa oval. La moqueta desprendía un olor particular, entre polvo y algún tipo de fragancia, que por unos momentos me hizo acordarme de la muerte de mi difunto padre. Las flores de la corona olían a esta fragancia que no puedo definir exactamente. Después de algunos minutos entraron el notario, el señor Nicolas Garau y un representante del propietario, el señor Wolfgang Arthur. Yo me quedé algo extrañado. El notario pidió los motivos de la ausencia del propietario y el representante, un señor alto, demacrado e inexpresivo presentado como Hans Edgar Stiftung, sacó un papel de su porta documentos y dijo pausadamente y con una acento alemán bastante pronunciado. – El señor Wolfgang a fallecido recientemente, este documento pertenece a la señora Wolfgang única heredera de su difunto marido que me da poderes plenos como su abogado para dar validez a cualquier compra, venta u operación que preceda en nombre de los Wolfgang. – dijo sin un solo atisbo de imperfección lingüística. El notario cogió el documento y empezó a leerlo muy detenidamente. – Bien caballeros no hay ningún inconveniente en proceder con la operación, procederé a la lectura de la escritura de la propiedad. – Dijo el notario con sumo convencimiento. Después de haberse leído toda la escritura firmamos el representante de los Wolfgang y yo. Luego firmé algunos documentos de la hipoteca. – Bien señor Palau aquí tiene las llaves de su nueva propiedad... – Dijo el representante de los Wolfgang después de haberme entregado un basto manojo de llaves.

Me dirigía en mi coche hacia Llucmajor con algunas compras que había realizado antes de ir a la casa que seguramente estaría todo dispuesto cuando yo llegase ahí. Los de la mudanza habrían descargado todo y habrían dejado la otra copia de la llave encima de la repisa de la puerta. Pero yo no dejaba de pensar en la cantidad de llaves que me había entregado el señor Stiftung, abogado de los Wolfgang. Pero pronto descubriría el porque de todas esas llaves, mi memoria recuerda algunas puertas y algunos trasteros superiores, así como del garaje y caseta de las herramientas. Me acuerdo de las estatuas de la entrada, impolutas, imperecederas... El lugar era extenso, más de 5000 metros cuadrados de bosque rodeaban toda la casa y estaba aislada de unos pocos vecinos. Había tres grandes estancias, dos dormitorios grandes, dos aseos y un gran cuarto de baño. El jardín con las estatuas griegas era aproximadamente de 100 metros de largo y una fuente en el centro que era un busto de Neptuno sacando agua por la boca. La cocina era algo pequeña y daba al uno de las estancias, en forma de barra americana, pero muy vistosa. Cuando era pequeño me encantaba pasear por caminos rodeados de árboles. Me acuerdo que mi padre siempre decía que si ponías la suficiente atención, los árboles te contaban historias sobre duendes y hadas. Yo apreciaba mucho a mi padre, pero le gustaba demasiado jugar con la imaginación de mi sensible compresión, era un niño adulto que pretendía ser el enano de la película ‘laberinto’, aquella que protagonizó David Bowie.

La noche estaba cayendo ya en el horizonte y tenía que darme algo de prisa si no quería entrar ya a oscuras por esos caminos sin iluminar que son característicos de las viviendas rurales. Atascado en un denso tráfico me limitaba a tener paciencia y escuchar por la radio un debate que trataba sobre la consciencia del sueño.
‘los sueños son la potencia máxima de nuestra psique, para bien o para mal. Las pesadillas reflejan nuestros miedos y los sueños placenteros son nuestras perspectivas e ilusiones. Podemos tomar plena consciencia de ello y actuar como en un filme diseñado expresamente para nosotros’ – dijeron en la radio, un tal profesor Pau Bonet Mata.
‘Pero tiene que tener en cuenta que llegar a ese punto de consciencia es prácticamente imposible........’ – dijo una voz que no acabe de reconocer y corte inmediatamente para cambiar la emisora.

Los coches que tenía delante, parados, inamovibles daban un espectáculo de luces rojas en las que yo centré mi atención por un momento , olvidando por completo la realidad de que estaba atrapado en una larga cola de metal rugiente. Después de mi trance óptico pensé en que la casa tenía todo aquello que soñaba, la soledad, la majestuosidad de aquel jardín extrañamente decorado y el recorrido de un denso follaje de árboles, que despertaban en mi un raro flasback infantil.

Al llegar a Llucmajor tuve que tomar un desvío que me adentraba por el paso de una urbanización y después sólo la carretera estrecha que me atrapaba en la caída de la noche. No podía llegar ya antes de la caída del alba. El coche se movía y saltaba constantemente y yo estaba perdiendo mi orientación a medida que la oscuridad se hacía por momentos más evidente. Paro y miro un pequeño mapa que me había dibujado a través de mis visitas a la propiedad. Después de un rato consigo orientarme y llego al camino particular de la finca. Con las luces largas del coche no consigo ver el final del camino y ni tan siquiera rastro alguno de la casa… Paro otra vez el coche y mi consternación se hace evidente al salir y pegar varias patadas a la llanta del coche. – ¡Me he vuelto a perder por este sitio de mierda! ¡Joder, espero que los de la mudanza hayan hecho su trabajo…! – Dije en voz alta y muy alterada. Después de dar un par de pasos y respirar hondo cojo otra vez el mapa, por unos momentos creo oír un ruido de follaje cerca de mi coche… Me tranquilizo diciéndome a mi mismo que tan solo es la oscuridad y el silencio que hace resaltar cualquier sonido provocado por el aire. Miro otra vez el mapa y me hago un dibujo mental de por donde habría seguido mi extraviada ruta… Oigo el mismo sonido pero con más agitación… Dejo el mapa y miro a mi lado. Por momentos creo ver una silueta muy pequeña que se adentra en el follaje dando zancadas muy cortas, en esos momentos pongo en marcha el coche y sigo hacia delante. Después de unos metros veo que el camino no tiene salida y que extrañamente acaba en un torrente, pero antepuesto a él hay un trozo de pared con una puerta de madera bastante deteriorada… Me río sin parar cuando salgo de mi asombro e intento dar la vuelta al coche en ese camino tan estrecho. Sigo hacia atrás y pensando en volver a lo que yo creo que es el camino principal, quizá más hacia delante esté el camino correcto, pero en un momento por un reflejo inmediato freno el coche al ver un niño en medio del camino. La sacudida de la frenada me deja desorientado y cuando centro mi vista hacia delante no veo nada… - Estoy muy cansado o realmente la negritud absoluta hace ver visiones… - digo yo muy pausadamente. Por fin salgo de ese camino y llego al principal, sigo hacia adelante un rato y efectivamente hay otro camino particular. Giro y mis faros alumbran una casa a lo lejos, consigo identificarla por el jardín y sobretodo por la fuente de Neptuno que majestuoso su bulto descansa en su adornado lecho de piedra. Sigo hacia delante despacio siguiendo un camino muy estrecho que roza mi coche con la maleza. Llego a la casa y bajo del coche girando levemente la cabeza hacia todas las bolsas y maletas en la parte posterior del coche. Con un leve suspiro y cogiendo el manojo de llaves llego hasta la puerta principal. Estoy muy cansado maña será otro día – Dije en voz alta. Cuando crucé la puerta pude ver como habían dejado los muebles en la gran estancia principal. Espero que al menos la cama la hayan dejado en el dormitorio – dije pausadamente. Me dirigí con torpeza al dormitorio y encontré la cama con el colchón puesto encima. No pude resistirme estaba muy cansado…

Un paseo por el bosque con papa de noche, pero papa no me espera sigue hacia delante con un paso firme y casi ni puedo seguirlo mis piernas me pesan, me pesan mucho. ¡Papa! ¡Papa! ¡Espérame… casi no puedo seguirte! Papa se detiene pero cuando llego no es mi padre es una silueta negra, completamente negra. Me asusto… estoy muy asustado.. sácame de aquí, no quiero estar más aquí… tengo miedo, frío, sueño…

¡Dios mi cabeza! – dije bostezando. Que frío hace en esta habitación. Abro los ojos en despereza. ¡Pero que coño! Estoy en un banco de piedra frente a la fuente de Neptuno. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Abre andado en sueños? Sería la primera vez… - Mi cuerpo tiritaba y decía todo esto mientras intentaba que mi mente se centrara porque mi cuerpo estaba muy pesado, seguía agotado. De repente, pude ver una luz por la ventana de la casa. Rápidamente corrí la distancia entre la fuente y la casa. Entre por la puerta principal y vi a alguien sentado en uno de los sillones que estaban orientados hacia la ventana. Me acerqué para ver quien era. ¡Oiga! ¡que hace en mi casa! La figura se levantó… era completamente negra como una sombra… me quedé inmóvil incapaz de comprende aquella visión señalo una caja que había en una de las mesas y desapareció como si nunca hubiera estado ahí. Me acerqué a la caja y la abrí sin dilación. Encontré un reloj antiguo. ¡Esto no es mío! – dije en voz alta. Me fije que el reloj marcada la una y media. Constaté la hora con mi reloj de muñeca y efectivamente eran la una y media de la madrugada. En el aire, y de repente, escuche una voz que decía: Busca en los segundos muertos… Me estremecí y noté todo el vello del cuerpo que se me erizaba. Nunca había sentido nada así. Me sentí como un niño asustado en la oscuridad.
A la mañana siguiente y después de haber dormido en el sillón con una botella de bourbon en mis manos por unos momentos sentí el mismo escalofrío que sentí al ver aquella sombra. Algo muy familiar me estremeció pero después de mezclar el resto del bourbon con café todo fue colocándose en una lógica más calmada. Seguramente tuve uno de esos sueños muy que parecen muy reales, ¿creo que ayer escuche algo de eso en alguna parte? No se, será mejor que me ponga en marcha y empieza a desempaquetar cosas y a colocar muebles. Me pase casi toda la parte de la mañana limpiando para poder colocar los muebles en su sitio. Comí algo de pasta con una salsa preconizada y después durante toda la tarde estuve desempaquetando y colocando cosas en su sitio. Ya cuando cayó la noche me senté por un momento y descansé después del día que tuve. Me preparé un té y me hice algo de cena, una ensalada con un poco de pollo. Después me encendí la chimenea de mi nueva casa y me puse a leer un libro. Por un momento suspiré y disfruté de aquella paz que tanto ansiaba. Al poco de una hora sonó el teléfono de casa.
- Que raro... Me dijeron que tardarían días en instalar la línea y sólo tienen este número dos personas. La compañía y mi empresa. Quizá sea la compañía para avisarme de la puesta en alta de la línea. ¿Pero no es un poco tarde?. Miré el reloj y eran la una y media de la noche. Se ve que me había quedado absorto con el libro. Cogí el teléfono.

- ¿Dígame? - sólo oí el silencio y una voz muy tenue al fondo del sonido después acompañada de ruido de sin señal, como si fuera una radio.

- El tiempo... shhhhhh... no vuelve... shhhhh... atrás...shhhhh hijo mira afuera... shhhh jardín... – Solté el teléfono al suelo y me fui hacia la ventana.

Había cerca de la fuente aquella sombra negra de un hombre. – ¡No fue un sueño! – Me hacía señas para que le siguiera. Cogí el atizador de chimenea y salí a su encuentro. Cuando estaba fuera aquella figura seguí haciendo gestos con los brazos para que lo siguiera. De repente me quemé la mano en la cual llevaba el atizador, estaba al rojo vivo. – ¡Pero que está pasando! – La sombra empezó a caminar hacia el bosque y yo la seguí pero son acercarme demasiado. Había algo muy familiar en el movimiento suyo. Pero cada vez que intentaba pensar en ello me dolía más y más la cabeza. De repente se paró y se giró hacia mi. Me señaló el suelo y se desvaneció. Yo me acerqué hacia donde aquella cosa había señalado y vi en el suelo un pequeño reloj de bolsillo. – ¡No puede ser! – Recogí el reloj y leí la inscripción que tenía detrás – Al mejor Padre y esposo que haya podido dar tanta felicidad. Vivirás más allá del tiempo... – Lloré como hacia tiempo desde la muerte de mi padre. - ¡Quién coño hace esto! ¡No tiene gracia! – Ese reloj era el cual mi padre atesoraba y lo enterraron con él. Me arrodillé al suelo. Mi cabeza estaba confundida. Mi mano sangra por haber apretado mucho el reloj en la palma de mi mano. Apareció delante de mí la misma sombra de antes y con la voz de mi padre lloré aún más. – Debes coger la piedra así... y golpeas con el martillo justo en el centro... – La sombra se desvaneció y apareció la figura de mi padre. Al lado de él un niño... aquel mismo niño de la otra noche... pero un momento... aquel niño era yo...

- ¿Lo hago bien papa? – Dijo el niño.

- Si pero debes coger el martillo firme – Dijo mi padre mientras miraba su reloj de bolsillo.

- Mamá te escribió eso en el reloj cuando era jóvenes, cuando me preparaba para nacer como me dijisteis.- dijo el niño.
- Si hijo mío un trozo de verso que me escribió tu madre antes de que tu nacieras. Este reloj me protegerá del tiempo y siempre estaremos juntos.- dijo mi padre.

Mi padre al acabar de decir esto al niño se cogió el pecho y el niño zarandeó a su padre que yacía en el suelo. Después de eso la imagen fue dentro del hospital. Mi madre agarrándome y llorando con el reloj de mi padre en sus manos y me gritaba que el reloj se había detenido.

Yo estaba en el suelo de ese bosque llorando y con nauseas y por un momento miré el reloj que tenía en las manos. Estaba detenido a la una y media... y parado para siempre...


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12.4.06

Mare Noctem



- El cielo se oscurece como los sentimientos de una persona en cualquier solitaria barra de bar. Los camareros limpian y ordenan la barra y una chiquita entra a última hora para poder utilizar el servicio del lugar.
- ¿Va a querer algo más señor? Vamos a cerrar dentro de unos instantes - se dirigía hacia un camarero muy educadamente.
- No, al menos, hoy ya no. Cóbrese y quédese con la vuelta.- dije yo cabeza abajo.

Salí del lugar tan rápido como pude ya que mi cabeza se percato ser cómplice de algunas miradas del bar. No se a donde ir. Todas las calles de noche guardan un semblante imperecedero que mire allá donde mire siempre veo lo mismo pero con diferente forma... Siempre lo mismo y su cara también me aguarda ahí donde vaya. Llorar esta noche sería un gran alivio pero ya las lágrimas no saldrán más porque muerta mi cordura sólo soy un trozo de carne errante que huye de su cara...

Camino por diferentes lugares de esta ciudad, incluidos están algunos pasillos de mi mente que no deja el tormento de mi tragedia... Si pudiera descansar...

Hace un año que la conocí. Yo un pobre infeliz que trabajaba en un hostal donde la gente iba y venía, pero ella deslumbró con su mirada el lugar deslumbro mi alma y quise por un momento acercarme tanto como pude para llegar a olerla.

¡Buenos días chico! Tienes alguna habitación para una semana - Dijo ella muy jovial. Su cuerpo era esbelto y ella no era muy alta. Pelo negro y ojos oscuros con un enigma que tenía que ser mío.

Si, tenemos habitaciones señorita. Una semana piensa quedarse, no es ningún problema. Deberá dejar su documentación y dejar un pequeño deposito al firmar este documento - Dije yo sin poder de dejar de deslumbrarme con sus ojos.

Muy bien. Pues si me permite su equipaje la subiré a su habitación, perdón, digo subiré su equipaje... - Dije a trabalenguas por la torpeza de lo que dije aunque lo pensara.

Ella río y se acercó más a mi. - Crees que podrías llevarme tu sólo hasta ahí arriba.- Volvió a reir - Sería muy interesante, ¿como te llamas? - Dijo con una sonrisa y una cara de pícara que hacía que todavía la deseara más.

Me.. me llamo Mario... - Era evidente que ella había causado una gran impresión en mi, porque yo no dejaba de acariciarla en mi mente.

- Muy bien Mario. Yo me llamo Leire y si no estás muy ocupado me encantaría tomar una copa contigo esta noche. Ya que he venido a esta isla por trabajo y no conozco a nadie. ¿Te gusta el plan?- Dijo ella mientras se mordía levemente el labio inferior.

- Pues me gustaría mucho.- El color rojizo de sus mejillas me ardia en mis propias, me ardía la cara y me faltaba la respiración.

En esa noche tomamos muchas copas en uno de los bares más escondidos de la ciudad.

- No hay nada más fuerte que pueda hacer mella en mi...- Dijo mientras se ponía de pie y se movía al ritmo de la música. Parecía una serpiente que me tenía hipnotizado. Yo le pedí al camarero una botella de absinthe y solté una gran propina para aderezarla con ajenjo. - Busquemos juntos al hada verde le dije yo mientras cogía su mano... ella me sonrío, bebimos reimos y en su cama me hizo suyo durante toda la noche...

Durante aquella semana fui muy feliz. Empezamos a charlar de nuestras inquietudes y de derribar mi coraza ante ella, extendiéndole una alfombra de seda negra para hacerle la idea de entrar más apetecible y entró en mi para destruir todo aquello que formaba parte de mi fuerza, mi ilusión y mi creencia en el amor que había despertado con ella.

Después de aquella semana se quedó la siguiente y la siguiente porque según me dijo su empresa deseaba destinarla aquí para abrir una oficinas en la isla. Ella trabajaba para un bufete de abogados pero era un especie de secretaria. Le dije de vivir juntos,. Ella aceptó. Para mi desgracia.
Toda aquella pasión se disipaba a pasos agigantados durante los meses qe pasaron. Yo le pedía si todavía ella me quería y ella me contestaba que a veces creía que ella no podía amar a nadie y mi deseo se volvía tormento, ignorancia y locura. Un día llegue a casa después de trabajar, como siempre muy tarde por la noche y me alegraba porque Leire y yo volvíamos a estar mejor. Salí algo más temprano y tenía reserva en un caro restaurante de la ciudad. Cuando cruzaba la puerta de mi casa con un ramo de rosas en la mano encontré a Leire follando con otro en la sala de estar con una correa en el cuello y un hombre que no conocía que la estiraba de la correa por detrás como si fuera una perra. - ¡Pero que coño está pasando aqui! - Dije yo chillando de rabia. Para no cometer una locura apreté en mis manos el ramo de rosas y poco a poco noté brotando mi sangre por mis manos... Salí de ahí.

Todavía no he vuelto a mi casa y ahora vago todavía por las calles escapando de su rostro pero me persigue. Estoy enamorado de ella pero no para volver a ver esos ojos de burla cuando los vi ahí en el salón.
Antes de que pudiera llegar al bar más cercano me llamó a mi móvil.
Descolgué apretando el aparato. - ¡Como cojones has podido hacerme esto! ¡ Yo te quería! ¡Estaba enamorado de ti! - Dije a voces. - ¡Pshh! Escucha bien Mario. Ya te dije un día que no te enamoraras de mi. No soy nada de lo que tu querías. Durante todo este tiempo que hemos estado juntos te he engañado con varios hombres. Hombres de la peor calaña que pueda existir porque tu Mario me aborreces me haces ver lo que soy y eso no me gusta. Pero cuando estoy dejándome poseer una y otra vez por algunos de estos hombres que conozco en los peores lugares de tu ciudad me hace sentir que no soy tan mala como me siento contigo pero ahora otra vez me haces sentir así... Adiós Mario...

Después de esa llamada busque en los brazos de mis antiguos demonios una respuesta a todo un transcurso de mi vida que no entendía. Nunca antes me había enamorado como esta vez y en otras ocasiones mi apego no era tan grande pero acaban por hacerme siempre daño... Leire tenía razón soy demasiado bueno... Soy un lastre para cualquier mujer...

Mis pasos me llevaron como un lobo herido languideciendo y buscando un lugar tranquilo donde quizá no muriera pero pudiera llorar en paz. Estaba creo que en el puerto y baje por una escalerilla de piedra hasta un pequeña caleta de arena. El mar se movía muy alborotado yo me senté apoyado en las rocas y dejé que el alcohol me poseyera del todo... estaba cansado.. estaba bajo en influjo de algo que poco a poco me iva envenenando el corazón, un veneno con nombre de mujer, un veneno con el brillo de esos ojos, un veneno al recuerdo amargo del sabor de unos labios... ¡Leire arde en el infierno! Pero bésame una vez más...aunque sea en un tiempo de sueño...

¡Despierta Mario! - Una voz de mujer que no reconocía.
¡Despierta dormilón! - Una voz de mujer que no podía reconocer porque no podía abrir los ojos. Parecía que me había despertado de estar largo tiempo durmiendo. Mi cuerpo estaba dolorido y mi boca tenía un sabor extraño y seco. Algo o alguien me reincorporó y humedeció mis labios con algo dulce. El tacto que sentí eran unos finos brazo aunque la suavidad de ellos me hizo un estar momentáneamente muy a gusto. - ¿Quien eres? ¿Dónde estoy? - Dije con la voz muy ronca y seca.
- ¿Y tu sabes porque estas aquí? Un nombre resuena en mi cabeza. Una maldad resuena en la tuya y un amor que en rabia se ha convertido, y un no volver jamás que sello tu llave hacia este sitio.- Me dijo la voz femenina que oía porque yo todavía no podía abrir los ojos.
- ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Y pregunté cuál era tu nombre? ¿No puedo verte? - Dije mientras batía las manos al encuentro del origen de esa voz.
- Tu nombre se fue revelado cuando llegaste y pronto podrás abrir los ojos. Mi nombre es luna. - Dijo Luna mientras me tocaba la mejilla.
- ¡Fuera! ¡Aparta! ¡No entiendo nada! ¡Serás alguna delincuente que se aprovecha de mi exceso con el alcohol. - Dije yo apartando su brazo y empujando a Luna mientras me ponía de pie.
Ella río con soltura. - ¡No me pareces tan débil después de todo!
Podía oír el Mar que se agitaba y el viento que rozaba mis mejillas llevaba consigo ese perfume marino con el toque de sal. Seguía en esa pequeña cala pero... ¿quien era esta chica? De repente escuché de todas partes unos sollozos de angustia y un fuerte olor a mar salada.
- ¿Que pasa? ¿Que sucede? - Dije alterado.
- Son las lágrimas del mundo humano que caen en la noche perpetua de Mare noctem. Este lugar es el final de aquellos sufrimientos que no dañan el cuerpo pero dejan una herida en el alma difícil de borrar... Aunque me sorprende verte aquí. ¡Hace tiempo que estoy sola! - Dijo luna mientras saltaba y hacia un baile algo gracioso.
- No entiendo nada. Y no puedes venirme con tal desfachatez para dar una explicación a una cosa que acaba de suceder que no es posible entender dentro de la lógica. ¿Quieres que te diga la verdad? Creo que estás flipada y que este hecho ha promovido tu fantasía sin sentido... - Dije mientras me ponía las manos en la cara y me frotaba los ojos.
- Si no me crees Mario. Tu eres el que realmente intenta dar como explicación una racionalidad inexistente. Mira por un momento a tu alrededor y despierta... - Dijo Luna mientras me tiraba agua en la cara sin ver de donde la sacaba, simplemente acarició el aire, Yo me aclaré los ojos y mire a ambos lados de mi sitio. Estaba en una playa y todavía era de noche. No había luz alguna ni siquiera la de la luna pero si que se podía ver de forma nítida todo aquello que me rodeaba, un mar infinito, a los lados una playa infinita y detrás de mí... ¡Un cristal! ¡Un cristal con forma en relieve! ¿Pero como era posible? No se podía determinar la envergadura pero realmente parecía que tampoco tenía un final. - ¿Dónde estoy?- Dije en voz alta.
- Bien, ya te lo dije. Estas en Mare Noctem. Un lugar donde vienen a parar las lágrimas imperecederas. Donde de una forma sempiterna se almacenan los sentimientos tristes para que no vuelvan a rebotar en tu mundo aunque algunas veces algunas se me escaparon... - Dijo Luna mientras mantenía un risa infantil.
- No lo entiendo. ¿Se supone que eres una diosa o una carcelera de algo que no acabo de entender? - Dije mientras mi vista noo podía apartarse de aquel cristal. Tenía formas en relieve de espirales que a veces emitían unas luces en forma de estela pero sin resplandor alguna, ¿algo eléctrico quizás?
- Bien mi pregunta no es como has conseguido llegar. Ningún humano antes había estado en este mundo. Pero tampoco era algo imposible... - Dijo Luna mientras se ponía la mano en la barbilla. Por unos momentos me fije en aquella chica. Era de baja estatura pelo lila y los labios pintados del mismo color. Era muy esbelta y de unas formas esculpidas por manos de algún artista pero lo que más me llamó la atención fueron sus ojos, o eran extremadamente claros o eran blancos con alguna tonalidad. Sus ropas era ceñidas, un jersey negro y unos pantalones también del mismo color pero estos eran anchos. Había algo raro en ella, no se que era pero me pareció que emitía algún tipo de luz pero no conseguía matizarlo bien durante mi detenimiento en ello - ¿Que miras? - Dijo Luna con la cara seria.
- Pues la verdad me preguntaba que eras tu realmente. - Dije mirándola fijamente a los ojos.
- Creía que mirar así tan fijamente era de mala educación en tu mundo. - Dijo Luna con ironía.
- ¿Que sabes de mi mundo? - Dije curioso.
- Pues todo lo relevante a mi trabajo. Todo a través de vuestras vivencias. Vuestra vida está muy relacionada con el dolor y una forma de seguir vuestra existencia es después de algo muy desgraciado ver por unos desde fuera de vuestro cuerpo. Os veis, os escucháis, os doléis y entonces intentáis aprender u os volvéis con la misma rabia hacia el mundo como hizo en su momento vuestra desgracia. Dependéis de este sitio y de mi. De lo contrario no podrías mantener ese dolor en el olvido. - Dijo ella sentada en la arena.
- No te acabo de entender Luna pero si realmente es verdad lo que cuentas de este sitio. ¿Cómo puedo llegar a salir de aquí? - Dije mientras la cogía de los hombros.
- ¡Nunca me toques sin mi permiso! Y lo que te a llevado aquí es la misma llave que tendrá que volverte a tu mundo.- Dijo muy alterada mientras de un brinco saltó hacia atrás. Estaba muy nerviosa a raiz de que la agarré de los hombros.
- Lo último que recuerdo es que estaba borracho y que desperté aquí... - Dije yo agitando las manos.
- Eres más estúpido que el motivo que te ha llevado aquí. Tu desamor fue el culpable aunque todavía no entiendo porque tanto dolor por esto... - mientras decía esto su cuerpo de difuminaba y apareció otra vez distinto... ¡Leire! Rompí a llorar. Ella me miraba y se reía como una posesa.
- Eres realmente patético. Lo que nunca te dije es que disfruté con cada hombre que me follé en tu casa. Me penetraban una y otra vez y mientras lo hacían ¿sabes lo que me gustaba más? Imaginarme la cara de estúpido que pondrías... -Dijo mientras reía de forma endiablada y se frotaba todo el cuerpo de forma lasciva y grosera. Caí al suelo y rompí a llorar como un niño y luego grité como una bestia, con la rabia de una maldad que había sido revelada ante mis ojos... - ¡Basta no puedo más! - dije mientras estaba arrodillado con las manos en la cara. Algo me tocó la espalda y la empujé muy fuerte... -¡Déjame!- Grité casi dejando me la voz...
- Sigo sin entender porque sufriste tanto por alguien así. Cálmate, era necesario que vieras la esencia real de esa mujer. - Dijo la voz de Luna mientras vi que mis lágrima hacían una línea de agua que se dirigía al mar.
- Yo tengo que ausentarme por unas horas luego volveré...- Dijo luna mientras desaparecía en el aire.
- ¡Un momento! ¡No me dejes aquí!- Dije gritando al aire. Caí otra vez y volví a llorar.

Pasó una hora mientras contemplaba el mar y oía de vez en cuando que se agitaba y de él se escuchaban llantos y lamentos. Me preguntaba como podría salir de ahí. ¿Porqué estaba en este lugar? De repente del mar salió algo. La figura de una mujer pero no era Luna. Era muy alta y tenía el pelo rubio. Estaba desnuda y era preciosa. Su pelo acariciaba unos pechos redondos sin imperfecciones y sus pezones eran rosados muy carnosos. Su cara era inexpresiva y no parecía que sus ojos se fijaran en nada en particular. Camino lentamente hacia mi. Yo sin darme cuenta avanzaba hacia ella como si de una fuerza extraña me impulsara a dar pequeños pasos hasta llegar en frente suya.
- ¿Quien eres?- Dije yo casi susurrando.
- Soy tu amor. Poséeme aquí y ahora. Ámame... - Dijo ella con una de las voces más dulces que había escuchado en mi vida.
- ¿Pero que estás diciendo? - Dije asustado aunque ella era preciosa, ahora que estaba más cerca podía contemplar aquel precioso rostro. Sus Labios eran carnosos y húmedos que invitaban a comerlos hasta que el tiempo dejara de existir.
- ¡No! ¿Estás loca? No sabes que estas diciendo... - Yo intentaba alejarme pero algo me estiraba más hacia ella. Me abrazó y me susurro al oído un te amo que hizo que me estremeciera. Cerré los ojos y notaba como sus labios se acercaban a los míos.
- ¡Nooo! ¡Fuera de mis dominios! - Era Luna que gritaba eso mientras estiraba a la mujer y la tiraba al suelo con una fuerza fuera de lo normal. La mujer se levantó y su rostro había desaparecido, no tenía rostro alguno. Se arrastró hacia atrás como un animal asustado y volvió a las aguas de las que había salido.
- ¿Quién era? - Dije muy agotado.
- Era una bestia, sólo debes saber eso. Te habría matado si no llego a estar aquí. Consume la fuerza vital de sus víctimas mediante sus ilusiones. - Dijo Luna mirando hacia aquel extraño mar.
De repente el mar se tiñó de rojo y empezaron a escucharse muchos gritos de dolor.
- ¿Que sucede ahora? - Dije alzando la voz por culpa del estruendo.
- Muchos han sucumbido a la pena de una desgracia al mismo tiempo y mi mundo se combulsionado. - Dijo Luna mientras lloraba. Le caían unas lágrimas de color rojizo muy brillante.
- ¿Estás llorando? - Pregunté yo.
- Esto no son lágrimas humanas Mario. Son las lágrimas de alguien que no llorar. Ahora Mario cuando acabe este sufrimiento deberás adentrarte en las aguas tu sólo y enfrentarte a tu desgracia. - Dijo Luna muy seria.
- ¿Eso me sacará de aquí? - Pregunté yo sorprendido.
- Debes de tener cuidado pues cruzarás unas fronteras que pueden sumergirte para siempre en tu desesperación. Toma coge esto. - Luna me estaba dando una gema de color azul con un ojo dibujado en el centro.
- Cuando llegue el momento ponte esta gema cerca de tu corazón y desea volver a tu vida. Pero no antes de haberte enfrentado a tu desgracia pero ten cuidado porque su forma puede ser algo que no desearas haber conocido... - Luna después de haber dicho esto me señalo el mar. Con la gema en la mano me adentré en las aguas y cuando me cubría la cintura me giré hacia Luna y miré por última vez su rostro. De repente algo me cogió por las piernas y cerré los ojos.

Cuando abrí los ojos estaba de pie en una gran sala oscura y una niebla ligera cubría el lugar. Algo susurraba en mis oídos un nombre que me provocaba dolor, Leire. Unos pasos pronunciados de tacón se dirigían hacia mi. Un perfume que me adormecía se respiraba en el aire, un perfume familiar.
- Hola Mario. - Dijo Leire que apareció delante de mí. Estaba con los ojos vendados con un y en sus labios había marca de pinta labios que había sido frotado. Estaba semi vestida con un traje de tela negro muy ajustado.
- ¿Que haces tu aquí? - Dije entre dientes por la rabia que me consumía.
- Bésame Mario. Ámame. Seré tuya para siempre y de nadie más. Siento lo que ha pasado. - Ella se acercaba a mi cara frotando aquellos preciosos labios en los míos. Sus manos me paseaban como serpientes por mi pecho y acabaron quitándome la cremallera de los pantalones.
- ¡Para! ¡Ya no te amo! - Dije escupiéndole en la cara. Ella con dos dedos se limpió y se los relamió.
- Yo a ti si. Y quiero que me hagas el amor ahora mismo.- Me dijo mientras se mordía los labios.
- Creía que para ti se decía follar y por nada lo haría. ¡Vete!- Le dije mientras retrocedía. Mi pecho estaba a punto de estallar y un sudor frío me hacía perder la noción sobre la realidad.
- No lo entiendes Mario. Debes tomar una decisión porque tengo algo para ti que puede hacerte decidir. - Sus manos se encogieron y se retractaron hacia su cuerpo. En su cara comenzó a ser escamosa y sus ojos se volvieron amarillos. Sus piernas se juntaron e hicieron una. ¡Una serpiente de mi tamaño! ¿Pero que estaba sucediendo?
En mis manos apareció un ramo de rosas como las que llevaba aquel día y vi mis manos que sangraban.
- Leire me enamoré de ti pero eso es algo que va a cambiar. Adiós Leire. - Mientras decía esto le lancé a la serpiente el ramo de Rosas y la serpiente se desplomó en el suelo quedando sólo el cuerpo de Leire.
- ¿La amabas mucho verdad? - Dijo el cuerpo de Leire pero no era su voz.
- Hubiera dado en su momento mi vida pero ahora sólo quiero que se marche - Dije yo.
- Para creer en lo que dices debo tener algo como testimonio. - Dijo la voz del cuerpo de Leire.
-¿Y tu que se supone que eres? - Mientras me daba unos pasos hacia atrás.
- Soy aquello que nace de tu gloria y te mata en tu desgracia - Dijo mientras se ponía de pie una mujer desnuda llevaba un símbolo dibujado en el pecho. Era una rosa cruzada por una espada.
- Quiero irme a casa y volver a empezar. Quiero luchar por recobrar mi vida. - Dije mientras me acercaba la gema al corazón.
- Dame esa gema Mario. Es mala para ti. - Dijo ella mientras me extendía su mano. Su pelo era muy largo y negro. Sus ojos eran amarillos y muy alta.
- Ven a cogerla tu misma - Me puse la gema en el pecho. - ¿No pasa nada? ¿No funciona?
- Te lo dije Mario.- Dijo ella mientras se encogía de hombros. La gema se incrustó en el pecho y sangre mucho. Caí al suelo. Y luego me volví hacia Mare Noctem para siempre.


- ¿Se encuentra bien? -Dijo un policía que bajaba la escalerilla de la cala del puerto.
- Luna me has mentido - Dijo Mario.
- Disculpe ¿Qué ha dicho? ¿Se encuentra bien? - Dijo el policía con cara de extrañado.
- ¡No Luna! ¡No perdí la gema! ¡Hice lo que me dijiste! - Dijo Mario dando manotazos y chillando.
- ¡Oiga tranquilícese! Si aquí agente 24518 he encontrado una persona en la pequeña cala de al lado del puerto de Palma y necesito una ambulancia, parece que está enajenado o drogado.

- No quiero oír más esos llantos eternamente en Mare Noctem...- Dijo Mario mientras lo metían con una camisa de fuerza en la ambulancia.

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